Un chef criollo que recomienda comida “sin tanto perendengue”. Sergio Montoya nos habla del crossfit. Una Cháchara amena e informativa.
Por Rafael Sarmiento Coley
Después de la dañina furia de la comida chatarra consumida a todo gusto por jóvenes y viejos, poco a poco ha retornado la costumbre de comer lo sano, lo nuestro.

Francisco Figueroa y Gerson Brugés fueron los primeros en inscribirse como degustadores de los platos del chef barranquillero Rafael Gutierrez.
Es lo que reafirmó el joven chef barranquillero Rafael Guerrero Acevedo en la Cháchara Radio por 94.1 Uniautónoma FM Stereo este sábado.
“La gastronomía Caribe vuelve a imponerse. Ya el buen gusto costeño se impuso por sobre los platos fuertes muy refinados, con demasiados aliños y otros aderezos con preservativos, que son muy dañinos para el organismo por lo difíciles que son para ser expulsados porque no son asimilables al metabolismo del cuerpo humano”, sostiene Guerrero Acevedo.
Tiene su fórmula secreta para preparar las riquezas de nuestro recurso marino, las carnes y la abundante verdura costeña, sana, saludable y barata.
Lo que es el Crossfit
Pero si bien es importante aprender a ingerir alimentos sanos, que sean lo menos dañinos para una buena digestión y excelentes niveles de proteínas y carbohidratos, no es meno aconsejable recurrir a métodos sencillos y poco exigentes en materia de fuerza bruta y ejercicios físicos.
Con el fin de chacharear un poco sobre la materia estuvo en el panel Sergio Montoya, quien nos explicó qué es el Crossfit.
El CrossFit es un tipo de entrenamiento compuesto por ejercicios funcionales, constantemente variados. Es un programa de fuerza y acondicionamiento físico general, cuyo objetivo es incrementar el fitness y desarrollar las capacidades y habilidades humanas: resistencia cardiovascular y respiratoria, resistencia muscular, fuerza, flexibilidad, potencia, velocidad, agilidad, coordinación , equilibrio y precisión. Exponiendo a la persona a tantos escenarios y combinaciones de movimientos como sea posible se logra una adaptación que la prepara para lo desconocido y lo poco probable.

La verdad es que Sergio Montoya, de sueter negro a la izquierda, alborotó el avispero con sus teorías sobre el CrossFit.
En realidad, el CrossFit fue perfeccionado y aplicado en sus primeros años de existencia al círculo más confiable de las tropas norteamericanas que intervinieron en distintas guerras. Fueron agentes encubiertos viviendo en una casa que era una cloaca en Soledad para desmembrar una pandilla de narcotraficantes. Troperos en la selva. Cuerpos especiales de inteligencias en las grandes ciudades. En fin. Una élite de inteligencia de las Fuerzas Militares de Estados Unidos.
Muchos jóvenes que tuvieron acceso a las tácticas y estrategias del CrossFit tomaron lo mejor del programa de alta seguridad, para aplicarlo a la medicina deportiva en la etapa de recuperación física y mental de un deportista después de la grave fractura u otro tipo de enfermedad.
Bueno, eso es lo que enseña Sergio Montoya con el apoyo de su esposa Diana De la Ossa. Por cierto, que en el panel del programa hubo tres compañeros interesados en los cursos de Montoya y hasta se inscribieron enseguida: Gerson Brugés, Valerio Hermosillo y Andrea Corro.
En cambio, Adlai Stevenson, Melissa Ochoa, Héctor Cabarcas y Francisco Figueroa Turcios aceptaron una invitación del Chef Rafael Guerrero.
La productora general y gerente de La Cháchara, Nira Figueroa Turcios; el editor general Jorge Mario Sarmiento Figueroa y el editor de redes sociales Rafael Sarmiento Figueroa se interesaron en las enseñanzas de Sergio Montoya, pero para después de Semana Santa.
El Legado de Alberto Assa
Conocimos al profesor Alberto Assa como uno de los más brillantes y consagrados educadores que han llegado a Barranquilla. Que son muchos, y han dejado también su legado, que en su momento habrá que recordar como una obligación moral e histórica.
Una anécdota curiosa con el profesor Assa. En Barranquilla y toda la Costa Caribe se le dice, con afecto, por supuesto, ‘turco’ a cuanto libanés, sirio, palestino, han llegado y viven a lo largo y ancho de nuestra región. Esa tradición desfigura una realidad. Todos los libaneses, sirios y demás inmigrantes de los países invadidos por el imperio otomano recibían el apelativo –ofensivo para ellos- de ‘turcos’, porque su pasaporte traía el sello del imperio invasor, causante de su desplazamiento allende los mares.
Pues bien. Resulta que el único turco de verdad que hubo en la Costa Caribe fue el Profesor Alberto Assa.
Ahora hablemos lo que la colega Diana Sofía Polo relata sobre el eminente educador, fallecido hace dos décadas. Por cierto, en una de sus obligantes referencias testamentarias dejó claro que su cuerpo fuera entregado a la facultad de medicina de la Universidad Libre, para que sirviera de estudio a sus estudiantes. Lo que más se ha estudiado de él es su cerebro.
Las instituciones educativas que el profesor fundó en Barranquilla cambiaron la historia de la ciudad. A 20 años de su fallecimiento, alumnos de la primera promoción del Instituto Pestalozzi, colegio que creó, reconstruyen su memoria.
“Yo llegué a Barranquilla escapado de una finca del Magdalena. Tenía 13 años y me tocó dormir en la calle. Como por esos días no tenía mucho que hacer, me leía los periódicos, y en uno de estos vi una noticia que decía que en la ciudad iban a abrir un colegio para superdotados. Yo me presenté al lugar y pasé”, recuerda César Anaya.
El colegio para superdotados al que hace referencia es el Instituto Pestalozzi, que Alberto Assa Anavi–mejor conocido como el profesor Assa–fundó en 1959, en Barranquilla, tierra que llamaba su ciudad “por adopción y afición”.
A 20 años de su fallecimiento, un día como hoy 13 de marzo, el legado de Assa sigue tan vivo, que sus primeros estudiantes hablan de él con profunda admiración.
El haber sido estudiante del Pestalozzi y haber conocido al profesor Assa durante varios años fue, según cuenta Anaya, un factor fundamental que sin lugar a dudas–expresa– modeló el ser humano que es hoy, tanto en lo personal como en lo profesional.
El impacto del plantel educativo y del hombre que fue Assa perduró en Anaya, tanto así que años después, este se convirtió en profesor de la institución “sin cobrar un peso”.
“En esa época no querían matricularme para entrar en el colegio porque no tenía a ninguno de mis acudientes conmigo. Finalmente pasé las pruebas, que eran dificilísimas, y pude entrar. Cuando el profesor Assa supo sobre mi historia de vida me empezó a dar billetes de dos pesos para que tuviera algo de dinero para comer y otras cosas, además del dinero que yo me ganaba en oficios varios”, cuenta Anaya, ingeniero químico que se dedicó parcialmente a la docencia.
Un legado que perdura
Anaya es uno de los 12 estudiantes de la primera promoción del Instituto Pestalozzi, una de las instituciones que Assa creó en Barranquilla, ciudad a la que llegó en 1952 y en donde solía caminar largos trayectos siempre vestido de blanco. Nació en Haydar Pashá, hoy Turquía, en 1909. En su país se formó con institutrices francesas y suizas, y luego como institutor en la Universidad de Hamburgo, en Alemania.
Al llegar a La Arenosa desarrolló un amor tan grande por esta ciudad, que toda su vida la dedicó a realizar grandes aportes que enriquecieron sustancialmente a su cultura, su educación y su desarrollo. Hoy en día, su huella es tan admirada como cuando vivía motivado por el cambio social, a 20 años de su fallecimiento, en marzo de 1996.
Poco después de haber llegado al país fundó el Instituto de Lenguas Modernas, plantel que sirvió de base para cinco proyectos más: la Escuela Superior de Idiomas, la Universidad Pedagógica del Caribe, el Instituto Pestalozzi, el Instituto Experimental del Atlántico, además del Concierto del Mes.
Con este último, el profesor Assa promovió por años la música clásica. El amor por los idiomas lo ponía en práctica él mismo, ya que era reconocido por ser un excelso políglota. Era un ser maravilloso. Incansable. Durante cerca de 40 años mantuvo una columna, unas veces en el desaparecido Diario del Caribe, otras en El Heraldo. El rincón de Casandra, nombre bajo el cual bautizó el espacio por medio del que compartía sus concienzudas opiniones y sus críticas demoledoras contra las malas acciones de los políticos de turno, sin meterse en camisas de once varas.
“El profesor Assa quería para nosotros una educación diferente. En la época en la que fundó el Pestalozzi no era común que hubiera colegios mixtos, pero para él debíamos formarnos hombres y mujeres, juntos y por igual. Era un concepto muy moderno, como todo lo que lo caracterizaba a él”, cuenta Alicia Miranda de Acosta, quien también perteneció a esta primera promoción de estudiantes que recibió su grado en 1965.
Miranda de Acosta reitera que los idiomas eran sumamente importantes para este educador y humanista por excelencia. Además, afirma que por su carácter, “no habría aceptado ningún tipo de homenaje en vida”.
“Teníamos clases de inglés, francés, dábamos raíces griegas, latinas, alemán, italiano, solfeo, historia de la música, deportes, era un colegio realmente diferente. Él también nos enseñó con su rectitud a ser personas honestas. Era un hombre sumamente exigente, serio, hablaba muy fuerte, su voz se escuchaba por todo el colegio. A veces le teníamos un poco de temor”, agrega Miranda de Acosta, que hoy en día es rectora de la institución educativa Jorge Isaacs, camino que escogió influenciada por el profesor Assa.
Así mismo, el actual rector del Instituto Experimental del Atlántico José Celestino Mutis, Antonio Martínez, que conoció al profesor Assa en uno de los conciertos que este organizaba en Bellas Artes, “en el año 79 u 80”, afirma que aunque este no fue su profesor, sí fue un gran maestro para su vida.
“Él me postuló como su sucesor en la rectoría del Instituto Experimental, cargo que ocupé en 1992. Él murió 4 años después. Yo sigo tratando de mantener en el colegio los principios que él me enseñó, de la rectitud y, sobre todo, de la devoción hacia el estudio”, dice Martínez.
El profesor Assa, además de haber sido un consumado educador, fue un hombre de familia. Estuvo casado con Nuria Munt de Assa, con quien tuvo dos hijos: Carlos, violinista que falleció en 1992, y Nuria Assa Munt, quien en la actualidad vive en Estados Unidos.
















