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Colombia, a ratificar ante Uruguay la evolución de su fútbol

No todos saben que Uruguay es bicampeón mundial, semifinalista en el Mundial pasado y que el estadio Maracaná es histórico porque ellos ganaron allí el título en 1950, siendo la «casa» de Brasil.

Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general

hinchas colombianosMe he visto en recuerdos en la mitad de la cancha del parque, en el que jugué mil partidos soñando con ganar un título mundial. De esos títulos con los que hoy soñamos todos los colombianos con la mente genial de James Rodríguez, con las piernas aladas de Juan Guillermo Cuadrado. Radamel Falcao lo soñó tanto que faltando apenas días para el Mundial tenía en vilo a todo el país con su rodilla rota.

Sueños de fútbol no le faltan a una nación que acaba de demostrar en estadísticas que sobrepasa a Brasil, Argentina, Alemania o Italia como la más apasionada en el deporte de once contra once correteando a un balón. Así no tengamos el camino de la legendaria Canarinha, de la Nationalmannschaft, ni de la Nazionale, ni tengamos a un Pelé o a un Maradona en nuestro equipo.

Aquí no nos vale que seamos campeones del Giro de Italia, ni que levantemos a trompadas en el cuadrilátero del boxeo global al que sea. Aquí lo que queremos es que jugador o equipo de fútbol que nos represente sean los que escriban nuestras páginas de gloria.

Por eso somos la alegría del Mundial. Por eso bailamos felices y saltamos con cada gol. Eso no nos los quita nadie.

De desconocidos al «Pibe» y compañía

Marcos Coll

Marcos Coll

Ya en Chile 1962 lo habíamos hecho con el único gol olímpico registrado en la historia del balompié orbital. Con Marcos Coll. Contra la Rusia del mítico arquero Lev Yashin, la «araña negra». Fue tan gloriosa esa selección nacional de ese entonces, que de eso vivimos veintiocho años ¡Veintiocho! Y eso que no llegamos ni a segunda ronda.

«En aquel entonces Colombia no era café, cocaína, violencia, ni nada. En el mapamundi no éramos ni un punto perdido en el océano. Un aficionado de otro país se acercó al hotel en el que estábamos alojados para preguntarnos, después del gran partido contra Rusia: ‘¿dónde queda Columbia?’ Columbia, con «u». Me tocó deletrearle el nombre del país para que supiera siquiera cómo nos llamábamos. Ese fue mi honor de representar a Colombia, porque en aquel entonces ni dinero ganábamos por ser mundialistas, ni éramos referentes de algo en el planeta», cuenta cincuenta y dos años después el legendario Marcos Coll.

Carlos Pibe Valderrama

Carlos Pibe Valderrama

En 1990 nació para el fútbol internacional la melena del Carlos «El Pibe» Valderrama, un jugador tan exquisito y claro con la pelota que hasta Lothar Matthaus, el capitán de la Selección Alemana, a la postre campeona de ese Mundial de Italia 90, salió a buscar al 10 de Colombia fuera del campo cuando este cayó golpeado en medio del partido. Lo alzó y el mundo entendió que sin ese «mono» de Pescaíto no valía la pena que el balón rodara. Hoy Matthaus hace parte de la lista de los cien mejores jugadores de la historia. Valderrama también, por el gol con su pase de iluminado en ese entonces. Y por los cinco que él y su nobleza le metieron a Argentina ante la mirada de Maradona.

La nueva generación versus la historia

Evolución del fútbol colombiano

Evolución del fútbol colombiano. Por Yoryo

Dieciséis años después de aquella generación, esta que ahora vemos derribar a Grecia, a Japón y a los elefantes de Costa de Marfil, con la trayectoria individual de James, Falcao, Cuadrado, Guarín, Aguilar, Sánchez, reescriben en una semana toda la historia de las anteriores selecciones Colombia. James Rodríguez burla cualquier armadura defensiva. Cuadrado por su punta derecha se deleita regando flores como si los más rudos contendores fueran niñas esperando amorosas sus gambetas.

Cómo no van a estar desde ya en la gloria si nunca un equipo de este país había ganado siquiera dos partidos seguidos en un Mundial. Pero es que los colombianos de veinticinco años de edad hacia abajo no tienen por qué saber siquiera que James es ya el mayor goleador de la historia mundialista de la ‘tricolor’ ¡Con solo tres goles!

Son ochenta y cuatro años de pujas en veinte mundiales. De estas citas han salido los mejores exponentes del fútbol. De Puskas y Pelé a Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Ronaldo y Zidane. Solo Brasil tiene más de doscientos goles acumulados.

Para aclarar un poco la dimensión de los mundiales respecto al historial colombiano, a la selección española, por ejemplo, los jóvenes de quince años jamás habían visto perder un campeonato. Y por eso creen que esta eliminación estruendosa es solo un traspié, un error doloroso que en cuatro años se remedia con una nueva celebración. Ignoran que fue justo esta generación «roja» de Xabi, Iniesta, Casillas, Ramos y compañía, la que sacó a España de la oscura designación de eterno equipo perdedor, que la máxima recordación que tenía, además de buenos jugadores, era un cuarto puesto en 1950. La península ibérica no había llegado a una final antes de 2010.

Uruguay

MaracanazoPara quienes no saben quién es Uruguay, ese equipo tiene dos títulos mundiales. Fue el primero en ganar un campeonato orbital, para empezar, en 1930. Y el segundo que guarda en su armario, lo ganó en 1950, cuando los brasileros construyeron el estadio Maracaná para que su Selección, considerada la favorita en ese momento, se luciera, se glorificara, se inmortalizara.

Heleno Da Freitas, uno de los jugadores míticos de la ‘Canarinha’, que jugó en sus días desquiciados en el Junior de Barranquilla, tuvo que escuchar desde un manicomio cómo el equipo caía estrepitosamente con un gol uruguayo de Alcides Ghiggia, que ratificó para siempre el honor indígena que identifica a la garra «charrúa».

Uruguay fue al Mundial hecho en Brasil en 1950 y le ganó la final al mejor equipo, al que luego se convertiría en el temor de todos, pero que siempre temería a la «celeste» uruguaya porque fue la que los venció en casa.

Uruguay ha estado en doce copas del mundo, ha llegado a dos semifinales y ha ganado dos veces el título, acaba de ser cuarto puesto en Suráfrica 2010, con su capitán  Diego Forlán siendo considerado el mejor jugador del torneo y que probablemente juegue contra Colombia al ser sancionado con nueve fechas su delantero estrella Luis Suárez, por morder a un jugador italiano en el partido anterior de primera ronda. Y es de esas selecciones a las que la garra se les pinta en el sudor de la camiseta.

El hambre de historia de Colombia

James Rodríguez, máximo goleador de Colombia en los mundiales.

James Rodríguez, máximo goleador de Colombia en los mundiales.

Por eso Colombia llega al Maracaná en octavos de final a escribir su propia historia, como la joven cenicienta que esta vez sabe que el tacón que encontró el príncipe en el palacio es el suyo y viene con ganas a reclamar su triunfo, con buen juego, con entereza, con la autoridad que le da el presente de resultados para vencer a una encopetada princesa uruguaya que lo ha ganado todo y se aferra a su palmarés para no dejarse sacar.

Los charrúas ya enviaron a su casa a dos campeones que la creyeron pequeña. Inglaterra e Italia ya pecaron por subestimarla. Colombia, con el viejo zorro José Pékerman, seguro no lo hará. «Si nosotros no hubiésemos respetado a Grecia, Costa de Marfil y a Japón, no nos hubiéramos preparado tan bien para enfrentarlos», le respondió en rueda de prensa Mario Alberto Yepes a Gabriel Meluk, editor deportivo de El Tiempo cuando este insinuó que tal vez la Selección Colombia había sobrestimado a sus contrincantes que resultaron siendo fáciles.

«Ese partido (contra Uruguay) será muy difícil. Pero todos hay que jugarlos», aseveró el técnico argentino ante la prensa, para que nosotros, los que celebramos cada paso hasta la muerte, como si ya hubiéramos hecho el camino, no nos olvidemos que para llegar a la final primero hay que jugar cada partido. «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar».

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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