Adlai Stevenson Samper, Chacharero Mayor
Perdí la cuenta las veces que he visto en concierto a Chucho Valdés. Un pianista, quién lo duda, fuera de serie. Un virtuoso de la velocidad, de los stacattos feroces y de la felonía del gato corriendo sobre las tejas, digo sobre las teclas, con una sutileza de vuelo de ingrávida mariposa. También seduce esa manera de entablar los tumbaos, los montunos con unos alardes de sabrosura que, aquí vienen los peros, quedan en simple expectativa.
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Jesús ‘Chucho’ Valdés, excelso pianista cubano, quien se presentó este miércoles en Uninorte.[/caption]
Nunca se vuelven obra notoria, apenas fragmentos de una maqueta difusamente delineada, una especie de visión fugaz que se pierde en los vertiginosos ejercicios con que evade los rigores de lo posible.
Hablando más claro me refiero a los intentos de un jazz –más allá de la ridícula y torpe significación de latino-, que indague sobre aquellas cosas que somos, que no vemos pero que queríamos oír como una pista de otros continentes –o islas en el caso del cubano Chucho-, que se encuentran a punto distancia pero que al acercarse, como por arte de magia, se pierden de forma irremediable. En el concierto que brindó la semana pasada Chucho en el Jorge Eliecer Gaitán de Bogotá mostró los esquemas de velocidad, de sapiencia y contundencia sonora. Nadie que lo vea puede decir que fue estafado, que no le gustó, o que no colmó las expectativas. Nadie, excepto yo, que vi al mismo gran pianista de siempre, haciendo la misma performance de siempre sin un solo error ortográfico, sin una coma mal colocada, ordenadito, cumpliendo rigurosamente los ejercicios de compromiso con el público y de lo que este espera de él. Cuando Chucho saltó al ruedo en los sesenta y setenta presagiaba la llegada inminente de un huracán. De hecho un trabajo de Irakere, el grupo que lo llevó al estrellato, ostenta el arrasador nombre de este fenómeno de la naturaleza. Un colectivo ejemplar que colocó sobre Cuba y los logros culturales de la revolución, una especie de aura bendita: esto solo pudo haberse hecho en el marco de un sistema de alto respeto a la educación con una gran amplitud de miras, pues se trataba de moverse, vea usted, dentro de los esquemas sonoros de la música del imperio yanqui. [caption id="attachment_28245" align="alignright" width="622"]
Valdés le apuesta a un jazz de un modo distinto. Es un virtuoso en los solos de piano, y, como buen cubano, tiene un buen sentido del humor.[/caption]
De hecho en las épocas de la Orquesta Cubana de Música Moderna – que era jazz-, la palabreja estaba liquidada en la nomenclatura política cultural y era vista con extrema suspicacia revolucionaria. Pero cuando Irakere se muestra al mundo, y en esa misma medida, el mundo se deslumbra con ese logro especifico de Cuba, los miedos se desmontan lentamente. El jazz es nuevamente concepto de buen recibo y una parte de músicos cubanos admiradores y cultores de esta forma de interpretación musical -que no de género, como erróneamente lo catalogan-, salen nuevamente del mascarón de proa en donde se habían refugiado asumiendo su verdadera causa de identidad musical.
Evidente evolución. Irakere se desgrana. Paquito y Sandoval buscan disqueras y bienestar económico sacando de paso sus malquerencias con el régimen, paso fundamental si pretenden ser reconocidos en Estados Unidos. Surgen otros músicos iguales de importantes y comienzan a ser presentados en festivales de todo el mundo. La versión nueva del Afrocuban jazz, jazz latino, cubop o cualquier otro rotulo para impresionar incautos; all stars, havana perfomers, cuban all stars, ensamble, quartet, quintet o parodiando los nombres de grupos norteamericanos, todo se valía, todo, como gancho para presentar las sonoridades agresivas y técnicas del jazz cubano.
El nombre del grupo de Chucho es sintomático: Afrocubans Messengers. Una variación de Art Blakey & The Jazz Messengers. Uno de los discos de la agrupación de Chucho se llama Giant Steeps, referencia inmediata al célebre disco de John Coltrane, argumento válido, sin duda, pero que es un interesante intersticio para observar en donde quedaron los “pasos gigantes” de las originales propuestas que planteaba hace mas de 30 años Chucho Valdés.











