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Bullying político en Colombia

Uno de los peores antídotos contra la paz lo contiene el ‘bullying’ político -en inglés- o gavilla política -en español-. Mecanismo ruin del más poderoso para aplastar al más débil. Típica cultura de chimpancé.

Por Jorge Guebely*

Jorge Guebely

Jorge Guebely

Uno de los peores antídotos contra la paz lo contiene el ‘bullying’ político -en inglés-  o gavilla política -en español-. Mecanismo ruin del más poderoso para aplastar al más débil. Típica cultura de chimpancé. Enfermedad mental ejercida por una chusma de ‘vivos’ para triturar a ‘bobos’. Fiebre de poder brutal; origen de iniquidad, exclusión y guerras.

No por ‘gavilla política’ sino por necesidad de paz y verdad, las Farc deben reconocer sus víctimas, resarcir daños ocasionados por sus prácticas irracionales. Cualquier ejército ensañado contra una población inerme merece el repudio de la comunidad. Lo merece por cobarde y canalla. Ninguna ideología ni ningún interés económico puede ser patente de corso para arrasar vidas de civiles.

Pero por ‘gavilla política’ no se deben ocultar los desmanes de los otros ejércitos y sus cómplices. Los paramilitares que con sus sierras voraces desmembraron cientos de cuerpos en todo el país y jugaron fútbol con las cabezas de sus víctimas. Los militares que, con sus sucias complicidades, contribuyeron en las pavorosas masacres y cometieron los espantosos ‘falsos positivos’. Los políticos civiles, terratenientes y multinacionales que apoyaron la organización económica y administrativa de esos terroríficos ejércitos irregulares. Los autores del genocidio de la Unión Patriótica y los asesinos de periodistas y de Jaime Garzón.

Todos ellos deben reconocer sus víctimas y sus horrendas verdades. Difieren los victimarios pero el dolor de víctima arde de la misma forma.

Por ‘bullying’ político tampoco debe postergarse el rechazo frontal contra los burócratas del Estado. Los que, amparados en el poder estatal, cometen ilícitos en desmedro de ciudadanos inermes. Desde un presidente especializado en promesas inútiles hasta un senador experto en triquiñuelas mezquinas. Ineptitudes que destruyen la Guajira o Buenaventura.

Nada es tan peligroso como un político corrupto, o mediocre, o corrupto y mediocre. Tan peligroso como un guerrillero con un tatuco loco o un paramilitar con una sierra voraz. Menos pavoroso pero igualmente devastador. Moralmente deberían pedir perdón y detener el festín de la corrupción, origen de tantas guerras.

Por ‘gavilla política’, Colombia vive las consecuencias de la guerra entre liberales y conservadores. ‘La violencia’ no se sepultó adecuadamente. Los victimarios de entonces no reconocieron víctimas, ni resarcieron derechos, ni destaparon verdades. Por el contrario, hicieron un pacto de silencio y connivencia llamado ‘Frente Nacional’. Un verdadero ‘bullying’ político contra el país, horrenda componenda electoral.

Para mí, siguen vigentes las palabras de Cristo, ‘La verdad os hará libre’. Pero de ‘verdad’, poco hay en política. El exceso de ‘bullying’ lo sepulta todo, menos la violencia.

*Escritor, PhD en Literatura. Columnista de varios medios nacionales.

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