A 10 días de iniciarse el Carnaval, es difícil conseguir una habitación, según empresarios barranquilleros convocados por el excongresista Lébolo.
Por Rafael Sarmiento Coley
Cerca de 30 empresarios –banqueros, constructores, expresidentes de grandes empresas y hoteleros- reunidos este miércoles por convocatoria del arquitecto y excongresista Emilio Lébolo Castellanos, destacaron la importancia del Carnaval para mover la economía local, en especial sectores como el hotelero, que ya copó su capacidad habitacional.
Edgardo Jaramillo Carbonell, propietario del GHL Collection, en cuyo piso 15 se realizó la cita con Lébolo, se declaró alarmado que su hotel, que cuenta con 153 habitaciones (todas suites), ya tiene casi todo ocupado desde mediados de la semana próxima.
“Nosotros todavía no hemos inaugurado el hotel. Pensamos hacerlo el 18 de febrero, pero desde hace varias semanas se concluyeron todas las obras- Incluso los mínimos acabados”, sostuvo Jaramillo Carbonell, quien está al frente de su lujoso establecimiento hotelero junto con su hija Daniela.
La economía del Carnaval
Esta es una reunión que Lébolo realiza cada año el 27 de enero con motivo de su cumpleaños. Y aprovecha para que se realicen diálogos abiertos y francos acerca de los distintos tópicos que atañen al desarrollo de Barranquilla, el Atlántico y la Costa Caribe colombiana.

El empresario Juan Manuel Ruiseco quedó muy impresionado con la voz de Alejah, y no desaprovechó tomarse una foto con ella «porque llegará muy lejos».
El ejecutivo Augusto García Rodríguez es partidario de que, si se van a realizar obras de reconstrucción del aeropuerto Ernesto Cortissoz, “debe pensarse en un proyecto futurista, pensado a largo plazo, no para la inmediatez. ¿Por qué no podemos hacer un terminal como cualquiera de los europeos?”.
Los asistentes fueron ubicados en mesas interdisciplinarias. En una estaba el senador Álvaro Ashton con el catedrático barranquillero residente en Bogotá Luis Gerlein Echeverría, el exministro Antonio Abello, Raúl Certaín, Lúcas Lébolo, Pellín González, Edgardo Díaz Robles, Raúl Renowitzky, Ramón Crespo y Jaime Ochoa. Allí se hablaba con énfasis en el vertiginoso desarrollo urbanístico que muestra la ciudad.
En otra mesa ‘juvenil’, como se denominaron ellos, estaban Dino Lébolo, José Manuel Arriastriada, Chicho Ordosgoitia, Roberto Rumié, Tico Bernal y Jorge Diazgranados. Aquí el teme predominante era la calidad arquitectónica de las enormes obras que se realizan en la capital atlanticense.
La mesa de los ‘duros’
El anfitrión Lébolo pasaba de mesa en mesa. Se detuvo un rato en la del periodista Edgar García Ochoa y los empresarios Alberto Molinares y Alfredo Carbonell.

Nicolás Renowitzky, Vicente Noguera, Pepe Vengoechea, Emilio Lébolo, entre otros de los contertulios.
La mesa ‘dura’ por la experiencia de los presentes la tenían ocupada el expresidente de Monómeros Hernando Celedón Manotas, el expresidente de Cementos del Caribe Juan Manuel Ruiseco, el excongresista Rodrigo Dangond Lacouture, el economista e importante accionista de El Heraldo, Arturo Fernández Renowitzky, el arquitecto y columnista Roberto Zabaraín.
Nicolás Renowitzky, Carlos Dieppa, Hermán Lacouture, Rodolfo Plata, Rafael ‘El Negro’ Amaris, el empresario venezolano-‘barranquillero’ Marco Jeampeoli, Raúl Renowitzky, Chiqui Porto, Ramiro Dávila, Roberto Esper, Eduardo Tarud, el exministro Luis Fernando Vergara, el catedrático y dirigente liberal Antonio Vallejo Morales, entre otros, se tomaron el trabajo de clasificar previamente los temas a analizar “antes de pedir el primer whisky”.
Para que los contertulios tuvieran un rato de reposo y dejaran de pensar en cifras y proyectos, cada hora había un show con una orquesta de planta, que tocaba al frente de una majestuosa piscina que coqueteaba a los bañistas. Pero nadie cayó en sus tentaciones. Por suerte. Luego se presentaron los tambores de Batata con unas morenazas que querían desarmar sus caderas y, escasas de ropa, desfilaban por entre todas las mesas agarrando al primer parejo que se encontraban. Hicieron bailar a Juan Manuel Ruiseco, a Lébolo y a más de la mitad de los contertulios, porque nadie se resistía al merequetengue de unas bailarinas bien formadas de pies a cabeza.
El espectáculo fue muy divertido, pero lo mejor vino después, con la presencia de la joven cantante barranquillera Alejah, con enorme talento, una voz divina y un cuerpo elástico para bailar distintos ritmos de manera armónica.
Ya cuando empezaron a prenderse las luces de las magníficas edificaciones que rodean al GHL Collection, los invitados comenzaron a marcharse. Muchos habían acudido al fino escocés y estaban bastante alicorados. Y como era apenas mitad de semana, pensaron que era mejor despedirse. Y así fue. El acogedor y moderno salón del piso 15 del hotel prendió luces y la orquesta tocó la canción de despedida. Ya se habían debatido los principales problemas de la ciudad y la región.

















