En una noche pacifica y con expectativas se celebró el primer cumpleaños de este espacio reflexivo que se ha tomado a Barranquilla.
Por: Gersón De Jesús Brugés González –chacharero
Una oleada juvenil se tomó el pasado jueves desde horas de la tarde la plaza del Parque Cultural del Caribe. Las horas avanzaban y poco a poco las tablas de madera del parque se llenaban, la juventud se hacía presente, entre sus rostros se podían ver chicos con espíritu emprendedor, con sueños y metas para construirlos y hacerlos una realidad tangible. La noche cayó y con un paisaje único entre ramas de los árboles, las luces de los carros y el firmamento turquí de la noche barranquillera se ambientó junto a un silencio, la expectativa del inicio de la noche de fracasos, Fuck Up Night, una iniciativa global que invita a emprendedores exitosos a contar experiencias fallidas que hayan tenido antes de lograr sus objetivos.
El silencio no era normal, la gente se preguntaba ¿Aja y cuándo va a empezar? En ese momento recordaba que la paciencia era una virtud la cual muchos de los asistentes no compartían. El sonido había fallado, una de las personas había conectado por error un cable de las consolas en el toma corriente equivocado, fundiendo los equipos de sonido. Esa noche empezó con el pie izquierdo.
Más de cien personas decidieron esperar, en sus mentes no tenían mejor plan de un jueves en la noche, en ese instante recordaba aquellos primeros eventos que se realizaban en la Plaza Mario Santo Domingo del Parque Cultural durante su inauguración donde las personas huían apenas caía la noche por su ubicación en ese entonces peligrosa. La percepción del lugar ha evolucionado gracias al majestuoso Museo del Caribe el cual ha cimentado una atmósfera de seguridad y de apropiación de los ciudadanos por valorar espacios recuperados convertidos en lugares de esparcimiento y aprendizaje.
Al cabo de las ocho de la noche el fracaso del evento no los tomó por sorpresa. De todo al final se aprende y con buenos clásicos de reggaetón de los años 2005 al ritmo de impacto de Daddy Yankee se comenzaba a escuchar poco a poco el sonido donde seis “speaker” se tomarían el escenario para contar sus historias tristes las cuales les han servido para mostrar a sus espectadores que caer a veces es bueno, porque todo en la vida no puede ser perfecto y de la experiencia aprendemos a sobrevivir y a enfrentar en un futuro posibles inconvenientes que quieran llevarnos al fracaso.
Stephanie Amarís fue una de las invitadas la cual ha coleccionado una lista de fracasos enumerados los cuales han dado a luz como madre prematura al construir con grandes esfuerzo la marca comercial de Bololó Lab, la cual se encarga de construir piezas gráficas representativas de la cultura Caribe con objetos y diseños que alimenten el valor cultural y simbólico que tienen distintos elementos cotidianos de nuestro bagaje cultural barranquillero.

¨El objetivo inicial de Bololó Lab es transformar aquellos elementos cotidianos de la cultura Caribe y darle valor¨afirmó Amaris.
Su sueño principal era montar su propia empresa, el espíritu emprendedor la había picado contagiando su imaginación, llevándola a ponerle como nombre oficial de su empresa la palabra “Bololó”, sus padres pusieron el grito en el cielo, preguntándose ¡Qué empresa seria se llamaría así! Con malos comentarios y expresiones de locura pasmaron el entusiasmo de Stephanie por establecer una empresa creativa y diferente, fue su primer fracaso más eso la llenó de valentía por demostrar que el estigma de un nombre en particular puede ser cambiado y transformado dándole valor, por ejemplo su logotipo es un mamón una fruta muy conocida en la ciudad pero poco valorada.
La música alternativa también tuvo su lugar en “Fuck Up Nights” con la presentación de la agrupación Tubará Reggae una banda joven nacida de las clases en la Universidad del Atlántico. Estos chicos han venido trabajando más de cinco años en la tarea de enamorar al público de la melodía poética de sus canciones su estilo simple, fresco y muy caribeño se toma cualquier espacio musical o alterno para mostrar un poquito de su talento buscando entre el público algún representante quien los apoye e impulse sus sueños, dentro de unos años y con un buen patrocinio esta banda podría estar al nivel de Bomba estéreo o Monsieur Periné.
Pasan las horas de esta buena jornada de historias donde aprendemos de manera colectiva como una charla de estudiantes de primaria el valor que tiene hacer un buen trabajo en grupo y la importancia de conocer al público que quieres conquistar, en esta parte Carlos Jaramillo Gerente comercial de Algramo en Colombia tiene harta experiencia, este proyecto Algramo ha emigrado desde Chile a Colombia buscando nuevos horizontes comerciales donde se pueda expandir la marca. Algramo son una serie de distribuidores portátiles de cereales donde las personas pueden comprar sus alimentos ya sea un kilo de frijol, dos libras de arroz o 3 kilos de lenteja de una forma práctica y fácil.
Carlos pudo experimentar con miedo e intriga el buen funcionamiento de este proyecto en Colombia, su mayor sorpresa fue que al establecer su producto en la ciudad las personas no utilizaban las máquinas ya que los ciudadanos compran de forma menudeada y de manera limitada: en vez de comprar un kilo de lenteja solo compraban media libra y a duras penas cuatro onzas. Su fracaso fue no haber implementado un buen estudio de mercado para conocer si este proyecto era viable para los ciudadanos, aun así se ha mantenido y ha podido realizar varias modificaciones en el sistema de distribución para poder ofrecer una alternativa asequible a los compradores en las tiendas de barrio.











