En sus primeras alocuciones el presidente electo no ha sido muy elocuente con el triunfo contundente que le dio la Región Caribe. Y ese no es un buen síntoma.
Por Rafael Sarmiento Coley, director
Por ahí perdida entre miles de palabras emocionadas, como quien no quiere la cosa, el presidente Juan Manuel Santos ha dicho, “¡Ah sí! Por allá por la Costa tuve unos buenos voticos”. Si hubiera sucedido lo contrario, es decir, si la Costa hubiese votado mayoritariamente por Zuluaga, sin duda, volvería a repetirse el estigma de la pregunta heredada de López Michelsen: “¿ Y qué pasó con la Costa?”.
Por eso es bueno que interlocutores válidos como el senador José David Name Cardozo, en su declaración inmediata, a pocos minutos de conocerse la victoria del presidente-candidato, expresara que “ganaron la paz y la Costa”. Y él tiene toda la potestad y el conocimiento de causa para decirlo. Junto con los senadores Fuad Char, Roberto Gerlein y Efraín Cepeda, aunaron esfuerzo con los restantes Congresistas costeños para que esta vez la votación regional por Santos fuera la más alta de todas las regiones.
Y a fe que lo consiguieron. Porque es una clara respuesta a todos los compromisos que Santos se hizo con la Costa en plena campaña. Hacer las vías de la prosperidad, no sólo la que parte de Palermo hasta un poco más allá de Salamina, sino la que conecta a Pivijay con Salamina y todas las vías transversales que tanto se requieren para que la región no siga embotellada.
No es posible que la nación ya haya comprometido billones de pesos en obras colosales para la salida de los antioqueños a los puertos del pacífico, porque ellos son tan mezquinos, que no quieren sacar sus productos por los puertos del Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Ellos dicen que es el mismo regionalismo que se vive en otras latitudes. Sí. Pero el regionalismo, por ejemplo, costeño, no es miserable ni mezquino, sino promotor del impulso de las regiones para que se desarrollen de manera armónica, tal como lo conversó largo y tendido el entonces candidato presidente Santos con el promotor del Voto Caribe y de la regionalización del país,el Constituyente del 91, exministro de Ambiente y exgobernador del Atlántico, Eduardo Verano De la Rosa.
Ese es otro compromiso que Santos tiene con la Costa. El que celebró con el movimiento regionalista de Verano. Hacer de las regiones entes autónomos, que definan su propio destino. Por supuesto, para ello el Gobierno Central debe hacer las obras de infraestructura que se requieren. El sur de Bolívar sigue siendo pobre y embotellado, alejado de toda civilización. La Mojana y la parte sucreña del Cauca, Regencia y la serranía del San Lucas, están a la espera de la presencia del Estado, que nunca ha estado allí con una carretera, un buen hospital, una buena escuela, la banca oficial para el crédito fácil para el campesino arrocero.
En la Costa Caribe falta mucho por hacer. No para ostentar obras faraónicas. No. Todo lo contrario, obras que beneficiarán a todo el país, porque desarrollarán zonas que quintuplicarán, para su exportación, la ganadería, la agricultura, la piscicultura, la industria maderera.
Pero por encima de todo se necesita con urgencia que el Estado Central facilite la constitución de un ente que articule todos eso proyectos y planes de la región para tener un banco de datos propio, uniforme y armónico, con interlocutores válidos en Planeación Nacional y en el Ministerio de Hacienda, el eterno tacaño con la Costa. Para desgracia de la región, el último Ministro de Hacienda fue el barranquillero Tomás Suri Salcedo, hace 109 años. Y para colmo de males, en este cuatrienio que está por terminar contamos con una Mintransporte que en algunos casos se ha atravesado a varios proyectos importantes porque no se los han adjudicado a firmas de amigos suyos cachacos. ¡Qué vaina tan jodida! Estas cosas que le suceden a la Costa son el verdadero mundo de Subuso.
Presidente Santos, el clamor de los millones de electores costeños que votaron por usted es que le cumpla las promesas a la región con todos los proyectos que requieren. Y, si no es mucho pedir, que nombre, por fin, un Ministro de Hacienda costeño para que acabe con ese mito. Y, si se puede, nombre ministros costeños, pero que no sean costeños cachaquizados, que son peores que los antioqueños embaucadores y regionalistas hasta los tuétanos.











