Dos analistas de este portal explican los motivos de su exótica petición al Hijo de Dios.
Por El Búho y El Duende Blanco
Gracias a una generosa apertura de libertad de prensa del Director de www.lachachara.co nos permitimos hacer unos tontos comentarios acerca de la situación que vive el país y el grave riesgo que corre el Niño Dios si decide venir -como todos los años- a Colombia a alegrar el alma de la niñez nacional.
El Búho: La verdad es que, como decía el doctor López Michelsen, el palo no está para cucharas. En primer lugar, está el satánico Coronavirus que acecha en cada esquina, y ha demostrado ser tan infame, que se metió hasta con el todopoderoso saliente presidente de Estados Unidos, el bocazas de Donald Trump. Y ya eso es mucho decir. Ese bicho informe no respeta pinta. Ha estado rondando ‘Casanari’ en procura de entrar por algún huequito, y se ha encontrado con todos los huecos tapados. Todo parece indicar que, en verdad, lo que ocurre es que Covid-19 sabe que dentro de ese caserón hay mucho carcamán más peligroso que el mismísimo diablo. Y él a ese sí le tiene miedo.

Tampoco ha intentado darse una vuelta por el ‘Paupérrimo’, verdadero centro del poder político, social, judicial y económico de Colombia. Por allí desfila todo lo que vale y pesa en Colombia y el exterior, y la obligación es que tiene que montar los briosos corceles pura sangre que el dueño de la finca ha traído de los mejores criaderos del mundo. Además, no crean que el ‘Paupérrimo’ es un patio escueto a donde entra Raimundo y todo el mundo a defecar. No señor. Vaya jalándole al respetico. Es todo un hermoso bunker rural a 10 minutos de la pujante Montería. ¿Qué como vive allí un personaje tan poderoso como polémico, y por lo tanto con su buena dosis de enemigos?
Muy sencillo. Es un búnker que no tiene apariencia de búnker. A sus alrededores se ha levantado toda una población que vive en una especie de casas fiscales. Se ha dicho que son familias de extrema pobreza que el generoso dueño de la finca ‘El Paupérrimo’ ha ayudado regalándoles una casita bien dotada, con aire acondicionado, antenas parabólicas, acceso a Internet y Wi-Fi. Todas las viviendas están alrededor del bunker central. Y cada núcleo familiar tiene, por lo menos, tres curtidos hombres diestros en todo tipo de armamento y son sobrevivientes de los combatientes de la guerra de guerrillas. En total, son tres anillos de seguridad que hay que pasar para llegar hasta donde está El Doctor.
El Duende Blanco.– No sé si El Búho esté exagerando, como es costumbre en él. Lo que sí se sabe es que el mentado Covid-19, tan macho que dice ser, no se ha atrevido a meterse con personas muy allegadas al corazón del dueño del ‘Paupérrimo’. Ni de vainas se ha metido con doña Lina, ni mucho menos con Tom y Jerry, mejor conocidos como Tomás y Jerónimo (esa gente sí que tiene plata, tanta, que ya pagaron una millonada fortuna para que uno de ellos saliera en la portada de la revista de los Gilisky, tal como en los años 50 del siglo pasado lo hizo el capo mayor del contrabando del entonces prohibido licor en Estados Unidos, Joseph Kannedy, el patriarca de esa clan. La diferencia es que el personaje de la portada de aquella revista que era la mandacallar en USA y el Mundo, era un prospecto de líder político, y no un pálido reflejo de concejal de pueblo o administrador de una Zona Franca construida en terrenos invadidos.

El Búho.– La pregunta que muchos colombianos se hacen es: ¿por qué el coronavirus no ha atacado a Alberto Carrasquilla? Es algo que el común de la gente no entiende, sabiendo, como todo el mundo sabe, que cascó a 117 de los municipios más pobres del país con un mágico proyecto de Bonos Aguas que, como buen mago, agarró los $1.4 billones, los metió en un sombrero, y desaparecieron para siempre.
Por eso produce un cosquilleo en el estómago cuando ese señor, que fue capaz de semejante triquiñuela, sea el principal promotor del aumento del miserable 2% en el salario mínimo de los asalariado. Todo ello mientras él se embolsilla $1.4 billones sin arrugar la cara, y recibe comisiones por los favores que hace a los sectores económicos en cuanta reforma tributaria y laboral presenta al Congreso y las aprueban a pupitrazo limpio porque ya se ha repartido la mermelada en abundancia.
Tampoco ha tocado ni con la punta de sus puyas, al cantaletero ostentoso de la pulcritud y la honradez que se robó los $14 billones en acciones de Invercolsa compradas de manera ilícita. ¿Y qué tal el teflón que cubre el cuerpo de pies a cabeza del impoluto exfiscal que está nombrado como Embajador de Colombia en la Casa Blanca? Lo que tiene trancado su viaje son los múltiples líos de Odebrechet, de los títulos de ahorro que le robaron a un centenar de viudas y ancianos y de la muerte por envenenamiento del hombre (y de su hijo, de paso), que sabía todo sobre los chanchullos de Odebrecht, los gringos no lo han dejado poner sus pies allá, y se teme que ahora con Joe Biden a un paso de ocupar la Casa Blanca, no vea con buenos ojos tener de cerca a un personaje con un prontuario poco envidiable.
El Duende Blanco. ¡Qué hermoso espectáculo el que se vio la noche del martes de lo más alto de la Ventana del Mundo! Ese momento cumbre cuando se junta Júpiter y Saturno, para producir un milagro celestial que hace 2.020 años fue bautizado por los tres reyes Magos como la Estrella de Belén, que los guió directo al pesebre donde había nacido el Niño Dios. Lo más maravilloso es que en esa época todavía los camellos no tenían instalados los GPS de hoy en día.
Ahí en medio de esos dos monumentos –La Ventana del Mundo y la Aleta del Tiburón, y, acorde con la época, el Árbol de Navid más grande del mundo, el comentario general era sobre esa simple frase que el dueño de todas esas maravillas y las 40 hectáreas a la redonda, lanzó en el momento preciso la urticante frase: “¡Tienen huevo!”, cuando los sacamicas ‘voceros de los gremios de la producción’, manipulados por el bárbaro de Carrasquilla, dijeron que el salario mínimo no podía aumentarse más del 2% porque, de lo contrario, se quebraría la industria, el comercio, la banca.
Ahí no se sabe si en realidad el Minhacienda, es un cínico redomado, un soplamico, un ser despreciable sin alma ni corazón, o un auténtico estúpido con poses de brillante hacendista y economista.
Porque cualquier estudiante de economía con dos dedos de frente sabe que es una burda farsa todo cuanto dicen de la ‘ruina’ del aparato productivo del país si se incrementa el salario mínimo más allá del ridículo 2% sería el acabose de la economía nacional. Soberana mentira. Y quien se los enrostró con palabras simples que toda Colombia entendió, fue el barranquillero Christian Daes.
De él pueden decir lo que quieran. Pero de que tiene los cojones bien puestos, no queda la menor duda. Con cifras de memoria explicó por qué es mucho más rentable para la economía colombiana que se estimule la más importante materia prima que tiene toda empresa de todos los sectores de la economía, como lo es el recurso humano.

El colombiano es un trabajador creativo, inteligente, laborioso y mucho más honrado que quienes se roban los ‘Bonos Agua’, los sobrecostos de Reficar, los puentes que se caen por malos diseños y materiales de construcción de mala calidad, las acciones de Invercolsa y los billones de Agro Ingreso Seguro, por los cuales nadie responde. La sumatoria de toda esa corruptela alcanzaría para pagarle un salario digno a la masa laboral colombiana.
El Búho.– ¡Mierda, Duende Blanco! Te has mamado casi toda la columna con tus catilinarias. Deja a esos bandidos quietos, que ellos no se meten contigo. En todo caso, lo más sabroso de este ambiente navideño es que gente con mucho talento le saca punta a todas las cagadas del Gobierno, y en especial las del pobre Carrasquilla, cuya progenitora, señora bendita, alma de Dios, debe ser una dama honesta y pulcra, que debe estar sufriendo lo indecible por todas esas embarradas de su hijito, por estar de ambicioso y por haber aceptado ser un corrupto más como su jefe político y como todos los empresarios que le pagan buenas coimas para que clave con más impuestos y salarios de hambre a la clase trabajadora. Ella, como buena católica, sabe que el día menos pensado a su hijo le va a salir el diablo. Entonces no valdrá ningún mamita mía.
El Duende Blanco: “Y ya para terminar” -parodiando la frase del director de un noticiero que, por no disimular su turbuayismo y gobiernismo vergonzante, lo llamaban ‘Lambicolor’—es bueno citar, aunque sea a la ligera, el caso de Gustavo Petro. Por todos los medios han tratado de aniquilarlo políticamente. De vaina que el exguerrillero, exalcalde de Bogotá, excandidato presidencial y Senador, ha sabido meterse en el bolsillo a las masas populares. Su discurso ha calado. Y los políticos criminales del momento no lo han desaparecido físicamente, por evidente temor a un segundo Bogotazo, que en esta ocasión -y ese es uno de los principales temores- no dejaría títere con cabeza, ni piedra sobre piedra, y ya no sería solo un ‘Bogotazo’, sino que podría arrastrar un ‘Pauperrimazo’ con toda una muchedumbre envalentonada y gritando “¡abajo el patrón, quemémos el ‘Pauperrimo’ que es su último refugio”.A todas estas habría que ver a muchos integrantes del Congreso, defensores de oficio -por la mermelada—de todas las corruptelas de los últimos 20 años- ondeando las banderas de la Colombia Humana, después que, como buenos miserables, le cercenaron el legítimo derecho a ser un Partido Político. Pero como en Colombia los congresistas en realidad no son parlamentarios sino simples sastres (como lo fue Christian Daes en su juventud en Nueva York), que hacen las leyes a la medida de quienes más les pague. Y punto.











