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Análisis.-La justicia de los testigos

En el caso de Fernando Cepeda, la conclusión obvia es que, al menos en una de las dos acusaciones, la Fiscalía ha estado dramáticamente equivocada. 

Por Mauricio Vargas, Chacharero invitado*

Un sorpresivo giro dio el caso del asesinato del ganadero atlanticense Fernando Cepeda. En un principio, la Fiscalía acusó a la exrectora de la Universidad Autónoma del Caribe Silvia Gette y relacionó el móvil del crimen con luchas de poder –paramilitares de por medio– por el control del centro educativo. Hace pocos días, una fiscal de derechos humanos señaló y pidió detener a la viuda de Cepeda, María Paulina Ceballos, y relacionó el homicidio con líos conyugales.

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Mauricio Vargas Linares

Estas novedades despiertan dudas, pues la viuda pasó casi diez años tratando de sacar la investigación del olvido. Si era la culpable, lo fácil habría sido dejar que el proceso terminase por engrosar el gordo cartapacio de crímenes impunes. No pretendo dilucidar el homicidio en esta columna, sino señalar el absurdo de que, en pocos meses, la Fiscalía haya estado convencida de un móvil y de un autor intelectual y ahora cambie, en forma abrupta, tanto el primero como el segundo.

La conclusión obvia es que, al menos en una de las dos acusaciones, la Fiscalía ha estado dramáticamente equivocada. ¿Cómo explicar lo ocurrido? Muy simple: tanto en la primera como en la segunda acusación, la Fiscalía se ha basado en testimonios de paramilitares encarcelados, que por sus declaraciones podrían obtener rebaja de sus sentencias.

La Gata sí estará enferma de muerte

La pregunta del millón es: «¿Sí será verdad que La Gata está grave?»

Los expertos en derecho penal han sostenido siempre que la prueba testimonial es de las más endebles. Primero, porque lo que un testigo dice haber visto o escuchado está influido por sus sesgos personales. Segundo, porque cuando esos testigos, como en este caso, son criminales, las posibilidades de que su testimonio haya sido inducido con plata o presiones de otro tipo son enormes. Y tercero, porque a esos personajes no les importa señalar hoy a una persona como autora de un crimen y mañana cambiar de opinión: en su condición de asesinos, ellos no tienen una credibilidad que proteger.

El caso Cepeda no es el único. Basta recordar la detención, en el 2012, del exdiputado del Valle Sigifredo López, quien, a más de soportar siete años de secuestro en la selva por acción de las Farc, terminó preso, a petición de la Fiscalía, por un testigo cuya nula credibilidad quedó pronto en evidencia.

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Es una de las más completas novelas históricas que se han escrito sobre Bolívar y San Martín. Magnífica obra que reafirme que a Vargas hay que leerle todo lo que escribe.

Los líos con los testigos también dieron al traste con la investigación del asesinato del universitario Luis Andrés Colmenares, en uno de los mayores fracasos de la Fiscalía. Fue tal la manipulación de los testigos que uno de ellos, considerado la estrella de la acusación, terminó condenado a siete años de prisión al quedar probada la falsedad de su testimonio.

Del largo listado de casos similares vale mencionar los procesos contra Nancy Patricia Gutiérrez y Luis Fernando Velasco, y casos comprobados de falsos testigos contra el expresidente Álvaro Uribe y su hermano Santiago, así como contra el vicepresidente Germán Vargas. La Fiscalía ha abierto 120 procesos contra 150 falsos testigos. Y eso está bien, pero no es suficiente.

Durante años, la entidad se ha dejado llevar por el facilismo de resolver los procesos a punta de testimonios, delaciones y confesiones, y ha olvidado poner el énfasis en la investigación técnica judicial, única que permite obtener pruebas objetivas y concluyentes. De hecho, en la reciente reestructuración que aumentó su nómina, la prioridad no parece estar en ese crítico frente. Si el fiscal Luis Eduardo Montealegre no impulsa un cambio de rumbo, la justicia penal seguirá siendo dominada por testigos inestables y comprables.

* * * *

Congelada. Así está la mesa de La Habana. Las Farc entendieron que el presidente Juan Manuel Santos depende cada día más de la suerte de ese proceso, y ‘Timochenko’ y sus secuaces han decidido aprovechar la ventaja para ponerse mucho más exigentes. ¿Aguantará el Gobierno o cederá?

*Periodista, columnista y ameno escritor (por ello incluimos foto de la portada de su reciente libro ‘Ahí le dejo la gloria’), respetable observador de todo lo que ocurre en él país, por ello decidimos tomar del colegal El Tiempo un escrito de palpitante actualidad en la Costa, que tiene tres casos para mostrar sobre la existencia de ese cartel de los testigos: el de La gata, el de Silvia Gette, y el del estudiante villanuevero Colmenares.

mvargaslina@hotmail.com

 

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