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Análisis: La banca abusiva de Colombia

A pesar de las ‘buenas intenciones del Gobierno’, miles de pequeños empresarios han quebrado por falta de un préstamo por $10 millones.

Por Rafael Sarmiento Coley

Rafael Sarmiento Coley, director de www.lachachara.co

Colombia, el país de las absurdas contradicciones. El Gobierno Nacional le ‘suelta´ a la criminal banca nacional (con sus debidas excepciones, claro está, porque hay bancos con algo de sentido humanitario, en especial los que tienen sede principal fuera de Bogotá)), la suma de 24,2 billones de pesos para que facilite créditos con el fin de “proteger el tejido microempresarial y el empresariado en general, con el principal propósito de evitar la parálisis de la economía y el agobiante desempleo”, según el senador barranquillero, Efraín Cepeda Sarabia, miembro de la Comisión III del Senado.

¿Qué ocurrió?, que los principales bancos del país, entre ellos Banco de Bogotá (y todos los del Grupo Aval de Luis Carlos Sarmiento Angulo), Falabella y BBVA, entre otros, se pasaron por la faja las propuestas del Gobierno de facilitar al máximo la tramitología, congelar cuotas y obviar cualquier obstáculo menor para los desembolsos de créditos a microempresarios, trabajadores independientes y el empresariado en general. No conforme con eso, el Grupo de Sarmiento Angulo, en complicidad con las Centrales de Riesgo, que son una especie de perrito faldero del principal banquero colombiano, se agarraron de lo mínimo para bloquear, no solo los créditos solicitados a los bancos del Grupo Aval, sino que llegaron a la actitud miserable -como lo narró a este columnista una microempresaria del sector de las confecciones –, de ‘ensuciársele’ la hoja de vida ante las centrales de riesgo con el porcentaje más bajo posible, porque anunció que quería retirar su tarjeta de crédito y su cuenta de ahorro de dicho banco, para lo cual pidió un acuerdo de pago para el saldo de la tarjeta y, de paso, la bloqueó, para terminar de pagar el saldo y entregar la tarjeta. La microempresaria asegura que “nunca me he atrasado en las cuotas del acuerdo de pago, estoy al día, entonces, yo me pregunto ¿por qué el Banco de Bogotá es tan miserable que le daña a uno el buen nombre crediticio en venganza porque uno decide retirarse de ese banco? Sobre todo, en medio de una crisis como la ocasionada por la pandemia. ¡Eso no tiene ´perdón de Dios!”.

Lo más triste de la situación del usuario colombiano de los servicios financieros es que, como lo dice el senador Cepeda Sarabia, de los $24,2 billones que la banca colombiana tiene disponibles para conceder créditos expeditos, solamente han concedido 6.6 billones. Es decir, ha dejado de prestar 17.6 billones. Esa sí que es una maldad digna de que los causantes de esta vayan a parar a los últimos anillos del infierno.

La segunda contradicción es la del anunciado salvavidas que el Gobierno colombiano le tirará a Avianca Holding por la suma de un billón 326 mil pesos para salir de la reorganización, en el marco del Capítulo II de la Ley de Bancarrota de Estados Unidos, plata que le desembolsará a través del Fondo de Mitigación de Emergencias (Fome). El Gobierno aclara que el crédito es reembolsable. Siempre y cuando Avianca salga a flote. De lo contrario, el casi billón y medio lo pagarán todos los colombianos, porque Avianca ni siquiera tiene aviones, para decir que el Gobierno los quite en dación de pago, porque la principal flota aérea de esta empresa es ‘alquilada’. No son de su propiedad. Y lo peor es que muchos colombianos pensaban que, como la American Air Line había entrado de socia de Avianca aportaría algunos dólares para ponerla a volar. Lo malo es que American Air Line está en las mismas que Avianca. Como están casi todas las empresas del sector en el mundo debido a la pandemia.

“Y es que si el Gobierno no le tira ese salvavidas a Avianca las consecuencias son peores, porque entonces no podrá reactivarse el transporte aéreo nacional”, dice el experto banquero y economista Rodolfo Zambrano Moreno, uno de los más acatados columnistas del sector económico.

Una tercera contradicción es el colapso que se vive en la tan cacareada transformación digital. En el sector financiero es donde más se sufre esa deficiencia. Por todos los medios se ha dicho al usuario bancario que haga todos sus trámites vía digital. Para lo cual tienen cosas maravillosas como la banca móvil, la banca en tu casa, hazlo todo con tu celular desde la cocina de tu casa. ¡Pura paja! Nunca funciona. De tanto insistir, a los sufridos cuentahabientes les dan decenas de ‘líneas nacionales de atención al cliente’, que lo van rotando del 1 al 20 para al final escuchar la voz de un robot: “estimado usuario, sentimos informarle que en este momento todos nuestros asesores de servicio al cliente están ocupados. Llame más tarde”.  Cuando vuelve a llamar, el mismo robot dice. “lo sentimos, ya concluyó nuestro horario bancario”.

Bajo el sol o bajo la lluvia, el sufrido usuario bancario colombiano debe permanecer horas y horas en largas filas para adelantar cualquier diligencia en una entidad bancaria, ¿Y la Superintendencia Financiera? ¡Muy bien, gracias!

Es lamentable que entidades como las Superintendencias Financieras y de Servicios, no se hayan mosqueado para monitorear cómo se está haciendo la cacareada ‘transformación digital’, porque sería injusto que, mientras el Ministerio de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones hace un enorme esfuerzo porque Colombia sea un país que avance a paso acelerado en el campo digital, sobre todo en medio de esta terrible presencia del Coronavirus, a la banca le importe un pito invertir un peso en adquirir los equipos que se requieren para esas tecnologías. Eso demuestra que la colombiana es la banca más tacaña y ruín del mundo, siendo un sector clave en estos momentos, tanto, como el sector salud. ¡No hay derecho!

Y, para remate, un lector nos envía la siguiente observación: “El segundo cáncer más grave que tiene Colombia, después de la corrupción, es la Banca. Es una Banca criminal que desangra y empobrece a las empresas, a los ciudadanos y todo aquel que a sus puertas toque,

«Con los intereses que esta banca cobra por sus créditos, un colombiano podría cancelar las cuotas de cinco créditos en cualquier país del mundo.

USA.                2,7%Anual

España.           2% Anual

Alemania        1,2%Anual

Suiza.              1,2% Anual

Inglaterra        1% Anual

*Colombia.     28%Anual*

Y la *DIAN       28% Anual*

Para ahorrar cuanto peso puedan, los bancos en ninguna de sus sucursales tienen más de tres cajeros. No hay ni silletería para sentarse, mucho menos baños o dispensarios de agua.

Para remachar, los sueldos sólo suben en un 4% anual y cualquier ciudadano del mundo toma créditos para vivienda, autos y educación de sus hijos y los cancela fácilmente con su trabajo. En Colombia las personas pierden sus cuotas iniciales y los pagos mensuales y los bancos se quedan con los bienes y las personas amarradas de por vida. Duele decirlo. Pero es la verdad. Es una banca criminal y el Estado lo tolera a través de las juntas del Banco de la Republica y el Ministerio de Desarrollo y Hacienda. Es el poder detrás del trono; y qué decir de los servicios bancarios, cobran por retirar el dinero (uso de cajeros automáticos), la cuota de manejo es un robo a mano armada, cobran por disque estudiar un crédito, por tener la plata de la nómina, por trasladar la plata de una ciudad a otra, cuando es un mismo software y en cuentas nacionales.  La banca colombiana solo retribuye en créditos el 40% de los depósitos que recibe de sus clientes y lo más grave, todo los hacen en Bogotá (con excepción de bancos de capital regional con sede fuera de Bogotá, como uno que nació, se crio y se mantiene en Barranquilla, con dueños y administradores barranquilleros, sin un solo cachaco a bordo, gracias a Dios). Manejan todo el dinero en el País: la nómina del sector público, pensionados y maestros; los impuestos, los servicios públicos, la seguridad social; y fuera de eso, por cada retiro cobran el 4×1000 que usan durante un mes. En definitiva, la banca colombiana es la que más contribuye, después de la corrupción, el narcotráfico y los grupos armados al margen de la ley, a la desigualdad e inequidad y es la responsable de la mala redistribución del ingreso en Colombia.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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