Como toda barranquillera, a los 4 años hacía su berrinche para que la disfrazaran de cumbiambera y meterse en las cumbiambas del Carnaval. Estudia música, danza y termina bachillerato para estudiar psicología.
Por Rafael Sarmiento Coley
Andrés Cepeda, Guzy y Goyo, por lo que reflejaban en sus rostros cuando la joven barranquillera Alexandra Tatis Gómez, o sencillamente Alexa Tatis, salió al escenario, no estaban muy convencidos de la adrenalina y el derroche de talento de la niña que ya parece toda una mujer por su rápido crecimiento.
No bien había entonado los primeros compases de su canción, cuando ya Cepeda, Gusy y Goyo estaban con caritas alegres y, de pie, bailando al ritmo de la canción que interpretaba Alexa ‘Volveré’. Y es que la niña barranquillera soltó toda esa alegría, ese desparpajo y el incesante movimiento de caderas y hombros sin dejar de llevar el hilo conductor de la canción que interpretaba.
Claro, es un chip genético. Quien nace en Barranquilla en tiempos de Carnaval, tiene que ser un tremendo cantante o danzarín o cumbiambero. No puede ser de otra, Alexa no podía ser la excepción. A los cuatro años de edad le formaba el berrinche a su mamá Yenis Gómez para que la disfrazara de cumbiambera para irse detrás del primer grupo que pasara por su casa. Y el periodista Alex Tatis, su padre, tenía que salir corriendo para rescatar a su hija, “porque la cambambera de su mamá le pone el disfraz, pero no se da cuenta en qué momento se pierde en medio de una cumbiamba”.
Quiere ser psicóloga
Alejandra Paola Tatis Gómez termina el noveno grado y tan pronto salga del bachillerato se matricula en la universidad a estudiar psicología. Siempre ha sido así. Una niña de criterio. Personalidad. Sabe lo que quiere y para dónde va. A pesar de ser la menor de tres hermanos (Alberto Mario, 30 años, ingeniero electrónico bien ubicado en Estados Unidos, y Laura, 25 años, estudió finanzas y relaciones internacionales), nunca se sintió ‘la niña pechichona’.
“Me gusta tomar mis propias decisiones. Aunque, en verdad, escucho mucho a mis padres, y a mis hermanos. Porque ellos tienen más vida que yo, que apenas estoy empezando”, dice Alexa, como la llamaron cariñosamente siempre en casa, después en todo el vecindario, en la escuela primaria, en la secundaria y, bueno, hoy en toda Colombia y parte del exterior viajando por las redes sociales y el canal Caracol.
Describir la alegría de unos padres cuando un hijo prodigioso consigue los primeros triunfos en la vida no es fácil. Es hasta embarazoso. En el caso de los de Alexa sucede algo atípico. Alex Tatis y Yenis Gómez, de manera constante, son –como si fueran gemelos y no marido y mujer- iguales en su temperamento callado, serio, de tal manera que solo en ocasiones muy especiales sus rostros aflojan una sonrisa.
Y de repente ver el rostro adusto del respetable colega periodista convertido en un repartidor de sonrisas y arrumacos con todas las muchachas que se acercaban a felicitarlo en los camerinos deja a cualquiera con la sangre helada, preguntándose, “¿Ese es Alex Tatis?, Dios mío, no puede ser. Debe tratarse de alguien bien parecido”.
Error. Es Alex Tatis. El mismo que a diario se da la pela escribiendo en su computador los documentos que la Empresa de Desarrollo Urbano de Barranquilla (Edubar), envía a los colegas de los distintos medios periodísticos. En eso está desde hace 11 años, después de desfilar por una decena de diarios, revistas y radioperiódicos.
“¡Miren! Alex Tatis maquillado como actor de cine en los Premios Oscar, y con esa risotada de oreja a orea. ¡Increíble!! Y mírenlo, caramba, ya esto es el apaga y vámonos…bailando, brincando y dando las tres vueltas…no, no, no ese no puede ser Alex, tiene que ser un parecido, muy parecido”, gritaba el periodista experto en farándula Fausto Pérez tomándose una cervecita en compañía de su compadre Roberto Llanos Rodado en la tienda del cachaco. “Ver para creer”, decía llanamente Llanos, el popular Bobby.
La supervitamina que ha transformado a la familia Tatis Gómez se llama Alexa. En casa ni se siente. En un estudio de grabación o en un sitio de ensayo de una cumbiamba, es un terremoto que pone a sudar a todos y ella…fresca como la lechuga.
Ella canta, baila, dirige, toma el micrófono y hace las presentaciones como toda una profesional de la radio y la televisión. Algo que no le vino del aire. Desde los cinco años se le pegó como una garrapata a ese consagrado maestro de maestros Julio Adán Hernández que ya va para el medio siglo de mantener las fundaciones ‘Voz Infantil’ y ‘Hola Juventud’, programas radiales y televisivos en donde niños y adolescentes no solo le pierden el miedo a un micrófono y a los estudios de radio y televisión, sino que aprenden a enamorarse del idioma. De la buena expresión, dicción e improvisación.
“Para eso una tiene que leer mucho y el profe Julio Adán lo guía a uno con afecto, como si fuera otro papá, entonces en vez de miedo, se le tiene cariño. Lo más bonito de mi paso por Voz Infantil y por Hola Juventud es que le cogí cariño al lenguaje. Me gusta estudiar el origen y significado de las palabras”, confiesa Alexa.
No se sabe cómo saca tiempo para todo esta muchachita, que todavía es una adolescente. Estudia sin tregua para no bajar ni pizca del buen nivel de sus notas, está en una comparsa de uno de los clubes sociales, está en una cumbiamba que recorre, durante dos días casi completos, la Batalla de Flores y la Gran Parada, a lo largo de kilómetros y kilómetros, danzando, bailando, brincando, levantando el polvo del pavimento con las chancletas, resistiendo con agua de panela y tres goticas de ron blanco, sudando como los caballos de los coches de Cartagena.
Y para colmo de males ahora se metió a esta locura de la Voz Teens del Canal Caracol, en donde la quieren más que a un hijo bobo. Porque ella es así, amiguera y querendona. Sencilla y cariñosa. En síntesis, talentosa. ¡Y muy barranquillera!













