Luciano Acosta guardaba la esperanza de salir de la pobreza a través de la práctica del fútbol de uno de sus dos hijos: Alfredo o Alci.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Luciano Acosta compartía el tiempo entre fabricar tacones para zapatos de mujer, y la dirigencia deportiva. Su pasión era el fútbol. Sus dos hijos, Alfredo y Alcibiades (Alci), lo ayudaban a la labor de fabricar tacones para zapatos.
«Mi hermano Alfredo y yo teníamos que ayudar a mi padre a hacer los tacones. Luciano salía a Barranquilla a las 4 de la tarde con su saquito de tacones al barrio San José, se los vendía a un señor que se llamaba Fermín Candanoza. Regresaba como tipo 7 de la noche y nos traía la comida, éramos cinco, esa vaina fue dura”, recuerda Alci Acosta.
Pese a la pobreza en que vivía, de lo que se ganaba de la venta de los tacones para zapatos de mujer, el padre de los Acosta ahorró dinero para cumplir el sueño de tener su propio club de fútbol. Lo llamó Ricaurte y tenía dos categorías: infantil y pre-juvenil. Guardaba la esperanza de que el fútbol fuera el vehículo para salir de la pobreza, por lo que motivaba a Alfredo y a Alci a practicar este deporte.
«Antes el fútbol se jugaba con dos defensas, tres mediocampistas y cinco delanteros. Siempre me gustó jugar de mediocampista creativo. La verdad, el fútbol no era mi pasión, sino la música, lo practicaba para no defraudar a mi padre, que se desvivía por este deporte», confiesa Alci Acosta.
Luciano, padre de Alci Acosta, tenía una gran visión sobre el proyecto del fútbol. «Mi papá nos llevaba a Barranquilla a jugar contra equipos tradicionales como el Scotland y el Nariño», acota Alci.
Si Alci Acosta hubiera escogido como profesión el fútbol, los problemas de respiración lo hubieran marginado de la práctica de este deporte. «Desde pequeño tuve problemas de respiración por lo que solo alcanzaba jugar medio tiempo», reconoce el cantante Alci Acosta.
Los domingos, cuando Junior jugaba en el estadio Romelio Martínez, Luciano llevaba a sus hijos para motivarlos su pasión por el fútbol y por el club barranquillero.»Yo vi jugar a Heleno De Freitas, Rigoberto ‘Memuerde’ García y Lancaster de León, que influenciaron mi pasión por el Junior», señala el soledeño Alci Acosta, quien mantiene intacto su amor por el Junior y siempre observa los partidos del cuadro ´Tiburón´gracias a la magia de la televisión.
Alci recuerda que desde los nueve años le gustó el bolero, porque tenía una familia de músicos, y particularmente gracias a la influencia de su tío Teódulo Cervantes, un artista de la región, miembro del grupo Los Sonoros Costeños, con el que se crió y a quien veía tocar el piano y cantar.
Cuando obtuvo su primer piano, viejo y desafinado, como lo describe él mismo, se convirtió en un admirador del género del despecho romántico, pero “ni yo mismo imaginé llegar tan lejos, fue motivo de sorpresa”, reseña Alci Acosta, cuyo libreto no era ser futbolista, sino un gran cantante de boleros.
Alci Acosta nació el 5 de noviembre de 1938, creció en una familia de músicos, la de su mamá, Sara. «Éramos hasta 30 músicos en la casa. Mi padre, Luciano, se unía a ellos tocando una marimba rústica. Mi tía, Rosita Cervantes, alcanzó a grabar boleros. Mi tío, Teóbulo, tuvo un grupo con acordeón y guitarras: Los Soneros Costeños», relata Alci, donde la música sin duda que era su pasión.
Comencó su carrera en 1957. Primero fue pianista de grupos tropicales y luego de los maestros Nuncira Machado y Peyo Torres… Tocábamos porros y cumbias. Después, en 1965 incursionó como solista.
Odio gitano, de la autoría de Cristóbal San Juan, fue la primera canción que grabó Alci Acosta. » Odio gitano, fue mi primera canción y un éxito rotundo. Fue en 1965. A Cristóbal, mi admiración, debido su talento le debo el comienzo de una buena carrera musical”, reconoce Alci.
Todos los boleros que el inmortal bolerista barranquillero, Cristóbal San Juan, puso en la voz del joven Alci Acosta, fueron de inmediato éxito nacional. Después Alci quien había comenzado de crooner en la orquesta del también soledeño Francisco ‘Pacho’ Galán Blanco, se fue solo por el sendero sonriente de su vida triunfal como cantante, con lo cual pudo cumplirle a su padre que él sería el primero en convertirse «en el goleador de la casa». Claro que no le explicó al viejo Luciano no sería con los guayos, sino con los micrófonos y el piano.
El día en que a Alci , en un concierto, no le pidan los temas: La copa rota, Traicionera, Odio gitano, Si hoy fuera ayer, y el Contragolpe, tal vez ese día se retirará de los escenarios. Hay Alci Acosta para mucho rato.














