Por Rafael Sarmiento Coley
Hará falta por buen rato en la política colombiana que surja una figura con el temple de Piedad Córdoba.
Controvertida, cuestionada, perseguida, discriminada, pero siempre le puso el pecho a la brisa aún en los momentos más difíciles.
Fue una contestaria a carta cabal y no le ningún miedo a los riesgos que representaban sus posiciones.
Nacida en Medellín el 25 de enero de 1955 (cumpliría 68 años este jueves), desde muy temprana edad le picó el gusanillo de la política, e inició sus pininos en las filas del Partido Liberal de la mano del destacado líder del liberalismo antioqueño William Jaramillo Gómez, quien, consciente de su talento y talante para la política, pronto la colocó en el Concejo de Medellín, de donde pasó a la Cámara de Representantes y luego al Senado.

Piedad Cordoba en plena actividad
Ya en el panorama político nacional, muy pronto sobresalió por su incansable lucha por los derechos humanos, las libertades sociales, y el respeto de los derechos de los sectores marginados como las negritudes, los campesinos sin tierra, la niñez desamparada y los miembros de la comunidad que decide elegir su tendencia sexual.
Casada con Luis Ángel Castro Hinestroza, tuvieron 4 hijos: Natalia, Camilo Andrés, Juan Luis y César Augusto Castro Córdoba, quienes en los momentos más duros de Piedad, tuvieron que refugiarse en Canadá.
En los últimos años se consagró a la lucha por la libertad de los secuestrados, sin importar si estaban en manos de grupos armados al margen de la ley de derecha o de izquierda; si eran liberares o conservadores.
Incluso abogó por la liberación de una férrea contradictora suya como Ingrid Betancourt, quien en más de una ocasión incluso llegó a calumniarla.
En desarrollo de sus luchas por la libertad de secuestrados, llegó a entablar relaciones con organismos internacionales que luchan por la defensa de los derechos humanos, y en más de una ocasión arriesgó su vida al ir a lugares recónditos de la selva a reunirse con secuestrados para tratar de conseguir la libertad de hombres, mujeres y niños en cautiverio.
En desarrollo de esas diligencias llegó a relacionarse con el gobierno de Venezuela, convirtiéndose así en una interlocutora colombiana ante el mandatario del vecino país Nicolás Maduro.
Piedad Córdoba en los años recientes se vinculó al Pacto Histórico, movimiento político que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia de la República.
Se dice que «no hay muerto malo», porque despotricar e incluso calumniar a un contrario que no puede defenderse es, además de infame, cobarde y ruín, tal como lo hizo un delincuente que hoy funge de «Congresista». Es un personajete de ésos que los muchachos de barrio califican de «HP».
Piedad Córdoba será sepultada este martes 23 de enero en la Funeraria San Vicente de Medellín, su tierra natal. Paz en su tumba.











