Por: Sofia Turizo Figueroa
“El ejercicio es bueno para la salud”. Es una afirmación ampliamente difundida, por las campañas de promoción y prevención de las entidades del Estado, publicidad de gimnasios, influenciadores de salud y bienestar. En efecto es una aseveración certera y científicamente probada.
Diversos estudios han mostrado la influencia positiva de la actividad física en la prevención de enfermedades cardiovasculares, del sistema osteomuscular y de enfermedades no trasmisibles como la diabetes. Por esta razón es en extremo preocupante el reporte realizado por la Organización Panamericana de la salud, donde expone que 1 de cada 4 adultos (1.400 millones de personas en el mundo) no realizan los 150 minutos de actividad física de intensidad moderada a la semana recomendada para
mantener un estado de salud física y mental.
Cuando se habla de salud mental, se hace referencia no solo a la tranquilidad y equilibrio psíquico de un individuo sino también su capacidad para interactuar con su entorno, enfrentar los eventos displacenteros y el estrés que se presenta muchas veces de manera inevitable en el día a día y ser productivos en nuestras labores y participar de la vida en sociedad.
Precisamente a partir de esta definición podemos relacionar, el papel relevante de la actividad física y la salud mental. Pues al realizar ejercicio de manera adecuada y constante se reduce los síntomas de la depresión y la ansiedad. De igual manera se ejercitan habilidades del pensamiento como son el razonamiento, aprendizaje y juicio.
Escoger una práctica deportiva, acorde con nuestros gustos y de fácil acceso cualquiera que sea, es la primera medida para empezar un estilo de vida saludable, el ejercicio promueve ese estado de desconexión y relajación que favorece el descanso, regulando nuestros ciclos de sueño y mitigación síntomas propios del
estrés.












