Gobernador y Alcalde entendieron a tiempo que, trabajando en equipo, les rendía más la tarea. Ese ha sido el secreto para que ambos cierren el año como “los mejores alumnos”.
Por Rafael Sarmiento Coley
No le busquen la quinta pata al gato: el secreto de la altísima aprobación de la comunidad atlanticense y barranquillera con el desempeño del gobernador Eduardo Verano y el alcalde Alex Char se soporta en la base sólida de un trabajo en equipo en el cual “todos ponen”.
Muy distinto fueron aquellos tiempos en que gobernador y alcalde no se hablaban. Unos celos irracionales los llevaban a los extremos de perder la financiación de importantes proyectos, porque la iniciativa era del uno o del otro. Y como para esas obras el gobierno nacional aporta el 60% y los entes departamental y distrital el restante 40%, las comunidades veían alejarse la posibilidad de contar con mejores servicios públicos, centros de recreación, vías en mejores condiciones.

Momentos de gloria. Brazos en alto y apretón de manos de Alex Char (triunfante en las elecciones para su segundo mandato); Eduardo Verano, también ganador para su segunda gestión; el gran gurú de la política regional Fuad Char y su hijo el senador de la República Arturo Char.
Eran tan absurdos aquellos gobernadores y alcaldes de épocas nefastas para el departamento y su capital, que, si ambos eran invitados a un matrimonio en el Country Club, recurrían a un “servicio secreto del más alto nivel” (lo que se escucha en los salones de belleza, en los restaurantes de postín y en los juegos de mesa de la alta sociedad), para comprobar si el ‘adversario’ ocasional acudiría al ágape. Si iba el uno, no acudía el otro.
Tampoco coincidían en público ni siquiera en una visita presidencial. Y, si por accidente se encontraban al mismo tiempo en una reunión, procuraban estar lo más separado posible para negarse hasta el elemental saludo de cortesía.
Algo pasó
La situación era tan dramática que en Barranquilla apenas un 60% de sus habitantes recibía los servicios de agua potable, alcantarillado y aseo. Las calles de los barrios populares eran intransitables. Las escuelas públicas destartaladas. Los hospitales descuadernados, sin equipos médicos y siempre endeudados hasta el cuello.
Los pocos parques que había en Barranquilla, con una que otra excepción, eran unos muladares llenos de maleza, y las llamadas ‘avenidas’, como la vía al aeropuerto ‘Ernesto Cortissoz’, eran una vergüenza por la carencia de aseo, arborización, iluminación y reparación del concreto dañado como consecuencia del intenso tráfico.
Menos mal que Dios aprieta, pero no ahorca. Ocurrió que en las dos últimas décadas irrumpieron en el escenario político local dos jóvenes ilusionados en lograr un cambio de mentalidad en el manejo de la cosa pública.
Eduardo Verano De la Rosa, un poco mayor que Alejandro Char Chaljub, ha sido siempre un activo militante del Partido Liberal, con cuyas banderas ha sido ministro e integró la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Un administrador de empresas egresado de la Universidad del Norte, uno de cuyos gestores fue su difunto padre, Eduardo Verano Prieto.
Char Chaljub, en cambio, nació en una cuna dorada. Su padre, Fuad Char Abdala, fundador del movimiento Voluntad Popular que luego se fusionó con Cambio Radical, es uno de los empresarios más exitosos como presidente-fundador del Grupo Olímpica, con supertiendas y farmacias de grandes superficies, una cadena radial que ocupa los primeros lugares por su formato de ‘moler música’ día y noche; programadora de televisión con noticiero propio, y gestor de una bien organizada telaraña que tiene sus propios productos de marca con cría de ganado, cerdos, y un poderoso emporio avícola y piscícola.
Como si todo eso fuera poco, la familia Char es la dueña absoluta del aclamado equipo de fútbol Atlético Junior. Fuad lo compró cuando el cuadro barranquillero estaba en la más completa bancarrota. Y quienes estaban al frente del cuadro tiburón, desesperados por salir de aquel cadáver insepulto, lo ofrecían hasta regalado. Ahí apareció Fuad Chasr con su chequera mágica, adquirió la ficha y las acciones del club, que por primera vez en su trayectoria fue campeón nacional en 1977.
Fue la locura total de los barranquilleros, que desde 1949, cuando recién empezaba el fútbol profesional en Colombia, vieron frustrada la posibilidad de que su equipo fuera el primer campeón en los anales del balompié rentado colombiano. Por culpa del Santa Fe de Bogotá, que le arrebató el título a Junior, que tuvo que conformarse como subcampeón.
Un poco de recuerdos
La mentalidad de Fuad Char es la de un líder ganador y trabajador incansable. Antes de empezar el campeonato de 1977 se fue a Buenos Aires a contratar técnico y jugadores. “Quiero que este año el Junior sea campeón”, le dijo al entrenador José ‘Puchero’ Varacka (fallecido el 22 de octubre de este año). “Dígame qué jugadores necesita de acá de Argentina para comprarlos enseguida”.
Varacka, quien había sido uno de los mejores mediocampistas del fútbol argentino de todos los tiempos, ahora era un exitoso director técnico, que conocía al dedillo a todos los jugadores activos en esos años. Fue así como colocó de primera en la lista a Juan Ramón ‘La Bruja’ Verón, un zurdo discreto pero certero en su desempeño como atacante.
En Barranquilla ya Fuad tenía entre las nuevas contrataciones al samario Alfredo Arango, un mediocampista creativo, magnífico dribleador y un olfato felino para ponerle el balón en los pies al compañero mejor ubicado. Cuando Arango tenía el balón pegado a sus guayos, era muy difícil que se lo quitaran. Ahora, con la llegada de Verón, se convertirían en el dúo más positivo del fútbol colombiano.
No se sabe porqué extrañas circunstancias en el momento en que Junior estaba en los primeros lugares con serias posibilidades de ser campeón por primera vez en su historia, Varacka se bajó del barco, “como el Capitán Araña”. Dejó a Fuad viendo un chispero. Habría sido desastroso si el dueño del equipo, gracias a la sangre árabe que corre por sus venas, no se arriesga, como en el juego de póker, a ganar o perder. Designó a Verón como director técnico y a Arango como su asistente.
No hubo forma de que los entonces equipos consentidos de la Dimayor le quitaran el título a Junior, a pesar de la torcida campaña de ponerle siempre a los árbitros más sobornables del rentado nacional, para que Junior perdiera a punta del pito de referí de bolsillo.
A pesar de esas adversidades el binomio dinámico – que con admirable acierto el escritor y periodista Juan Gossaín bautizó como “Verango”, una especie de “jugador sobrenatural que pone a temblar a la defensa mejor parada”.
Mentalidad ganadora
Tal vez Eduardo Verano y Alex Char todavía tengan en la retina aquellos partidazos del ‘crack’ “Verango”. Y por ese recuerdo anecdótico, se dijeron, “vamos a repetir la historia de Verón y Arango”.
Lo hicieron tan bien que en menos de dos décadas han trasformado a Barranquilla y el Atlántico. Verano ha dotado de los servicios públicos a los 22 municipios bajo su jurisdicción. No le queda ningún pueblo sin escuela y sin vías pavimentadas. Tuvo el acierto de descentralizar la Universidad del Atlántico (la única pública del departamento), con una sede alterna en pleno funcionamiento en Suan, y ya está por entregar la segunda sede en Sabanalarga, con lo cual facilita por completo el acceso a la educación superior a miles de jóvenes que antes no podían acudir a una universidad por las insuperables barreras de la pobreza, la falta de un albergue en Barranquilla y un bachillerato mediocre porque la autoridad competente en el manejo de la educación en los municipios no se preocupaba por la calidad del pensum académico, mucho menos de la idoneidad de la nómina de profesores.
No hay un solo municipio atlanticense que no cuente con buenas escuelas, parques de recreación, canchas deportivas y varios megacolegios con un envidiable nivel académico.
Por su parte Alejandro Char, quien heredó de su padre el perfil de trabajador incansable y de su difunta madre Adelita Chaljub de Char, la sensibilidad y el carisma para codearse con el rico y con el pobre, es un adicto al trabajo.
Adela, propietaria de una de las más prestigiosas joyerías del país, era una mujer diminuta y frágil, pero con una fortaleza y un corazón enormes. Cuando se presentaban emergencias ocasionadas por la naturaleza (desbordamiento del Canal del Dique, huracanes, tifones e inundaciones en las riberas del Río Magdalena), ella misma se iba en un camión cargado de alimentos, medicamentos y ropas para mejorar las condiciones de los damnificados. Muchas veces tenía que hacer los recorridos en pequeñas canoas con bogas a punta de canalete. Pero la ayuda llegaba.
Por todo ello hoy a ningún barranquillero o atlanticense sorprende que Alex Char y Eduardo Verano De la Rosa sean los mejores mandatarios seccionales del país. Increíble. Pero cierto. Algunos malquerientes gratuitos que siempre buscan el lado negro de las cosas atribuyen el éxito de estos dos mandatarios al ‘manejo de imagen mediante una millonaria pauta publicitaria’. No parece creíble que una encuestadora tan seria como la filial de la estadounidense Gallup acomode las mediciones para favorecer a estos dos mandatarios de provincia. ¿Con qué objetivo lo harían? No tiene sentido pensar en la posibilidad de una manipulación a una empresa de prestigio mundial.
Lo que no pueden esconder ni desconocer los malquerientes de uno y otro mandatario es su pasión por el trabajo, su consagración al servicio de las comunidades, su vocación auténtica de untarse de pueblo. Y meterse al barro. Estar en donde lo necesitan así sea en medio del más fuerte invierno o insoportable verano. Eso nadie se lo puede regatear a Eduardo Verano ni a Alex Char.
¿Tienen defectos? Sin duda. Son humanos. Que han cometido algunos ‘pecadillos’. Tal vez. Pero es necesario apelar a la célebre sentencia de Jesucristo: “Aquel que esté libre de pecados, que tire la primera piedra”.
El caso Peñalosa
Todo se esperaba, menos que Enrique Peñalosa fracasara de manera estruendosa en su segundo mandato en la alcaldía de Bogotá, con una desaprobación del 69% y apenas con un raquítico 27% de aprobación.
Lo mismo ocurre con el presidente de la República Iván Duque Márquez. Un mandatario joven, preparado, formado en la cuna de un eminente servidor público (su padre Iván Duque Escobar se desempeñó con brillo en varios cargos nacionales).
Duque Márquez no les mueve la aguja a los colombianos, aún con el padrinazgo de un animal político llamado Álvaro Uribe Vélez.
De acuerdo con la ficha técnica de Gallup, la encuesta se realizó del 1 al 11 de diciembre. Se consultaron a 1.200 personas para medir la favorabilidad y aprobación del presidente, personajes e instituciones en Colombia y realizar un sondeo general en las ciudades principales del país sobre la labor de los alcaldes y gobernadores.
En cuanto a Duque, de manera alarmante el 64% de los colombianos desaprueba su gestión. En esta medición de cierre de año revela que la aprobación de su gestión tuvo una caída de 18 puntos, al bajar del 47% al 29%.
Y, lo peor, el 72% de los encuestados cree que las cosas en el país están empeorando, frente al 15% que considera que las cosas van por buen camino.
Los consultados (77%) también consideran que en materia de empleo las cosas siguen empeorando. Sin embargo, la percepción frente a la lucha contra la guerrilla mejoró, pues del 27% en octubre pasó al 33% en la última encuesta. Es lo único bueno que tiene Duque para mostrar en este fin de año. Desde luego, su mandato apenas comienza. Falta mucho trecho, y ojalá, para bien del país, haga los cambios radicales que se requieren para que los colombianos que votaron por él no empiecen a arrepentirse de haber acudido a las urnas ilusionados con la ‘economía naranja’ de la que tanto habló en su campaña para llegar a la Casa de Nariño.
Por esos misterios que tiene la política, cuando todavía flota en el espeso aire bogotano los resultados de la encuesta Gallup en la cual a Presidente le va tan mal, logra este viernes un acuerdo trascendental con el sector educativo de las universidades públicas. De haber ocurrido pocos días antes este episodio, quizás a Duque no le hubiera ido tan mal en las encuestas. Así es la vida.











