Estuvo dos años de postulante y practicante, e igual tiempo de novicia cuando decide retirarse del convento.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Maibeth olivares tenía talento para ser una excelente pintora, así lo demostró cuando estudiaba primaria y bachillerato. «En el bachillerato la profesora de dibujo y pintura me enseñó a pintar y me decía que era muy talentosa en el arte, me incentivaba para que estudiara pintura, con el argumento que podía trabajar como docente», recuerda Maibeth.
Ruby Pacheco, tía política de Maibeth, quiso influenciar para que estudiara diseño de moda al observarle su talento para pintar. «A mi tía Ruby yo le hacía los dibujos de los vestidos, es decir en ocasiones dibujaba de una revista de moda, a varios papeles, y luego ella se los mostraba a sus clientas. A las clientas le gustaba, ella me decía que yo podía ser una diseñadora de modas, pues me gustaba pintar y ella notaba cuando le agregaba algo de una moda.
Pero mi vocación no estaba ahí en ese momento. Yo pensaba que estudiar para ser profesora de pintura era perder el tiempo, pues es difícil que en Colombia se aprecie mucho la pintura y el arte; y para ser diseñadora debía estudiar en la Universidad Autónoma del Caribe, algo que en esa época era muy difícil financieramente, así que debía estudiar algo en la Universidad del Atlántico. Mi tío Carlos me decía: estudia una carrera con oferta de trabajo y después puedes estudiar lo que desees y te dicte tu corazón», reseña Maibeth Olivares sobre los planes que su gente le proyectaba.
La experiencia de Monja
En 1998 Maibeth Olivares se graduó de bachiller en el Instituto San Pedro Claver. Paralelamente, desde los 12 años de edad asistía al grupo de la Iglesia católica del barrio las Nieves, que se llamaba Emmanuel. Luego pasó a integrar el movimiento Juventud Misionera San Francisco de Asís (JUMIS), perteneciente a la Iglesia de Santa Marta, un grupo de oración muy activo.
La frase ‘las palabras tienen poder’ se acuña al caso de Maibeth, porque a cada momento bromeando les decía a los amigos y familiares que iba ser monja.
Final de la luna de miel
La luna de miel de Maibeth Olivares con el mundo del convento duró poco.
«Empecé a cuestionar si eso era lo que quería para mi vida, en el convento existe unos votos de castidad, obediencia y pobreza. Por castidad y pobreza no tenía problemas, pero si tenía uno, la obediencia. Me costaba mucho, más cuando yo quería que una vez profesara trabajar en el orfanato, yo anhelaba ese trabajo, pero mis superiores veían más la oportunidad de desarrollo de mi potencial en el archivo general, en el archivo se manejaba la editorial de las hermanas, se hacían las publicaciones de la revista Nuevo Amanecer, del cual yo hacía parte del consejo de redacción, así como transcribir los audios de la Madre Fundadora a texto, pues en ese entonces se buscaba elevar a la Madre Fundadora a Sierva de Dios, actualmente ya es Sierva, era un trabajo bonito pero no era lo que yo quería para mi vida», confiesa Maibeth Olivares sobre si el camino tomado era el correcto.
Los conventos tienen horarios y reglamentos, la levantada es a las 4:30. A las 5 estaban en la capilla hasta las 7 am, después procedían a desayunar. El aseo en cada área tiene su asignación, después entras a clases, a las 10 es la merienda y después te dedicas a tus cosas personales, a las 12 almuerzo y después deporte y clases, después de 3:30 te dedicas a tus cosas personales, lavar, estudiar, preparar clases de los sábados y a las 6 en la capilla, a las 7 almuerzo, hora de compartir y a las 8:30 es la hora santa.
Maibeth no podía ocultar en el convento su personalidad caribe. «Yo era muy bullera y muy alegre (colocaba el convento patas arriba) y pensé que me darían prórroga por mi comportamiento y yo dije que no quería eso para mi vida, prefiero salir antes que me hagan repetir un año más… decía y decía que prefería salir que seguir en el archivo… Yo quería desarrollar más que estar ahí.. cada día sentía que ya no era mi lugar, que tal vez Dios me llevó para aprender esa vida, pero que no era lo mío.
Cuando yo me retiro, después de haber estado con psicólogos y haber hablado con varios sacerdotes, me concedieron el retiro. Ese día me dijeron que a la única que le habían dado la profesión fue a mí, que había demostrado ser una buena hermana, después me dijeron que al continuar con ella iba a ser enviada a Italia a estudiar la causa de los Santos en una Universidad de allá, por cuanto me darían vacaciones para despedirme de mi familia y viajar. Yo dije que no. Nunca me arrepentí, de haber ido y tampoco me arrepentí de haberme retirado, fue una hermosa experiencia y adquirí amiga para toda la vida», relata Maibeth sobre su paso por el convento.
Maibeth lleva 2 años laborando en la Contraloría Distrital de Barranquilla, donde se desempeña como auxiliar administrativa en el sector salud. Actualmente cursa octavo semestre de Contaduría en la Corporación Universitaria Americana donde está a punto de cumplir el sueño de sus padres Leopoldo Olivares y Carmen Narváez de ver su hija convertida en una profesional luego de trasegar por el mundo del convento.













