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Repudio electoral

Negocia primero, usando dineros lícitos e ilícitos, con líderes sociales, los mercaderes de votos en sectores populares.

Por Jorge Guebely

Nunca será político de talla mayor el que, para ganar elecciones, recorre caminos de talla menor. Si convierte el voto en embeleco ganador, y construye carteles legales para su tráfico ilegal, y actúa como delincuente con rostro al descubierto, estilo Musa Besaile, o delincuente agazapado en las sombras de la legalidad.

Si fabrica votos en nichos de las hambrunas donde abundan como subiendas de pescado. Y negocia primero, usando dineros lícitos e ilícitos, con líderes sociales, los mercaderes de votos en sectores populares. Los que los cultivan con las falsas bandera de cualquier candidato.

Si acude a las empresas electorales, al voto constreñido por lo militar o lo civil, voto trashumante. Voto encadenados marca ‘La Gata’. Basta una fuerte suma para conseguir el número deseado. Basta el número deseado para constatar que los comerciantes del voto son los verdaderos electores. Los que cachetean en público a un gobernador como lo hizo ‘La Gata’ con el de Bolívar.

Si negocia votos entre colegas. Votos intercambiados entre diferentes candidatos. Votos cascarones: sin contenidos políticos, ni filosóficos, ni sociales. Sólo votos estratégicos, tan descarnados como un esqueleto seco.

Y si acoge al aval de un Partido cualquiera, y se atavía con su programa de papel, y se va de pesca por plazas públicas con el optimismo de conseguir algunos votos de los 20 millones de colombianos abstencionistas. (La mayoría de los 16 millones restantes ya están comprometidos). De pronto, un despistado cambia de opinión.

Si ubica estratégicamente a voceadores de su campaña, el día de las elecciones, a distancia prudente de las mesas de votación, con muchos fajos de billete en alguna alforja, y abre el mercado final de la contienda.

Y si, aun así, el resultado le fuese adverso, utiliza el “salto del canguro”. Visita la Registraduría, al registrador y los subalternos. Seres humanos imperfectos; débiles, como proliferan en la función pública, a la criptonita del dinero, al encanto de la riqueza, al desencanto del ejercicio político. De pronto, el candidato perdedor de las cinco de la tarde da un “salto de canguro” a la diez de la noche. Y triunfan de nuevo las trampas electorales y la corrupción moral.

Políticos menores de nuestra democracia, drama donde actúan los astutos negociantes. Mercado donde se anulan los estadistas y se destierran los seres humanos. Como el mítico dios Ares, nuestros políticos sólo emprenden batallas mezquinas y sin ideales. Por eso, negocian votos con 16 millones de ciudadanos y se ganan el repudio de 20 millones de colombianos. De todo eso verás en Marzo y en Mayo próximos, y lo vivirás según decidas cómo hacerlo.

jguebelyo@gmail.com

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