Ha sido el periódico impreso y digital líder en la Costa Caribe y uno de los principales del país. Es manejado hoy por la tercera generación de sus fundadores.
Por Rafael Sarmiento Coley
Descansa en paz , Director, amigo de esos que cada día le recordamos sus enseñanzas 🙏
El diario barranquillero El Heraldo, cumplió este 28 de octubre 84 años de existencia, con indiscutible liderazgo regional desde los albores de su creación en 1934.

Juan B. Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vemgoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás, los tres pilares fundamentales en el nacimiento de El Heraldo hace 84 años.
Como diario impreso, sobrevive a la crisis mundial del medio ya considerado un dinosaurio de la historia, dado el desarrollo vertiginoso del periodismo digital. Como director consejero se mantiene el connotado periodista barranquillero Juan B. Fernández Renowitzky, hijo del director-fundador el también consagrado periodista porteño Juan B. Fernández Ortega.
En la actualidad es dirigido por Marco Schwartz Rodacki. Ramiro Avendaño Jaramillo funge en calidad de presidente.

Misa de apertura de la primera edición de El Heraldo. En primer lugar los socios fundadores con sus respectivas esposas y el sacerdote.
La empresa Casa Editorial El Heraldo fue fundada en 1934 por varios dirigentes liberales con el fin de ponerle coto a la hegemonía del Partido Conservador en esta región del país. En especial por la presencia del matutino La Prensa, el de mayor circulación en la región en esa época, de propiedad de la familia Martínez-Aparicio.
El Partido Liberal había irrumpido con fuerza en el país en 1930 con la candidatura triunfal de Enrique Olaya Herrera, quien se desempeñaba como embajador de Colombia en Estados Unidos y el liberalismo lo llamó de urgencia como candidato único de una coalición de varios sectores de tendencia liberal, para poner fin a casi 30 años de predominio del Partido Conservador.
Con el fin de garantizar la continuidad del Partido Liberal en el poder, se propuso un frente amplio de todos los sectores liberales para apoyar la candidatura del empresario Alfonso López Pumarejo, con fuerte arraigo en la Costa Caribe, pues su progenitora era la valduparense Rosario Pumarejo de López.
Con el fin de fortalecer al liberalismo costeño, López Pumarejo le propuso a varios empresarios barranquilleros, entre ellos su primo Alberto Pumarejo Vengoechea, que fortalecieran un grupo de apoyo con recursos económicos para que fundaran un diario liberal capaz de superar en circulación al diario conservador La Prensa, de los Martínez Aparicio.
Eran tiempos difíciles de la economía mundial por los cotelazos de la depresión de 1928. La economía colombiana, por supuesto, no fue ajena a esa dura crisis. Los capitales extranjeros, como siempre, se esfumaron del todo como por efecto de magia. El precio internacional del café bajó a sus niveles más críticos, lo que hizo temblar aún más la economía colombiana, que seguía siendo un monocultivador y monoexportador (café).
En medio de esos avatares e incertidumbre, el Partido Liberal bajo la égida de Enrique Olaya Herrera desarrolló una estrategia de apoyo total a la industria colombiana, con un proteccionismo que facilitó el desarrollo de la producción nacional.
Para 1934 la economía del país pintaba de otro forma y en Barranquilla fueron convocadas las primeras reuniones para fundar El Heraldo, con el fin de apoyar la candidatura del aspirante liberal Alfonso López Pumarejo.
De tal manera que, bajo el liderazgo del ya consagrado periodista Juan B. Fernández Ortega (que era tan buen editorialista y escritor que la familia Martínez-Aparicio lo tuvo muchos años de director de La Prensa); del banquero y dirigente político liberal Alberto Pumarejo Vengoechea y del experto abogado Luis Eduardo Manotas Llinás, lideraron la fundación de EL HERALDO, que salió a la calle en la madrugada del sábado 28 de octubre de 1934.

Entra la 2a. generación
Esa primera generación de magníficos amigos y mejores empresarios hizo posible el buen andar del diario desde su nacimiento. El Heraldo fue bastión fundamental para el contundente triunfo liberal en la Costa Caribe con el apoyo entusiasta y decidido para el candidato de raíces costeñas Alfonso López Pumarejo.
Esa primera generación estuvo en el poder más o menos hasta los años 60, cuando hay un obvio relevo generacional. A la dirección del diario llega Juan B. Fernández Renowitzky, Constituyente de 1991 y autor de importantes artículos de interés regional que quedaron en la Carta Magdna, exministro de comunicaciones, exsenador de la República, exembajador en Chile cuando el ‘allendazo’ y la cruenta llegada al poder de Pinochet, exrector de la Universidad del Atlántico, entre otros importantes cargos. Como coequiperos en este relevo generacional llegaron los gerentes Alberto Mario Pumarejo Certain (hijo de Alberto Pumarejo Vengoechea), y Manuel De la Rosa Manotas, nieto del distinguido abogado-fundador de El Heraldo Luis Fernando Manotas Llinás.
Paso a la tercera
Hoy El Heraldo es una sociedad anónima. Como tal es manejada en la sombra, con muy bajo perfil, por los talentosos representantes de la tercera generación: Carlos De la Rosa Manotas; Ilse Giesseken de Cuello, Juan B. Fernández Noguera, Rosario Pumarejo, María Teresa Fernández Iglesias y Jaime Pumarejo Heins.

Gustabo Bell Lemus, director de El Heraldo de 2005 a 2009
Ellos toman las decisiones fundamentales. Remover un gerente. Cambiarle el nombre al cargo de gerente por presidente, con el fin de que tenga más responsabilidades y entregue mejores resultados. Aceptar la renuncia a un director, o pedírsela, en fin. Son quienes saben el manejo del negocio y hacia dónde debe encaminarse. Como uno de los sabios de la tribu y digno ejemplo de la segunda generación está del mismo modo pendiente de todo el veteranazo y excelente persona Arturo Fernández Renowitzky, el popular ‘Tury’.
En este recuento histórico a vuelo de pájaro es bueno recordar que Juan B. Fernández Renowitzky había asumido la Dirección a finales de la década de los 60, hasta 2005. En esos años transformó del todo el periódico, con el apoyo total de la junta directiva. Lo cambio de sede, hacia un edificio moderno e inteligente, pasó del blanco y negro en ‘caliente’ (a base de plomo derretido en los legendarios linotipos), a sistema ‘frío’ Offset full color. Su hijo Juan B. Fernández Noguera tuvo la fabuloso idea de crear la revista ¡Miércoles! con un genial concurso de La Chica Miércoles. La revista fue un jonrón con bases llenas desde su creación. Y sigue siendo uno de los atractivos de El Heraldo, al lado de Gente Caribe y la especializada en entretenimiento Sí. Y el diario popular Aldía.
Luego de esa colosal hazaña, Fernández Renowitzky dio un paso al costado, asumió como director consejero y en su reemplazo fue designado en enero de 2005 el abogado, economista, historiador, ex vicepresidente de la República y primer gobernador por elección popular que tuvo el Atlántico, Gustavo Bell Lemus, quien ejerció el cargo hasta 2009 para irse a Oxford, Inglaterra, a concluir sus estudios para el doctorado en historia y economía y luego fue nombrado embajador de Colombia en Cuba.

Ernesto McCausland Sojo asumió en reemplazo de Gustavo Bell. Ernesto estuvo en dicho cargo hasta su dolorosa muerte el 21 de noviembre de 2012.
A la salida de Bell de la dirección de El Heraldo, el Editor General Ernesto McCausland Sojo asumió el manejo editorial del diario, hasta su fallecimiento el 21 de noviembre de 2012.

Marco Schwartz Rodaki, director en propiedad desde septiembre de 2013.
Durante cuatro años el diario estuvo acéfalo de dirección. Hasta septiembre de 2013 cuando fue designado un antiguo joven redactor de dicho diario, Marco Schwartz Rodaki, director en propiedad, quien se mantiene al frente de semejante monstruo de mil cabezas que obliga al director de turno a trabajar hasta 18 horas diarias.
En los 25 años que compartimos como parte del equipo de redacción, ya como editor político, nacional, regional o jefe de prensa de la campaña del director Juan B. Fernández Renowitzky para la Constituyente de 1991, fui testigo del enorme sacrificio que debe hacer el director de un diario.
Los periodistas trabajaban sobre la marcha. Había horario de llegada, pero no de salida. Por lo general al suscrito la tocaba la galleta de esperar que el Director estuviera al tanto de cómo iba la página política y el editorial. No podía marcharme del periódico hasta cuando él no hiciera la última llamada para algún cambio final. Por supuesto, si él no llamaba, yo lo hacía. “Ajá director, ¿ya se durmió?”. Me respondía: “Hombe, hombe, hombe aquí estoy. Oye, ¿no crees que eres muy fuerte contra Name con ese titular?”. Le respondía: “No, director, es el fiel reflejo de la realidad”. “¡Ah, entonces déjalo así…¡bueno, ahora sí, ñero, vete a dormir que ya yo estoy en la cama”.











