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Arde España, por la cola de Cataluña

El ambiente entre los españoles sigue enrarecido. En la política, la economía, el deporte, la cultura. Esta vez Barcelona logró un paso inusitado.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa
Ilustración de portada: Nani

Una historia distinta es la de hace unos años cuando España se mostraba al mundo como una nación unida y pujante en contraste con la ETA, un grupo que al final quedó como la arremetida de desalmados terroristas. Otra historia es la de ahora, cuando el gobierno español quiere señala el referendo de Cataluña como la gesta de un par de loquitos independentistas.

No, esta vez no ha quedado tan sencillo mandar a callar. Primero, porque la economía española está tan menguada que el gobierno nacional no puede decir con pecho grande que la nación es tan próspera que un proyecto de separación de una región es el equivalente a la partida de un hijo pródigo. El padre patria no tiene argumentos de chequera para retener al hijo rebelde, quien además, en el caso español, se queja de ser él, la región de Cataluña, el responsable de poner los billetes con sus industrias.

Si lo miramos por el lado de la política, donde se supone que están los hilos del poder, nada puede estar más deshilachado dentro y fuera de España que el gobierno de Mariano Rajoy y su Partido Popular. Su gobierno ha protagonizado los más graves escándalos de corrupción en medio de una crisis institucional generalizada. Eso le ha creado incapacidad para liderar a un país que se cuela por sus propias rendijas. «¿Con qué moral se le puede hablar a un país de unión y confianza, si hasta los pantalones los tienes untados de barro?», comentó a LaCháchara.co, a manera de pregunta, un analista político que para colmo de Rajoy es oriundo de Madrid, España.

Sin embargo, no es Rajoy la razón personificada de lo que tiene a España en vilo. Es la monarquía. Que Felipe VI sea un rey buen mozo, de buenas maneras y muy distinto en la moral de su padre, no significa que en la Casa Real haya un cuento de hadas. A los españoles, no solo a los independentistas, todavía les rechinan las actuaciones de Iñaki Urdangarín, cuñado del Rey, en el fraude conocido como «caso Nóos», cuyo desenlace judicial se produjo en febrero de este año.

Condenado a seis años de cárcel por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias y dos delitos contra la Hacienda Pública, el miembro resbaladizo de la monarquía no tocó siquiera los barrotes de prisión, al igual que su esposa, la infanta Cristina, a quien absolvieron a cambio de una «multa» de poco más de 265 mil euros, que es el pelo de un gato en un palacio europeo. Esta absolución, unida a la ola de corrupción del gobierno de los últimos años, es lo que ha dado pie a que la Generalidad de Cataluña decidiera armar sus maletas delante de las mismas barbas de Rajoy.

«Querían la independencia a toda costa»: Inés Arrimadas

Al referendo sucedido el 1 de octubre pasado, no pudo ser el rey Felipe VI, ni el presidente Mariano Rajoy, ni los militares, quienes le pusieran frente moral a los líderes independentistas de Cataluña, especialmente a Carles Puigdemont, presidente de esta Generalidad desde 2016. Lo hizo Inés Arrimadas, diputada del partido Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña, el pasado 10 de octubre.

Arrimadas soltó un aluvión de críticas y reflexiones sobre el referendo, pero sobre todo de acusaciones graves como la de que Puigdemont habría presionado a funcionarios de la Generalidad para que votaran a favor de sus intereses so pena de perder los puestos de trabajo. Es decir, según la diputada, la iniciativa de independencia de Cataluña no es válida no solo por razones históricas de la patria, sino también porque los argumentos de corrupción que esgrimen sus líderes son también una lacra que se los come a ellos mismos.

«Con sus actuaciones ustedes han logrado que se levante una mayoría silenciada a la fuerza durante los últimos 30 años, que siendo catalanes se sienten españoles y europeos», palabras que desde el seno del Parlamento catalán levantaron tanta polvareda en España como la que Piugdemont había levantado el 1 de octubre pasado.

El debate está abierto. El referendo en Cataluña, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional de España, puso sin embargo a la sociedad española a pensar de manera directa sobre el tipo de nación en la que viven, el tipo de líderes que tienen y, sobre todo, la manera de sentirse en el mundo, ya no desde cómo la ven desde afuera, sino desde adentro mismo.

Este debate no era posible en un ambiente caldeado por el terrorismo, cuando los vientos de independencia soplaban desde el País Vasco. Ahora sí es posible a discusión pública porque, de manera paradójica, España maduró. Y una sociedad que madura se puede dar la oportunidad de pensar y revisar las actuaciones de todos, así no estén de acuerdo entre sí.

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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