El famoso youtuber de Montería, que ya tiene su propia sección en la revista Shock, ahora tiene también columna en El Meridiano. Vea usted.
Esta cháchara es publicada por autorización expresa del autor, y por cortesía de El Meridiano de Córdoba
Por Carlos José Suárez – El Turner

El Turner
Podría resumir las razones por las que creé el canal en tres: desadaptación, aburrimiento y búsqueda de honestidad. Búsqueda de honestidad porque siento que mucha gente vive repitiendo cosas en las que realmente no cree, sólo para tratar de encajar. ¿Qué los bebés son bonitos? A lo mejor. Pero cuando has sido pobre, has pasado muchas vacaciones en un pueblo llamado “El Cocuelo” y has visto a muchos bebés desnudos en la tierra, sucios de sopa, con moco en la nariz, has escuchado que les llaman “EB-BEBÉ” sin importar su nombre o sin importar que ya tengan 11 años y sigan caminando por ahí en pantaloncillo (no puedo creer que haya escrito esa palabra), empiezas a pensar que de pronto no son tan bonitos y que de pronto quieres ir corriendo a hacerte una vasectomía.
Quiero decir: ¿Soy el único que cree que esos actos cívicos de colegio en los que el gordito del 7ºB canta desafinado “Mujeres” de Ricardo Arjona y la “seño” Miladys con voz aguda y nasal “le recuerda al personal” recoger las bolsas de Boliqueso del piso, son experiencias absolutamente perturbadoras que deberían dejar de existir para siempre por el bien de la humanidad?
He visto a tantos jóvenes llenos de vida soportando martirios, martirios, por la necesidad que todos tenemos de tener un ingreso en el bolsillo a final de mes. Lo sé porque fui psicólogo y profesor en un colegio. Tengo que respirar en una bolsa cada vez que lo recuerdo… me da calor… estoy bien. El punto es que sí, he vivido en aburrimiento y desadaptación gran parte de mi vida y la única forma de encontrarle provecho a eso fue haciendo videos.
La gente a veces necesita una pequeña válvula de escape en su vida. Cuando te has pasado el día llenando documentos de Excel, tomando café en vasitos de plástico y viendo “Tu voz estéreo”, creo que puede llegar a ser un alivio que alguien por fin diga: “Ey, a mí también me parece horrible todo eso. No estás solo”.
A algunos les gusta burlarse de su propia realidad, otros la consideran algo intocable de lo cual hay que estar agradecido. Ambas posiciones son igual de válidas en la medida que no son más que diferentes formas de buscar ser felices.
Para ser honesto, creo que he usado a mi favor y jugado bastante con el hecho que, según considero, la gente de la región caribe colombiana, especialmente en las ciudades menos industrializadas, tiende a ser un poco… no sé ¿doctrinal? Me refiero a que, por elementos culturales, hay una parte de nosotros que sigue escuchando la voz de la abuela en nuestra cabeza, y que sigue considerando las tradiciones como algo sagrado. Eso hace que nuestra cultura sea un poco rígida e inflexible. Ahí es donde, cuestionar ciertas costumbres, ciertas formas de pensar y hacer humor a partir de ello, se vuelve algo relativamente fácil, porque si bien hay mucha gente diciendo “Oh, si no amas a Silvestre Dangond no eres un costeño puro, funcional y temeroso de Dios”, pero a la vez también hay mucha gente desadaptada (en el mejor sentido del término) pensando “Sí, a mí también me parece mucha coincidencia que tantas de las personas que se auto-denominan “silvestristas” sean caballeros con demandas por alimentos en su contra que tienden a estrellarse en su motocicleta luego de los partidos de la selección Colombia y señoritas ultra-fértiles con mechones amarillos en el pelo y prendas de leopardo. Qué curioso.” Y ahí encuentras un público que se identifica.
También ha jugado a mi favor algo puramente coincidencial, y ya sé, discúlpenme mis queridos lectores (siempre quise decir “mis queridos lectores”), esto va a sonar muy espanta-traseros, muy pretencioso, pero ha jugado a mi favor el hecho que me guste el rock y todo eso. Algo que fue un factor notablemente negativo en mi adolescencia, que ocurrió en gran parte por mi ineptitud social y mi dificultad para conectarme con la gente, terminó permitiéndome tener una perspectiva desde afuera.
Andar vestido de negro en una ciudad con temperaturas de 40ºC y con una manilla maloliente de Mago De Oz, finalmente rindió frutos. El hecho de no poder socializar con los demás adolescentes funcionales y temerosos de Dios que escuchaban vallenato, tomaban ron, se estrellaban en moto y embarazaban a Yuranis a los 16 años, me hizo un pequeño extranjero, sólo que mestizo y venido del lejano Cocuelo. Y ahí es donde debo admitir que difiero de las perspectivas más dogmáticas con respecto a nuestra “costeñidad”.
El hecho que escuche bandas de nerds británicos de garaje no me hace sentir ni un ápice menos sabanero que si gritara canciones de Martín Elías mientras lanzaba sillas en el festival de la rula. La región donde nací es algo que pretendo usar a mi favor, no en mi contra. De verdad disfruto de nuestro acento, de nuestro dialecto y del estilo despreocupado de nuestra gente, pero no quiero llegar a ser la clase de individuo que sube fotos de botellas de aguardiente en un bar de la calle 41 con el hashtag #Parrandita.
De resto, sé que hay mucha gente orgullosamente costeña ahí afuera que quiere romper estereotipos y demostrar que somos más que clichés ruidosos de novelas cachacas. Para ellos son mis videos. Agradezco a todos quienes han hecho crecer mi proyecto y agradezco a El Meridiano de Córdoba por dejarme fingir ser escritor. Nos vemos la próxima semana.
Nota del editor: Y nos vemos en La Cháchara contigo, Turner











