Por:Estela Monterrosa
Como todas las noches, la tienda estaba llena de gente comprando el desayuno, era jueves de la pasada semana, allí, todos chachareábamos sobre el partido que el miércoles 30 de noviembre jugaría el Atlético Nacional con el Real Chapecoence y casi todos estábamos de acuerdo, que para Nacional no iba a ser fácil.
Por:Estela Monterrosa @monterrosa1961
Habíamos visto al Chapecoence derrotar al Junior de Barranquilla, y hacerle un buen partido al San Lorenzo de Argentina y llegar a la final de la copa Sudamericana, y ese equipo joven, con ímpetu y un gran amor propio, venía con todo para alcanzar la gloria, no tenía nada que perder, pero si mucho que ganar.
Otra noche, en la misma tienda, casi todos los mismos protagonistas, pero con dolor y congoja la cháchara era otra, el avión con matrícula LMI 2933 RJ 80 de la empresa LAMIA y procedente de Bolivia, se había estrellado contra una de las montañas del Cerro Gordo, el aparato transportaba el equipo Real Chapecoence del Brasil, que llegaría a Medellín para enfrentarse al Club Atlético Nacional por la final de la Copa Sudamericana.
Un equipo que venía con las ganas, la voluntad y con el ímpetu de ganar el partido y alcanzar la gloria, pero hoy allí, quienes están con voluntad, e ímpetu y ganas, son los rescatistas y voluntarios, que en medio de la noche oscura buscan sobrevivientes, en un terreno fangoso y estrecho, las dificultades para moverse en él y la negrura de las montañas que se confunden con el cielo, no ayudan mucho para realizar la labor. Los rescatistas avanzan y logran llegar hasta el primer sobreviviente, que no es otro que el jugador Alan Ruschel, lo montan en la camilla y descienden hasta entregarlo a los otros auxiliares que se encuentran en el puesto de mando.

Los aficionados en Brasil se concentran en los alrededores del Estadio Arena Conda,y allí expresan su tristeza.
Mientras tanto, las redes sociales y las emisoras de radio, no dejan de emitir la información sobre cada minuto que pasa allá abajo donde está el avión estrellado. Los aficionados al fútbol, al equipo brasileño, y la gente en general, muchos dejan llenar sus ojos de lágrimas que en determinado momento corren por sus mejillas, otros, con sus ojos encharcados no las dejan caer. Es que la magnitud de la tragedia es inenarrable, el avión destrozado, los cuerpos regados en el sector, casi todos sin vida, pues solo 6 pasajeros fueron rescatados con vida, indican que el dolor y el impacto de esta situación es grandísima; como ha sucedido en otras historias de accidentes en el fútbol mundial, como sucedió con: el Torino de Italia en 1949; Manchester United de Inglaterra en 1958; Alianza de Lima Perú 1987, estos dentro de los más sonados. Pero la historia de este equipo Chapecoences es diferente, era un equipo joven, alegre y en busca de la gloria futbolística.
Nació por la fusión de dos clubes del interior de Brasil y rápidamente se afincó en la élite del fútbol doméstico. La Associação Chapecoense de Futebol nació hace tan sólo 43 años y su desarrollo fue vertiginoso: ascendió de la cuarta a la primera división en tan sólo seis años y, sin hacer milagros, estaba a punto de jugar la final de la Copa Sudamericana. Su fantástica progresión fue el resultado de una gestión prudente, sin inversiones desmedidas y sin aspirar a más de lo que se presentaba en su horizonte. Cada conquista fue el fruto de un trabajo mesurado y responsable. El estado de Santa Catarina es una de las regiones con menos tradición futbolística de Brasil. Avaí (Florianópolis), Figueirense (Florianópolis) y Guaraní (Palhoça) son algunos de sus clubes, Entre esas pequeñas entidades se encontraban el Atlético de Chapecó e Independiente Futebol Clube, que en 1973 decidieron unir fuerzas para superar una crisis deportiva e institucional, producto de que el fútbol de la zona se encontraba desorientado, prácticamente acabado.
El proyecto entusiasmó a los empresarios locales –sobre todo a los de la fuerte industria de embutidos de la ciudad– e incluso a algunos políticos. Chapecó es una localidad pequeña, pero representa una de las industrias agrícolas más importantes del país, lo que favoreció la idea de formar un nuevo equipo. No tardó mucho en transformarse en una potencia de Santa Catarina al ganar hasta cinco títulos y llegar a la prestigiosa Serie A del torneo brasileño hacia fines de los 70. No logró consolidarse en la máxima división y vivió dos décadas dubitativas, El estancamiento en el ámbito deportivo provocó una crisis institucional que puso su futuro en la cornisa.
Luego de estar al borde de la desaparición, el Chapecoense se reinventó. El club tenía deudas irredimibles y recurrió a un cambio de nombre legal para evitar la disolución definitiva. En 2003, apoyado por más empresarios de la ciudad, puso en marcha un proceso de reconstrucción, que culminó tres años después con la conquista de la Copa Santa Catarina. Ese título fue la piedra fundacional de la época dorada del club, en el que sumó tres de los cinco campeonatos estatales que posee. Inició un ascenso paulatino y en 2013, con solamente 40 años de existencia, regresó al Campeonato de Serie A para consolidarse como un equipo de la élite del fútbol brasileño.
Una buena actuación en la Copa de Brasil le permitió acceder a su primer torneo internacional, la Copa Sudamericana de 2015, en la que logró eliminar a Ponte Preta y Libertad de Paraguay para llegar hasta cuartos de final. Allí se topó con River Plate de la Argentina, con el que perdió la final.
Pero la gran gesta del elenco dirigido por Caio Júnior, el técnico motivador que formó una identidad basada en el equilibrio y la verticalidad en ataque, fue haberse clasificado para la final de la Copa Sudamericana, donde enfrentarían al poderoso Atlético Nacional. Este año, se convirtieron en el equipo sensación de Brasil. A falta de una jornada para acabar la Liga, alcanzaron su mejor resultado al instalarse en la novena posición de la clasificación. El último fin de semana perdieron con Palmeiras, que consiguió el título en ese encuentro, pero antes de ese partido habían vencido al San Pablo en el Arena Condá, su fortaleza.
Eliminaron al Junior de Barranquilla colombiano, y su última víctima fue San Lorenzo de la Argentina en semifinales, tras empatar 1-1 en Buenos Aires y mantener su valla invicta en el Arena Condá, donde en dos campañas internacionales todavía no conoce la derrota. El último peldaño para alcanzar la gloria era enfrentar a Atlético Nacional de Medellín, actual emperador del fútbol sudamericano por haber ganado hace pocos meses la Copa Libertadores.
Hoy el fútbol mundial les rinde homenaje y en los entrenamientos y partidos oficiales les rinden tributo guardando un minuto de silencio, todo el mundo quiere rendirle tributo a este equipo que tenía muchísimos sueños que querían cumplir y por eso llegaban a Medellín con entusiasmo, con la esperanza de alcanzar la gloria futbolística, pero alcanzaron sin saberlo la gloria eterna. Hoy el mundo futbolístico los llora y envía mensajes de fortaleza, pero el accidente del avión en el que viajaban los jugadores del Chapecoense fue un final catastrófico para un cuento de hadas.
¡¡Somos más que onze,somos chapecoences!!

















