Editorial

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«Señores de lachachara.co acaban de hacer una compilación en este rincón de la web muy valiosa que se podría catalogar una Joya literaria que a la vez sirve para nutrirnos de historia y al recorrerla con las pupilas se danza en la armonía, en la hilaridad, en la recreación, en el querer seguir bebiendo de esa fuente de sabiduría. Felicitaciones …y gracias por dejarnos deleitar en esta espacio de Lachachara.co de tus excelentes crónicas, de tu pluma….Ate. Jorge Medina Rendón».

«Excelente crónica sobre las Bodas de Roble (80 años) de El Heraldo. tanto la primera como la segunda, nada menos podía esperarse de quien por sí mismo es una escuela en el periodismo, como lo es el director de la www.lachachara.co Gracias por deleitarnos con tan brillantes escritos elaborados con el rigor del maestro que ha perdido muchas horas de sueño dedicado a la lectura y a la escritura para llegar a ser lo que es: uno de los mejores periodistas de la Costa Caribe y de Colombia. ¡Ah! me asalta una duda, porque en sus relatos usted parece un personaje intemporal. ¿A cuál escuela de El Heraldo perteneció usted? ¿A la de Fernández Ortega? ¿A la de Fernández Renowitzky? No creo que a la de Bell, porque, de ser así, no tendría la madurez para contar con tanta profundidad y conocimientos los sucesos narrados. Un abrazo, su amigo de siempre, Canuto Espejo. E-mail: espejoencarnacion@gmail.com«

Estos dos correos y muchos otros que recibimos en los últimos días nos estimulan. Pero ante todo, nos dan la certeza de que no nos equivocamos cuando decidimos honrar la memoria de un medio tradicional ya casi centenario, que para muchos de nosotros también fue nuestra propia escuela.

Como ya lo dijimos en una de las crónicas dedicadas al acontecimiento que se celebra este lunes 28 de octubre, no es fácil que un diario escrito, en los tiempos que corren, llegue a los 80 años con la fuerza y la acogida amplia de distintos sectores de la ciudad, la región y el país. Sobre todo con unas finanzas saneadas, un buen músculo financiero que le permite ampliarse hacia nuevos horizontes, si quisiera. Pero El Heraldo en eso ha sido prudente. Fue la impronta que dejaron sus tres eméritos patriarcas fundadores: Juan B. Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vengoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás.

Aquí se nos ha quedado en el tintero sin profundizar sobre su papel en el acto fundacional de El Heraldo, del empresario Enrique De la Rosa, quien a la postre fue su primer director, en momentos en que Fernández Ortega aún estaba como delegado en Panamá. Era Enrique De la Rosa un h0mbre próspero y visionario.

Dueño de una inmensa hacienda llamada El Prado, cuando el gringo Karl Parrish y su hermano vinieron en busca de socios locales para unos proyectos un poco soñadores que traían en la cabeza y en unos planos a mano alzada, fue Enrique De la Rosa el primer en prestarles atención a los dos norteamericanos. Traían los proyectos, los planos, un poquito de dólares y cartas de bancos que les garantizaban créditos si conseguían socios locales sólidos y con tierras propias.

Ni mandado a hacer les cayó Enrique De la Rosa. En su finca no solo se construyó la urbanización más moderna del país y Latinoamérica, sino el mayor y más hermoso hotel de la Cuenca del Caribe: La urbanización El Prado y el hotel El Prado tuvieron, así, la impronta de uno de los socios también muy activos del naciente periódico El Heraldo.

Uno de sus hijos se casó con una de las hijas de Luis Eduardo Manotas y, ese detalle, consolidó la presencia De la Rosa en el diario que hoy está de fiesta, muy merecidamente felicitado por propios y extraños. Y como la sinceridad no pelea con la decencia, no está demás recordarle a toda la parentela que hoy hace parte de la junta de socios y de la junta directiva: que cuiden con esmero la gallinita de los huevos de oro. No sea que les pase como a Uribe, a quien se le quebraron los tres huevitos, por confiado. Y perdió hacha, calabazo y miel.

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