Ya por lo menos hubo un encuentro previo del Superministro Martínez Neira con el expresidente y hoy Senador.
Por Chachareros
Algo tenía que ocurrir, porque el Gobierno necesitaba moverse, y Álvaro Uribe no se iba a quedar con su Centro Democrático estancado en el antigobiernismo porque era contraproducente para la propia salud del uribismo. Cuando el hombre vegeta, se pudre como los cuerpos de agua a los que no les entra oxígeno. Así de sencillo.
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Eran tiempos en que Santos escuchaba a un Presidente Uribe paternal que daba consejos a toda hora.[/caption]
Además, un Centro Democrático con unas elecciones ad portas en donde realmente el Gobierno le va a medir el aceite, necesita de manera urgente airearse. Decir por lo menos que no aprueba todo lo que está en la mesa del proceso de paz, más tiene unas reservas sobre unos puntos, y un no rotundo sobre otros.
Lo importante de este primer paso es que acabó con los llamados ‘inamovibles’ en ambos bandos. La cosa se dio de lo más suave en este primer paso entre Uribe y Gobierno para diálogo político. El miércoles el expresidente Uribe se reunió con el Super Ministro Humberto Martínez Neira, algo que bien podría calificarse como un proceso de reconciliación, o por lo menos de diálogo político.
Y es que protagonizaron el expresidente Álvaro Uribe y el ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez Neira, como enviado directo del presidente Juan Manuel Santos, es el gesto más importante de distensión en más de cuatro años de relaciones tormentosas entre el Gobierno y el uribismo.
Aunque ha habido otras aproximaciones entre las partes a través de terceros, o por medios diferentes, esta fue la primera reunión pública entre la Casa de Nariño y su principal opositor.
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Llegó el momento en que Santos empezó a pensar en la necesidad «de tener mi propia agenda, no la de Uribe».[/caption]
Esta historia, por el lado del Gobierno, surgió en el momento en que Santos le dio instrucciones a Martínez Neira de buscar el diálogo con todos los sectores políticos. Cuando el ministro de la Presidencia vio la posibilidad de extender ese puente con el uribismo, Santos lo autorizó.
Tras varios llamados de Martínez Neira a Uribe, la cita se pudo confirmar plenamente el pasado martes. El sitio fue la muy bien resguardada oficina de Uribe, como senador, en el tercer piso del Capitolio.
Se detuvo a animar a Velásquez
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Nestor Humberto rumbo a la oficina de Uribe en el Capitolio. Acercamiento uribista con el Gobierno.[/caption]
Martínez llegó puntual a las 10 de la mañana, pero tuvo que esperar, pues el exmandatario llegó un rato después debido a que se detuvo en el camino para hablar con su exsecretario general de la Presidencia, Alberto Velásquez, condenado por la ‘yidispolítica’ a 5 años de cárcel.
El encuentro tomó dos horas y, según la versión de ambos, fue “cordial”. En la charla se abordaron todos los temas de la agenda nacional. Pero, claro, la paz, como una prioridad.
La reunión estuvo tan fluida que los dos devoraron casi entera una caja de hormigas culonas que el exmandatario tenía sobre su escritorio. Fue el “pasante” del encuentro.
Aunque no hubo grandes acuerdos declarados, es significativo que Uribe haya abierto las puertas al Gobierno para el diálogo político, cosa que había rehusado hasta ahora.
Por su lado, Santos, quien está próximo a llegar al segundo año del segundo mandato y se ha impuesto el desafío de firmar el fin del conflicto con las guerrillas, es consciente de la necesidad de contar con el uribismo, aun con sus críticas, para sellar ese proceso. Esa sería la principal razón para insistir en la búsqueda de Uribe.
Y las palabras del Ministro, luego del encuentro, parecen confirmar esta hipótesis: “Para empezar hay que reafirmar que el presidente Uribe no se opone a la paz, no hay enemigos de la paz(…). La decisión del presidente Santos es abrir diálogo político y encontrar puentes de entendimiento y, con el Centro Democrático, hay que perseverar, perseverar y perseverar”.
Martínez, quien desde su cargo de segundo hombre en Palacio se ha dado a la tarea de tender puentes con los contradictores del Gobierno (ya lo ha hecho también con el procurador general, Alejandro Ordóñez), parece no cesar en su propósito.
“Fue una reunión convenida desde ayer (martes) con el expresidente Uribe, siguiendo una política de abrir caminos de diálogo con todos los sectores. Hablamos de todo y se aprovechó para hablar de paz, la economía, la inversión, el agro, la seguridad, la reforma del equilibrio de poderes”, confesó a los periodistas.
Ya es un Uribe más calmado
“Le repetí a él (a Néstor Humberto), por supuesto, con inmenso respeto, todas las preocupaciones que nosotros tenemos por la economía, la empresa privada, el orden público, las Fuerzas Armadas, y por lo de La Habana”, contó el expresidente a los reporteros.
Así dejó claro que no cederá a sus reclamos en contra del Gobierno, pero esta vez los hizo a través de un canal de alto diálogo político. Eso tiene muchas implicaciones si se recuerda como empezó la fractura entre ambas partes. Uribe es hoy la primera fuerza de oposición al gobierno de Santos, a pesar de que ayudó a su elección en 2010, a raíz de que el mandatario no continuó algunas de las políticas del primero, según lo ha dicho de manera reiterada.
Aunque hay muchas razones atribuibles a la ruptura (como el nombramiento de ministros contrarios a los intereses del exmandatario), el tema de mayor divergencia, por lo menos de manera pública, fue el proceso de paz con las Farc.
Uribe, quien marcó sus dos gobiernos (2002-2010) con una frontal acción militar contra la guerrilla, punta de lanza de su política de “seguridad democrática”, considera que el proceso de paz ha llevado al “abandono” de esa seguridad.
“Cuestionamos el abandono de la seguridad, el reconocimiento del terrorismo como actor político y que se negocie con ellos la agenda de los colombianos”, dijo recientemente Uribe.
No obstante haber sido aliados muy próximos (Santos fue el ministro de Defensa ‘estrella’ de Uribe), los dos líderes protagonizan hasta hoy uno de los duelos políticos más intensos en la historia reciente del país.
Aunque esa refriega entre los dos sectores más distantes de la política colombiana ha tenido momentos muy críticos, de lenguaje crudo, este miércoles parece haber comenzado la construcción de un nuevo escenario, mucho más moderado, de entendimiento; prueba de ello podría ser lo que dijo el enviado de Santos a hablar con el exmandatario: “El expresidente Uribe es un patriota”.
Aquella reunión a puerta cerrada
La última vez que el presidente Juan Manuel Santos se reunió con el exmandatario Álvaro Uribe fue el lunes 10 de enero del 2011, en Rionegro (Antioquia). Ese encuentro sería el detonante que propició que ambos líderes se alejaran, algo que se acrecentó con el paso del tiempo.
La cita que se dio en la finca del expresidente Uribe, luego de que este sufrió una caída de uno de sus caballos, fue privada y se conoció que hubo una discusión entre ambos.
En su momento se dijo que Uribe cuestionó a Santos por el nombramiento de algunos ministros, porque los habría considerado como contradictores de él.
Allí también habría cuestionado la aproximación de Santos con el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez, a quien el mandatario incluso llegó a llamar como “mi nuevo mejor amigo”.
Esta cita en Antioquia se dio cerca de dos meses después de que ambos sostuvieran su último encuentro en Palacio, que fue el 13 de octubre del 2010. Desde ese día Uribe no volvió a pisar la Casa de Nariño.
Tras estas citas, comenzó la férrea oposición del exmandatario Uribe al gobierno del presidente Santos, que se acrecentaría definitivamente el 4 de septiembre de 2012, momento en que se hizo oficial el comienzo de los diálogos de paz con las Farc.
La posibilidad de un proceso con las Farc la evidenció Santos en su discurso de posesión presidencial, en el 2010. “Es posible tener una Colombia en paz, una Colombia sin guerrilla, ¡y lo vamos a demostrar!”, dijo Santos ese día.
La distancia entre los 2 cada vez más grande
Es de conocimiento público que son muchos los temas que distancian política, ideológica y personalmente al presidente Juan Manuel Santos y al senador Álvaro Uribe, pero –sin duda– el que no ha permitido acercamientos concretos, y de hecho impulsó su ruptura, está relacionado con los diálogos de paz con las Farc.
Para Uribe es inconcebible que su exministro de Defensa, a quien ayudó a llegar a la Casa de Nariño bajo la tesis de la seguridad democrática, haya decidido negociar con “un grupo terrorista”. Incluso, cuando Santos aceptó que en Colombia había un conflicto interno –paso que dio en la Ley de Víctimas– la reacción de Uribe fue en contra.
El expresidente insiste en que es necesario que la cúpula de las Farc pague cárcel y que es perentorio dejar de “igualar a la Fuerza Pública con un grupo terrorista”.
Santos, por su parte, tiene como principal bandera política de su gobierno ponerle punto final a más de 50 años de guerra. Santos y Uribe trabajaron juntos por muchos años, al punto que el primero, en el 2005, fue un pilar clave en la consolidación del Partido de ‘la U’, que impulsó la reelección del segundo en el 2006. Esto catapultó a Santos para llegar al Gobierno como ministro de Defensa.
Pero ya de presidente, cargo que asumió en el 2010, comenzó a tomar distancia de Uribe. No solo por la paz, sino, por ejemplo, por el nombramiento en su gabinete de férreos opositores del exmandatario como Germán Vargas, quien llegó a la cartera del Interior y de Justicia, y Juan Camilo Restrepo, que fue designado ministro de Agricultura.
También se alejó de su antecesor luego de que este retomara relaciones diplomáticas con Venezuela, ya que incluso invitó a su posesión al hoy fallecido Hugo Chávez. Además, se han alejado por el manejo de la economía y la seguridad.
La primera Dama, María Clemencia Rodríguez, y su antecesora en Palacio, Lina Moreno, se vieron la semana pasada en Medellín. Fue un encuentro casual –y muy cordial– que contrasta con la fría relación que tienen sus esposos: Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Esto no influyó en la cita de este miércoles, pero es un antecedente en la búsqueda de puentes entre Palacio y el uribismo.
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