Opinión

Crimen perfecto

Por Jorge Guebely [caption id="attachment_14025" align="alignright" width="300"]Jorge Guebely, escritor, PhD en Literatura, columnista invitado en Lachachara.co Jorge Guebely, escritor, PhD en Literatura, columnista invitado en Lachachara.co[/caption]

‘Crimen perfecto’ llamó Baudrillard al asesinato de la verdad. Políticos y empresarios la exterminaron a punta de artificiosos discursos para fomentar sus propios intereses. La perdieron, no como una aguja en un pajar, sino como una aguja en un millón de falsas agujas. Distorsión que les sirve para consolidar poder.

Asesinato de la verdad era el discurso de Uribe por la paz. Nunca una propuesta militarista fue eficaz en pueblo alguno. Ni Hitler con tanto millones de muertos en su conciencia, ni Truman con las dos bombas sobre Japón. Arrasaron con todo, pero no hubo paz. Normal si los militares están formados para la guerra, no para el entendimiento, fundamento de cualquier acuerdo social según Einstein.

También lo era el discurso las farc. Eran los menos indicados para hablar de paz con justicia social. Sus estrategias de guerra eran infames. Sus arengas fueron permanentemente desmentidas por los hechos. En fin de cuenta, también eran militaristas y el espíritu militar es igual en la derecha o en la izquierda. Basta recordar a Stalin y sus campos de concentración. Ellas mismas tuvieron campos de concentración en las selvas colombianas.

Tanta seducción por la fuerza bruta termina aniquilando la inteligencia. Incluso, también asesina la realidad la propuesta del presidente Santos. Su diálogo es menos violento pero igualmente criminal. El triunfo del espíritu liberal, diferente al conservador que todo lo resuelve a balas, no es menos imperial. Le exigen casi todo a la  guerrilla y poco ofrece el Estado. Por el contrario, nuestros políticos se muestran soberbios como si hubiesen obtenido una victoria militar. Conservan y profundizan los mismas malestares sociales que promovieron el fusil y el monte: exclusión, impunidad, desempleo, hambrunas… Males que siguen tan vigentes como hace 50 ó 200 años, agravados por los altísimos niveles de corrupción. La delincuencia estatal está alborotada y nadie la detiene. Por ningún lado se perfilan los mecanismos para desmontar las brechas sociales: económicas, salariales, culturales; el verdadero motor de las debacles sociales.

Y ante tanta proliferación de falsos discursos pro-paz, toca identificar los que fomentan la guerra en su nombre: los que promueven privilegios para los poderosos e  indignidad humana para los excluidos. Toca volver a los sabios de la tribu, a Spinoza quien creía que: ‘La paz no es la ausencia de guerra; es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, a la confianza y a la justicia’. Y es esto lo que no existe en muchos promotores de la paz colombiana, otros criminales de la verdad.

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