En esta zona del país se están cerrando las puertas de la vieja guardia de gamonales, pero también se cerraron las de la izquierda populista. Un nuevo perfil empresarial domina el escenario político.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
Las elecciones locales de 2007 podrían ser fijadas como el antes y el después de la historia política reciente de Barranquilla y el Atlántico. En dichas elecciones, José Name Terán, uno de los más fuertes caciques políticos de todos los tiempos no solo en la Costa sino a nivel nacional, vio cómo naufragaba su aspiración de convertirse en Gobernador del Atlántico. Name había sido Senador de la República durante más de tres décadas y había llegado a ser incluso Ministro de Trabajo. Nacido en Sincelejo, quería retirarse de la vida pública con una corona de gobierno en el Departamento que acunó su carrera política.
Presentó su nombre en alianza con los también caciques electorales Roberto Gerlein, del Partido Conversador, y Fuad Char, de Cambio Radical, quien además presentaba a su hijo Alex Char como candidato a la Alcaldía de Barranquilla. Con tanto poder político y económico unido, era impensable que Name perdiera. Pero sucedió lo inesperado: Eduardo Verano de la Rosa, que venía con una imagen menos ligada a la corrupción y también tenía el pergamino de Ministro (de Medio Ambiente), lo venció en una campaña histórica.
Algunos conocedores del tema dicen que a Name lo traicionaron sus propios aliados, pero esa historia es para otro análisis. El hecho probado es que ese resultado electoral de hace ocho años cambió para siempre el panorama político del poder en Barranquilla y en el Departamento. La casa política Name vio morir poco después a su figura más prominente, José Name, y aún hoy se siente su ausencia en la capacidad de maniobra del grupo, a pesar de que su hijo José David Name heredó su curul y funge en la actualidad como Presidente del Congreso; y también a pesar de que David Name, el gurú empresarial de la familia, sigue luchando por capotear los nuevos vientos.
La era de Alex Char y el poder de los empresarios
En aquel momento Alex Char sí ganó la Alcaldía y empezó a trazar una senda de dominio de la política local que lo catapultó a los escenarios nacionales. Con márgenes de aceptación cercanos al 100% pudo elegir para el siguiente período en la Alcaldía a su entonces secretaria de Hacienda, Elsa Noguera, y está a punto de presentarse de nuevo para las elecciones, sin que haya en Barranquilla un rival a la vista capaz siquiera de enfrentarlo.

«No entreguemos nuestro futuro a los HP de la casa Char», gritó eufórico en su cumpleaños el ‘Padre’ Hoyos.
Ya de tiempo atrás la izquierda política había venido perdiendo terreno en la ciudad. Desde el segundo período de gobierno de Bernardo Hoyos Montoya, que resultó nefasto para la ciudad y para el dirigente (él y su heredero político, Guillermo Hoenisgberg, terminaron presos por corrupción), los barranquilleros empezaron a rehuirle a esa izquierda que tenía más de populismo que de alternativa seria de poder. Hoy no quieren ver ni en pintura a un aspirante de esa cuerda de pensamiento. Por más que el «Padre» Hoyos grite improperios en el Rincón Latino.
Es en ese mapa en el que Alex Char se rodeó de una nueva clase empresarial con ambición de poder político. Primero, porque había el vacío que dejaron los viejos cacicazgos; y segundo, porque el delfín de la casa Char y su muy capaz escudera Elsa Noguera lograron que los barranquilleros vieran en ellos el símbolo de la dirigencia política con perfil ejecutivo.
Y entonces, figuras que entonces estaban a la sombra de lo que decidieran los gamonales, empezaron a ser visibles junto a Alex Char.

Por punta y punta los hermanos Segebre coronan esta foto, en la que junto a colegas periodistas también aparece Ramón Dávila. Son ejemplo del nuevo poder.
Aparecieron los hermanos Daes (propietarios de Tecnoglass, entre otras empresas, y quienes comenzaron como aprendices políticos de la casa Name), los Segebre (sobre todo Jorge «El Chirri», que es el poder detrás de su hermano, el gobernador José Antonio Segebre); y en la sombra pero con un peso específico en sus opiniones y decisiones, otro joven empresarial, Julio Eduardo Gerlein Villa. A boca llena y ante sus más cercanos amigos asegura que no le gusta la política. Y siempre termina en esas reuniones hablando de política, con un conocimiento que asombra. Es el heredero con más proyección de los Gerlein desde el sector privado, siguiendo la herencia de su padre, el empresario Julio Gerlein Echeverría, y no la de su tío, el Senador Roberto Gerlein. También ganaron protagonismo Antonio Celia (Presidente de Promigás y uno de los empresarios costeños más perfilado a nivel nacional por sus liderazgo industrial y social), Samuel Azout (heredero de almacenes Vivero, hoy accionista de Éxito y también muy entusiasta en proyectos de responsabilidad social) y Jaime Pumarejo (el heredero de mayor fuerza entre los propietarios de El Heraldo y ejecutivo efectivo en los proyectos que lidera, como es el caso del Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe).
Lo que le espera a Barranquilla como ciudad-empresa
«Podremos tener toda la plata y todo el poder político de Barranquilla, pero si la ciudad no tiene futuro, tampoco nosotros lo tendremos». Esta frase, que todavía no se sabe quién de ellos la dijo, sirvió para que esa nueva clase empresarial le arrebatara el poder a sus antiguos jefes y empezara a perfilar esa ciudad que hoy se regodea como la de mayor crecimiento en infraestructura y construcción de Colombia y que tiene la visión de convertirse en la más importante de Centroamérica y del Caribe.
«La nueva estrella del Caribe es lo que será Barranquilla con nuestros proyectos», dijo en entrevista con Lachachara.co Cristian Daes, CEO de Tecnoglass y principal gestor del Superpuerto de Aguas Profundas Bocas de Cenizas, un proyecto que ya está en construcción en la desembocadura del río Magdalena y que cambiará para siempre el paisaje portuario de Colombia.
Pero no todo es color de rosa en el camino del nuevo poder empresarial. El líder más visible, Alex Char, ha cometido precisamente excesos con ese poder, por lo que ha terminado en serias investigaciones penales y administrativas. Basta con recordar que todavía debe responder por el caso de las miles de casas que construyó con su desaparecida firma inmobiliaria en terreno arcilloso del nororiente de Barranquilla y que terminaron cayéndose. Uno de sus más cercanos aliados empresariales y políticos reveló a Lachachara.co que Alex Char ha decidido pagar por encima y por debajo todo lo que debe para «resolver» a como de lugar todos los entuertos y poder así presentar su nombre a la Alcaldía. «Solo tiene que negociar con tres querellantes que faltan en el lío de las casas, porque el resto ya lo resolvió», dijo la fuente que pidió no revelar su nombre.
Visto en forma práctica, es tan inhumana la espera que han tenido que sufrir los afectados por las casas de Altos del Campo y otras urbanizaciones en el nororiente barranquillero, que la noticia de que Alex Char se dispone a pagar resultaría siendo buena. Sin embargo, también puede deducirse que el empresario terminará aceptando su grave responsabilidad solo una década después, no por justicia o moral, sino por su interés personal.
La inmensa mayoría de los barranquilleros parece estar dispuesta a aceptar ese trueque que propone el hombre más poderoso de la ciudad, porque al fin y al cabo su gestión de gobierno y la de su sucesora son la principal causa del crecimiento económico de Barranquilla. Y mientras haya una mejor economía habrá generación de empleo, subirá el nivel de calidad de vida y se mantendrá alejado el fantasma de los candidatos populistas que gritan mucho pero no hacen nada y se roban todo el erario cuando llegan al poder. Así que es casi un hecho que, si Alex Char se presenta como candidato a la Alcaldía, ganará. Salvo que ocurra un suceso histórico del calibre de lo ocurrido a José Name en las elecciones de 2007.
Habrá que ver entonces si ese auge de la ciudad sigue «floreciendo para todos» y si la clase empresarial bajo la batuta de los Char mantiene su ambición en una justa medida. No olvidemos que el poder aturde, como ya le pasó una vez al que se perfila de nuevo como el futuro alcalde de Barranquilla.

















