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Editorial.- Las Farc se burlan otra vez de los colombianos

Esta era la intención número 11, en 30 años, que el Estado en forma generosa abrió las puertas del diálogo a los dos grupos jurásicos que todavía se denominan ‘defensores del pueblo con las armas empuñadas’. 

El país está consternado, y con toda razón, por el frenazo abrupto que ha dado el Gobierno del Presidente Santos a los diálogos de paz en La Habana. Porque son una farsa. No por culpa directa de los rumberos jefes guerrilleros que están gozándosela de lo lindo en la isla de su  ídolo Fidel, sino de los ideólogos de extrema derecha que tienen conexiones estrechas con el narcotráfico.  Digamos que en La Habana está la gente chévere de las Farc. En el monte se quedaron los que tienen nexos indisolubles con el narcotráfico, y este con la ultraderecha.

El Negro Acacio

Alias ‘El Negro Acacio’, uno de los primeros jefes de las Farc convertido en capo del narcotráfico. Fue dado de baja por el Ejército.

Ese sector es el que ha mantenido el acoso a estaciones de policía en poblaciones vulnerables, ataques con bombas a pueblos enteros contra hombres mujeres y niños, mataron a dos indígenas cuya etnia en forma admirable y digna de aplauso supo castigarlos, secuestraron a dos soldados, y de ñapa este domingo secuestran a todo un General de la República. Esa fue la gota que derramó la copa.

Por eso será difícil lograr que haya paz en Colombia. Porque, no nos digamos mentiras, hay en las altas esferas de los poderes políticos, ejecutivo y judicial, personajes que admiran y responden a la tendencia que les marque la ideología de ultraderecha, en un momento en que los ideólogos de la ultra izquierda se civilizaron y adelantan sus debates de frente a la opinión pública.

Por el contrario, los ideólogos invisibles de la ultraderecha hacen los debates a escondidas. Han facilitado y fortalecido la corrupción y la multiplicación  de las llamadas bandas criminales que se dedican al satánico e infame microtráfico en todos los rincones de Colombia, mientras que la coca de primera la envían a Estados Unidos y Europa.

En las dos administraciones antes de Santos se vendieron numerosas empresas del Estado a empresarios fantasmas que hasta se dieron el lujo de ponerle un número cabalístico a una empresa de tanta tradición en Colombia como Adpostal. Ahora se llama7/442 o algo así.  Los empresarios misteriosos compraron Adpostal a precio de huevo, el Estado se responsabilizó de la deuda labora, que todavía no ha terminado de pagar y numerosos trabajadores han muerto esperando esa paga o la pensión.

En varias regiones del país se han adjudicado los juegos del chance a dueños anónimos que no se sabe si son los verdaderos propietarios o los mensajeros de los dueños.

De tal manera que detrás de todas estas extrañas posturas de las Farc hay un momento histórico lamentable. Nunca jamás esa guerrilla volverá a tener un mando central homogéneo. Ahora es una colcha de retazos, en donde, por un lado están los que no despiertan todavía del sueño que vivieron al lado de Jacobo Arenas y Tirofijo. Les sucede lo mismo que a Maduro, que cada día está más loco que una cabra hablando del Chávez que se le presenta en forma de pajarito y le dice qué debe hacer y qué no debe aprobar. Claro que acá en las Farc el asunto es más deprimente. Da dolor de patria que tantos colombianos hayan muerto en medio siglo de guerrear contra el Estado, para que ahora sean unas marionetas de un poder invisible de la ultraderecha con su brazo armado que es el narcotráfico, y un sector de jefezuelos de las Farc que claramente son hoy capos del narcotráfico en las zonas rurales, no urbana como los carteles del pasado reciente.

Martín Caballero

Alias ‘Martín Caballero’, el azote homicida de los Montes de María, muerto cuando ya era otro jefezuelo que custodiaba las rutas de la coca en su zona.

A esa disidencia de las Farc no las manejan los guerrilleros jubilados que están en las conversaciones de La Habana. Son jóvenes ambiciosos, con el perfil homicida  del Mono Jojoy, pero con una mejor formación y conocimiento de los negocios. Manejan información y saben llegar fácil a las comunicaciones que les interesa. Gracias a sus socios los ideólogos de ultraderecha que están en las altas esferas de las tres ramas del poder público.

En esas circunstancias Santos no tiene nada qué hacer. Está empujado por la circunstancia a seguir los pasos trazados por la ideología de ultraderecha, echarles plomo a todo lo que se mueva en las montañas por donde transita la coca. Porque esa es la cabeza de la culebra. La coca. Y el que maneja esa culebra como buen culebrero paisa es eso que se denomina “la ideología de ultraderecha”.

Sin duda, vendrán los debates en el Congreso. Le dirán hasta rabo de mico a Santos. Más serán muy pocos las mentes serenas y reflexivas que analicen con cabeza fría el trasfondo de lo que ha sucedido, paso a paso, desde cuando Santos en su segundo mandato abrazó la bandera de la paz. Simultáneamente con el viaje de los jefes de las Farc a La Habana, empezaban las acciones armadas de los guerrilleros-narcos que se quedaron acá en el monte. Fue un cronograma gota a gota. Un toma y daca de acuerdo a los movimientos que se hacían en la mesa de diálogos en la capital cubana. Hasta que dieron el golpe de gracia. Y surge la pregunta del millón: ¿qué carajos hacia todo un General en zona roja, sin escoltas porque él mismo les dijo que se fueran porque no eran necesario? Es una pregunta que induce a una reflexión profunda, si se tiene en cuenta que había sectores de los altos mandos militares malquerientes de los diálogos con las Farc.

Lo que la gente del común piensa es que una vez más las Farc se burlaron del país. Pues digamos que sí, pero que detrás de lo que se llaman Farc, hay otras “farc” con más poder porque tienen toda la plata del mundo y las mejores armas gracias al multimillonario negocio del narcotráfico que vienen haciendo con narcos profesionales graduados en los carteles que desaparecieron. Esa es la triste verdad que vive Colombia.

 

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