Por: Francisco Figueroa Turcios
La historia de los hermanos Cèsar e Iván De la Hoz Barraza representa la esencia del fútbol de Puerto Colombia: familia entera apostándole todo por un balón.
Padres como Cèsar de la Hoz Rodrìguez y Dilia Rosa Barraza Barraza haciendo sacrificios invisibles y el pueblo porteño entero celebrando cada convocatoria como si fuera una victoria propia. Porque detrás de cada futbolista que llega al profesionalismo existe una población que también juega el partido desde la esperanza.
Hoy, el recuerdo de César e Iván de la Hoz permanece como una de esas historias que dignifican el fútbol colombiano. Dos hermanos de Puerto Colombia que entendieron que el verdadero triunfo no era solamente llegar al profesionalismo, sino caminar juntos hasta la meta.
Y en tiempos donde el fútbol suele medirlo todo en cifras y contratos, historias como la de ellos recuerdan que todavía existen victorias que se cuentan mejor desde el corazón que desde las estadísticas.
Lesión de Cèsar favoreció a Iván

Foto: Cèsar de la Hoz
César de la Hoz, el hermano mayor, fue quien abrió el sendero. Su talento lo llevó primero al fútbol profesional colombiano con el Cúcuta Deportivo y posteriormente al Deportes Tolima, experiencias que moldearon a un defensor fuerte, disciplinado y respetado. Mientras tanto, Iván seguía creciendo bajo la sombra protectora de su hermano, aprendiendo silenciosamente cada secreto del oficio.
El destino terminaría reuniéndolos en el Atlético Quindío. Iván fue a probar sus condiciones en el equipo de reservas del Atlético Quindío.. Pero fue en la temporada de 1982 cuando los astros parecieron alinearse para cambiar definitivamente la historia familiar.
César se había consolidado como defensor central titular del Quindío junto a Jorge Bermúdez. Sin embargo, en la tercera fecha del campeonato, durante un partido entre Atlético Quindío y Unión Magdalena en Armenia, una lesión obligó a César a abandonar la formación titular.

Foto: Iván de la Hoz
Aquella ausencia inesperada abrió la puerta que Iván llevaba años esperando. El técnico Severiano Ramos decidió brindarle la oportunidad al joven defensor porteño. Lo que parecía una solución temporal terminó convirtiéndose en una revelación futbolística. Iván debutó con una personalidad impropia de un novato. Mostró firmeza en la marca, seguridad en los cierres y una serenidad que sorprendió incluso a los más veteranos del plantel.
Partido tras partido, Iván comenzó a ganarse el respeto de la hinchada y del cuerpo técnico. Su rendimiento fue tan sólido que, cuando César logró recuperarse de la lesión, Severiano Ramos tomó una decisión inesperada: mantener a Iván en la defensa titular y adelantar a César hacia la posición de mediocampista mixto.
Aquella determinación del entrenador terminó convirtiéndose en uno de esos episodios que solo el fútbol puede escribir. El hermano mayor, que había abierto el camino profesional, ahora cedía espacio para que el menor brillara con luz propia. No hubo celos ni rivalidades. Hubo respeto, orgullo y la satisfacción silenciosa de ver cómo el apellido De la Hoz comenzaba a consolidarse en el fútbol colombiano.

Foto: Cèsar de la Hoz
«Fue una experiencia inolvidable Iván entró a reemplazarme después de lesionarme entonces hizo pareja con Jorge Bermúdez y después de recuperarme el técnico Severiano Ramos dejo a mi hermano en la titular y a mi me puso de volante así se da la oportunidad de jugar juntos muchas fechas en el Atlético Quindío» recuerda Cèsar de la Hoz, sobre su vivencias con su hermano Ivàn.
La historia de César e Iván representa el alma del fútbol costeño de aquella época: familias enteras apostándolo todo por un balón, hermanos empujándose mutuamente hacia el éxito y muchachos de provincia que encontraron en el deporte una oportunidad para desafiar el destino. Porque en el fondo, más allá de las estadísticas y las alineaciones, el fútbol siempre termina siendo una historia de familia.
.Jugaron Juntos…

Foto: Roque Fontalvo, Jorge Bermúdez, Luis Norberto Gil, Iván De La Hoz, Mario Giraldo, Abel Lobaton y Miguel Manzi Abajo Cesar de la Hoz, Juan Segura , Horacio Ferrin y Ruben Pajarito Díaz
El 28 de marzo, el estadio San José de Armenia quedó marcado en la memoria de una familia que hizo del fútbol un lenguaje de hermandad. Aquella tarde, en medio de la intensidad del clásico del Eje Cafetero entre el Atlético Quindío y el Deportivo Pereira, los hermanos César e Iván De la Hoz escribieron juntos la primera página de su historia en el fútbol profesional colombiano.
El marcador terminó favoreciendo 1-0 al Deportivo Pereira, pero el resultado quedó reducido a una anécdota frente al significado humano de aquel instante. Mientras las tribunas respiraban la pasión del clásico regional, dos hermanos compartían por primera vez el mismo uniforme, el mismo césped y el mismo sueño construido desde los días humildes de barrio, cuando el balón rodaba sobre calles polvorientas y la ilusión parecía más grande que la propia cancha.

Foto: Cèsar De la Hoz disputa el balón con Palavecino
César, defensor aguerrido, e Iván, joven promesa que comenzaba a abrirse camino, encontraron en el Atlético Quindío el escenario perfecto para unir sus destinos deportivos. No era solamente un debut compartido: era la confirmación de que el sacrificio familiar, las largas jornadas de entrenamiento y las renuncias silenciosas podían transformarse en un momento eterno.
«Haber jugado en el Quindío significó mucho para mi, y eso me llevaba a soñar en grande, quería jugar en el futbol de Italia, pero no se dio la oportunidad. Después de que el equipo entra en una tremenda crisis económica, pagos super atrasados, sucedió de todo, los últimos partidos presentamos el equipo de reservas porque los veteranos se pararon, hubo licenciamientos, entre esos cayo Cesar, regrese a Barranquilla en vacaciones. Aquí en la Capital del Atlántico se me presento una muy buena oferta laboral y la acepte, no lo pensé en decirle adiós al fútbol profesional para buscar una estabilidad económica que en ese momento no me brindaba el balompié. Fue una decisiòn dura, pero se impuso más la razón que el corazón» reseña Iván de la Hoz .
Los hermanos César e Iván de la Hoz quedaron inscritos en las páginas históricas del Atlético Quindío al convertirse en una de las pocas parejas de hermanos que vistieron simultáneamente la camiseta del conjunto cafetero. En la temporada de 1982, bajo la orientación técnica de Severiano Ramos, ambos compartieron camerino y cancha, escribiendo un capítulo especial en la memoria del club.
Aquella coincidencia familiar transformó cada partido en una escena cargada de simbolismo: dos hermanos unidos por la sangre, el esfuerzo y la pasión, defendiendo la misma camiseta en los estadios del país. Más allá de los resultados, de Cèsar e Iván De la Hoz Barraza dejaron una huella afectiva en la afición quindiana, que encontró en ellos el reflejo de los valores tradicionales del fútbol colombiano
Jugar en Junior fue un sueño que les quedó pendiente..

Tolima 1971:Rafa Reyes, Luis Villareal, Iván Lozano, Dumas Guette, César de la Hoz y Ciro Reyes.
El sueño de jugar en Junior siempre acompañó a los hermanos César e Iván De la Hoz desde los días de infancia, cuando jugaban fútbol en las calles de Puerto Colombia y el corazón vestido de rojiblanco. Como muchos jóvenes de la Costa Caribe, crecieron admirando al Junior de Barranquilla, imaginando que algún día defenderían sus colores en el estadio Romelio Martínez y escucharían su nombre coreado por la afición.
La vida, sin embargo, les trazó un camino distinto. Aunque lograron llegar al fútbol profesional colombiano y escribir páginas memorables con el Atlético Quindío, el gran sueño de vestir la camiseta del equipo de sus amores nunca pudo concretarse.
Quizás esa sea una de las historias más humanas del fútbol: no todos los sueños se cumplen exactamente como fueron imaginados. Sin embargo, César e Iván de la Hoz alcanzaron algo que también merece un lugar en la memoria. Mientras miles de aficionados soñaban con jugar algún día al fútbol profesional, ellos llegaron hasta allí y dejaron su huella. El Junior fue el sueño que quedó pendiente; la hermandad, en cambio, fue la victoria que sí lograron conquistar sobre el césped y en la vida.











