Por: Francisco Figueroa Turcios
En el departamento de Sucre donde durante décadas la política fue narrada casi exclusivamente con voz masculina, Lucy García Montes irrumpió como un símbolo de transformación silenciosa, pero contundente.
Desde Sincé, municipio sucreño , donde abundan los campesinos y mujeres resilientes, emergió una dirigente que no sólo conquistó las urnas, sino también un espacio reservado históricamente para hombres.
La revista Forbes Colombia volvió a incluir, por tercer año consecutivo, a Lucy García entre las mujeres más influyentes del país. El reconocimiento no llegó únicamente por ocupar un cargo público; llegó porque su nombre empezó a representar liderazgo, capacidad de gestión y una ruptura histórica: convertirse en la primera mujer elegida por voto popular como gobernadora de Sucre.

Su presencia en ese listado tiene un peso simbólico profundo. Allí comparte espacio con mujeres que hoy son referentes globales desde distintos escenarios, como Shakira y Karol G, capaces de transformar la música en identidad cultural; junto a líderes de la ciencia, la tecnología y la innovación como Liliana Villarreal y Karen Scarpetta. Mujeres distintas, provenientes de mundos diferentes, pero unidas por algo esencial: abrir caminos donde antes había muros invisibles.
La historia de Lucy García también puede leerse como la historia reciente de muchas mujeres del Caribe colombiano. Mujeres acostumbradas a liderar hogares, comunidades y procesos sociales desde el anonimato, pero que durante años fueron relegadas de los grandes espacios de decisión. Su llegada a la Gobernación significó para muchas sucreñas la posibilidad de verse reflejadas en el poder sin renunciar a su identidad ni a sus raíces.
Foro Mujeres Poderosas 2026

El reconocimiento de Lucy García Montes no quedó únicamente plasmado en el listado de mujeres más influyentes de Colombia. También coincidió con el anuncio de la sexta edición del Foro Mujeres Poderosas 2026, impulsado por Forbes Colombia, un escenario pensado para reunir a lideresas que hoy están transformando la política, la ciencia, la tecnología, la cultura y el tejido empresarial colombiano.
Ese foro simboliza algo más profundo que un encuentro de figuras reconocidas. Representa una época en la que las mujeres comenzaron a disputar y ocupar espacios históricamente vedados, construyendo nuevas maneras de ejercer el liderazgo desde la sensibilidad social, la gestión y la capacidad de diálogo.
En ese contexto, las palabras de Lucy García adquirieron un tono que desbordó lo institucional y se conectó con una realidad social largamente postergado.

La frase parece resumir la esencia de una nueva generación de liderazgos femeninos en el Caribe colombiano. No se trata de una disputa de géneros, sino de la construcción colectiva de oportunidades en territorios donde muchas mujeres han sostenido durante décadas el peso silencioso de las comunidades sin recibir reconocimiento público.
En Sucre, donde las mujeres han sido columna vertebral de los hogares campesinos, de los mercados populares y de las economías familiares, la llegada de Lucy García al poder abrió una conversación distinta sobre representación y participación. Su figura terminó convirtiéndose en una señal para niñas y jóvenes que crecieron viendo la política como un territorio distante.











