El senador Fernando Araujo Rumié es a los 31 años el «hombre fuerte» del Centro Democrático en Bolívar. Es hijo del ex ministro Fernando Araujo, que duró seis años secuestrado por las Farc.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
A los 17 años, Fernando Araujo Rumié solo quería «tener novias, ropa de marca, carros y andar de fiesta». La vida lo empujó brutalmente. Sin haber cumplido la mayoría de edad, las Farc secuestraron a su padre, el ex ministro Fernando Araujo Perdomo, a quien mantuvieron durante más de seis infinitos años en cautiverio. «El ser humano no debería atravesar lo negativo para sacar lo mejor de sí, pero así me tocó», recuerda el senador cartagenero, que con 31 años es uno de los más congresistas más jóvenes.
Su aspecto físico apenas ha variado desde aquella famosa foto de primera plana del 5 de enero de 2007 en la que aparece gordo y con la piel rosada abalanzándose sobre su padre, quien acababa de recobrar la libertad y había aparecido «flaco, demacrado y con los ojos saltones, con cara de loco», después de huir de sus captores y atravesar la selva durante cinco días, comiendo y bebiendo de los cactus que encontraba.
El viernes pasado tuvo una intensa jornada de trabajo. Comenzó a las seis de la mañana chateando con su jefe político, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, luego atendió varias entrevistas telefónicas y a las nueve salió a la Torre del Reloj a liderar las protestas contra la visita oficial a Cartagena del mandatario venezolano Nicolás Maduro; durante la tarde tuvo varias reuniones políticas, la última hasta altas horas de la noche con líderes del barrio El Pozón, ubicado en el extremo nororiental y que es el más grande, más poblado y más pobre de la ciudad.
Sentado en la recepción de uno de los hoteles construidos por su familia, de las más prestantes de la exclusiva sociedad cartagenera, y vestido con camisa tipo polo, jeans y zapatos tenis, se dispuso a contar cómo pasó de ser un «joven como cualquiera» a convertirse en uno de los herederos de la ideología de la seguridad democrática del presidente Uribe.
El 4 de diciembre de 2000 su padre fue secuestrado por el frente 37 de las Farc. Al principio se desesperó. Su padre, que se había separado de ellos y vivía con una segunda esposa, seguía siendo sin embargo su norte. «Todos creen que somos millonarios, la verdad es que al poco tiempo del secuestro tuvimos que declararnos en bancarrota».
De aquella experiencia tomó tres decisiones capitales: «Tuve que aprender primero a perdonar, porque veía en los noticieros imágenes de guerrilleros de mi edad y los vi como víctimas, igual que mi padre, igual que yo». También aprendió a vestir de luto. Con el paso de los días, de los meses, de los años, empezó a vivir como si su padre hubiera muerto. «Pero eso me empujó a no desperdiciar mi tiempo, a valorar la vida». Y como tiene dos hermanos menores «que necesitaban un ejemplo a seguir», como muchos jóvenes colombianos que estaban en una situación igual o peor, tomó la decisión de «ser ese ejemplo para mis hermanos y para todos los niños víctimas de la guerra».
En un principio, Araujo se volvió crítico del Gobierno de Uribe porque lo veía como un «hombre terco y entregado a la guerra, que se negaba de manera sistemática a firmar el acuerdo humanitario» con las Farc. Pero la guerrilla puso en octubre de 2006 una bomba contra la Escuela Militar en Bogotá, lo que hizo que cambiara su forma de pensar. «Me di cuenta que las Farc no buscarían nunca la paz, sino presionar al gobierno y amedrentar a la sociedad con el terrorismo «.
Desde entonces Araujo ha hecho política en Bolívar. Antes de afirmar que lo hace para vincular a jóvenes en el Centro Democrático, se le escapa la palabra «reclutarlos».
Ahora es opositor de Santos. Dice que el presidente no debió abandonar las banderas de Uribe ni «legitimar la actividad terrorista como mecanismo de cambio político». Para Araujo, encuentros como el que tuvieron el viernes pasado en Cartagena los Presidentes Santos y Maduro son «impresentables. No es justo que para lograr respaldo a las negociaciones con las Farc, Santos se alíe con el gobierno venezolano, que persigue y tortura a sus jóvenes estudiantes».
Aunque se mueve en una camioneta blindada y con dos escoltas a su lado, Araujo manifiesta sentirse seguro porque aún no es «visible» en el Congreso. Pero considera que Uribe creó el Centro Democrático para ceder su legado y «está construyendo su salida» haciendo que en el partido se vea la participación relevante de los jóvenes. Este intento de Uribe de estimular el surgimiento de figuras que lo hereden ya se había visto en el final de su segundo gobierno, con el fracaso de Andrés Felipe Arias, quien entonces era un joven ministro con perfil presidenciable y ahora es un prófugo de la justicia condenado a 17 años de cárcel por los manejos fraudulentos del programa económico Agro Ingreso Seguro. Araujo no lo considera un fracaso y en cambio afirma que la condena fue «injusta y politizada contra un joven brillante, sin igual».
Su discurso no reconoce señalamientos a su jefe político. Junto a todos los senadores del Centro Democrático se opuso al debate contra Uribe en el Congreso por vinculaciones con el paramilitarismo, que había presentado otra víctima de la guerra, el senador Iván Cepeda Castro, al que la extrema derecha del país le asesinó al padre. Araujo pasa por alto esos argumentos y se mueve con intensidad para llevar desde Cartagena y Bolívar, «y si puedo a nivel nacional», las banderas de su mentor, con la consigna de que «la única y verdadera política de paz es la seguridad democrática de Uribe».















