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¡Cómo olvidar a la Cacica!

La madre del Festival Vallenato y creadora de un ícono histórico como es rescatar el baila de las piloneras herencia ancestral de las tribus primitivas de las estribaciones de la Sierra y el Valle de Upar. Homenaje a un maestro, poeta e historia viva del vallenato, Rosendo Romero.

Por Rafael Sarmiento Coley/Juan Rincón Vanegas

Consuelo Araújo Noguera, una mujer que vivirá por siempre con su temple y su espíritu acrisolado en la defensa del folclor vallenato por el cual tanto luchó y dejó huellas imperecederas.

Sin lugar a equívocos, se puede asegurar, parodiando con certeza la célebre novela de García Márquez (‘Los Funerales de la Mama Grande’), que ese personaje se vio reflejado en carne, hueso y verbo en Consuelo Araújo Noguera. En verdad, mientras ella estuvo en este mundo historia, en Valledupar en asuntos del Festival de la Leyenda Vallenata que ella fundó en 1968, no se movía una hoja del palo de mango de la Plaza Alfonso López, sin su consentimiento. Ella era la cabeza mayor de un matriarcado férreo y temido en un territorio que se presumía que era machista. ¡Mentiras! Ahí se imponía la voluntad de La Cacica y su ejército de faldas anchas y coloridas.

Desde luego con el apoyo irrestricto de celebridades como Alfonso López Michelsen, Rafael Escalona, Hernando Molina Céspedes, Darío Pavajeau, Crispín Villazón De Armas.

Por eso, jamás se puede olvidar a la Cacica Consuelo Araújo Noguera, uno de cuyos hijos, el talentoso y excelente relacionista público Rodolfo Molina Araújo, ha sabido con acierto y admirable tesón sacar adelante ese embrión que dejó su progenitora.

Rosendo Romero Ospino ‘El Poeta de Villanueva’ en una magistral disertación sobre la evolución del vallenato centenario sin perder su esencia.

Además, en cada edición, como la de este año, la número 54 que empezó este viernes, se le hace un homenaje a un talento muy representativo del Vallenato, que le haya dado categoría y pres a este folclor, grandeza y protagonismo, como es el caso del talentoso poeta, compositor, guitarrista, acordeonista y ‘poeta de la dinastía de los Romero de Villanueva’, Rosendo Romero Ospino.

Todavía no amaina el dolor

-Hace 20 años le truncaron la vida a ‘La Cacica’, la misma que parió el Festival de la Leyenda Vallenata y la que se atrevió a decir el 8 de marzo de 1969 en su ‘Carta Vallenata’ de El Espectador: “Con el tiempo el vallenato se tomará el mundo”.- Palabras proféticas. Porque quienes hemos contado con la suerte de viajar con un morral al hombro por España, las principales ciudades de Alemania, la parte Chicana de Estados Unidos, todo México, Canadá y ni qué decir el subcontinente Suramericano, hemos sido testigos de primera mano de la premonitoria voz de Consuelo Araújo Noguera.

El 29 de septiembre de 2001 se golpearon con fuerza los diapasones de los acordeones y los cantos se tornaron tristes porque había muerto la máxima protectora de la música vallenata, Consuelo Araujonoguera. En ese aciago momento Valledupar se quedó sin ‘Consuelo’ y apareció una nefasta creciente de dolor que silenció los versos del ‘Amor-Amor’. Todo porque la dueña de la casa a la que se le cantaba y se le daban las gracias, había partido a la eternidad vestida de pilonera.

Noche sin lucero

Hoy es preciso dar a conocer un recuento de diversos hechos que marcaron la vida de la inmortal mujer que sentó cátedra en el universo vallenato. Precisamente, en Bogotá el 20 de marzo del año 1997 en el discurso de promoción del 30° Festival de la Leyenda Vallenata, Consuelo Araujonoguera adelantándose a la tecnología, expresó. “Solamente bastará con hundir un botón en sus sofisticados computadores del siglo venidero para enseñarle a un auditorio absorto y fascinado que sí fue verdad que existió un hombre mítico llamado Rafael Escalona, quien le construyó a su primogénita una casa sin cimientos sostenida en el aire por millares de ángeles diminutos y para que la segunda de sus hijas no se sintiera menos, hizo brotar para ella un manantial en lo más alto de la serranía. De igual manera, se lo adornó con un conjunto de sirenas que tenían la misión de pechicharla con sus cantos”.

Siguiendo con sus palabras anotó. “Y mientras van sacando de las tripas de las máquinas -que habrán sustituido en mucho a las personas- datos, fotos, voces, gestos, palabras, compases, alegrías y tristezas; les hablarán de un maestro llamado Adolfo Pacheco, quien de un trasteo a Barranquilla de su padre anciano acongojado por las penas y el desconsuelo, hizo un romance de amor sinigual y una alabanza certera a la vida provinciana”.

En «Noche sin lucero» Rosendo Romero partió en dos la métrica de la canción vallenata. La sacó de lo meramente rural y simple y la elevó a las cumbres de la poesía.

Continuó diciendo. “Les contarán que fue Emiliano Zuleta Baquero, el más grande de una dinastía que comenzó a principios del siglo XX, de la persistencia de una gota fría que sigue calando y penetrando más allá de nuestras fronteras. Les dirán también que en un viejo palenque enclavado en tierras cesarenses a orillas del río Guatapurí existió un pequeño gran hombre llamado Lorenzo Morales, quien en noches de luna llena, abrazando a su acordeón le mandaba recados groseros a su eterno rival villanuevero”.

Al cerrar sus palabras Consuelo Araujonoguera, manifestó. “Pero sea como fuere de ese aparato saldrán, están saliendo ya, hasta los suspiros de amor que hablara el poeta, los signos y números que vueltos a procesar se convertirán en palabras para decir lo que el hombre quiere oír. Y obviamente la música vallenata que crearon aquellos hombres humildes que se movilizaban en burros por un territorio mágico y maravilloso, no será la excepción”.

Continuando con los recuerdos de Consuelo Araujonoguera el 27 de abril del año 1991 en la inauguración del 24° Festival de la Leyenda Vallenata, ella aseveró. “Porque nadie puede llamarse a engaño en este particular. Ni nadie osará discutir tampoco de que fue desde el primer festival y gracias a los sucesivos festivales, que el nombre de Valledupar comenzó a ser pronunciado resonante y frecuentemente a lo largo y ancho del territorio patrio, donde antes no se le conocía, o se le conocía solamente como una lejana referencia geográfica”.

Merecido homenaje que este año en la 54 versión del Festival de la Leyenda Vallenata se rinde a uno de los mejores compositores y estudiosos del folclor vallenato, Rosendo Romero Ospino, el ‘Poeta de Villanueva’.

“Pero desde 1968 y en virtud de la implantación de esta singular dinastía musical de Reyes Vallenatos, cuya soberanía espiritual estriba en el talento innato para la composición y la prodigiosa destreza de las manos de los que tocan los acordeones, el país se volcó intrigado y curioso hacía nosotros tratando de averiguar cuál era esa fórmula mágica que nos permitía resolver nuestros problemas cantando”, concluyó.

En la reseña de las añoranzas aparece el cantante Poncho Zuleta, en uno de sus célebres comentarios. “La comadre Consuelo, puso las bases para que la música vallenata alcanzara el lugar que hoy ostenta. Ella con su disciplina y constancia fue la Policarpa Salavarrieta de nuestro amado folclor vallenato”.

La Cacica Consuelo Araujo Noguera, la mujer valerosa y apasionada que dejó para la historia su espíritu indomable y su alma sensible en el corazón del Festival Vallenato. ¡Cómo olvidar a semejante ser fuera de serie!

A su vez Emilianito Zuleta, aseveró. “Como olvidar a esta mujer noble y buena que avizoró lo que vendría para los que hacemos música vallenata. Consuelo permanece en nuestros corazones. Es más, en mi cartera tengo dos fotos, la de mi mamá Carmen Díaz y de la Consuelo Araújo”.

En este recorrido del ayer ‘La Cacica’, sobre los hermanos Zuleta había indicado. “La voz formidable de Poncho y el acordeón de Emilianito, logran que nos pongamos de pie para escucharlos como se escuchan los buenos vallenatos: en silencio, con emoción y respeto”.

Recuerdos unidos en cantos vallenatos

La muerte de Consuelo Araujonoguera fue un golpe mortal a las entrañas de la música vallenata y como si ella presintiera una partida temprana forjó una estructura a su alrededor, cuyas enseñanzas calaron al pie de la letra en el organigrama de una expresión popular que supo armar como la empresa folclórica-cultural más grande de Valledupar y que lleva por nombre Festival de la Leyenda Vallenata.

…Y nunca se olvidará la frase donde ‘La Mamá grande del vallenato’, sintetizó su inmenso trabajo para que el folclor cuya columna vertebral son el acordeón, la caja, la guacharaca, los cantos y los versos permaneciera con el paso del tiempo. “El mejor homenaje que puedo recibir cuando muera es que no callen los acordeones y que el Festival de la Leyenda Vallenata siga siendo la mayor carta de presentación de mi amado Valledupar”. Así ha sido.

@rafaelsarmientocoley /– @juanrincon

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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