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Talibanes en Afganistán: la arena donde EE.UU y Rusia dirimen su conflicto ideológico

La toma del poder por parte de los talibanes en Afganistán representa un duro golpe a la política exterior de EE.UU. Pero…¿Cómo este país llegó hasta las escenas de gente cayendo de los aviones tratando de huir de un terror inminente? Sigue leyendo y te relataremos los hechos que le dan contexto al caos actual de esta nación.

Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza

La historia de Afganistán ha estado plagada de conflictos desde que el mundo tiene memoria. Primero fue un territorio minado por tribus que no siempre convivían y luego su ubicación geográfica en medio de la ruta de la seda. Esto le generó constantes enfrentamientos entre grupos tribales. Por último sus guerras contra las grandes potencias modernas que siempre han tratado de mantener dominado a este territorio irreverente y turbulento.

La turbulenta década de los 70’s

Tras una sucesión de golpes de Estado, complots y asesinatos de líderes políticos y religiosos, llega la invasión rusa en septiembre de 1.979. En realidad la presencia militar soviética se había formalizado desde 1.978 con la firma del Tratado de Amistad y Cooperación con la Unión Soviética. Eso le permitió a los comunistas mantener en el país a numerosos agentes militares en calidad de “asesores” del régimen de turno.

Pero la toma del poder por parte de Hafisullah Amín, quien era un agente pro-estadounidense, toma por sorpresa a los soviéticos. Inmediatamente movilizan tropas hacia la frontera rusa con el país que hasta ese momento había estado bajo la influencia comunista. Amín es derrocado en diciembre de ese 1.979 por fuerzas apoyadas por los soviéticos.

En 1.980, Rusia tenía 80 mil soldados en territorio afgano.

En 1.980, mientras Estados Unidos y la Unión Soviética tensan sus relaciones por causa del conflicto en Afganistán, dentro de la nación centro asiática nada mejora. Al caos económico producto de una crisis política permanente se une la proliferación de grupos antisoviéticos. Entre ellos destacan el proestadounidense Frente de la Revolución Islámica, el Hezbi Islami y el grupo Jamiat Islami.

Aparte hay que señalar el grupo Jarakat Engualab Islami, que recluta a un importante número de sacerdores islámicos conocidos como mullahs. Se trata de un movimiento vinculado a la organización Hermanos Musulmanes, que reune a fundamentalistas ubicados alrededor del mundo.

Aunque islámicos y nacionalistas, la mayoría de estos grupos especialmente el Jarakat Engualab, acepta ayuda norteamericana a través del tráfico secreto de armas. Según investigaciones de los medios de comunicación de EE.UU., Jimmy Carter proporciona los pertrechos a través de la CIA. El objetivo es combatir a las fuerzas militares soviéticas que ese año ya tienen 80.000 tropas en suelo afgano.

Su ubicación geográfica, ha convertido a Afganistán en el campo de batalla de las grandes potencias mundiales.

El origen de los talibanes en Afganistán

La resistencia afgana solo logró erradicar la presencia militar soviética hasta 10 años después de la invasión de 1.979. Al terminar este conflicto el gobierno afgano pro soviético colapsó y sumió al país en una sangrienta guerra civil que comenzó en 1.989 y culminó en 1.996. Ese año los talibanes en Afganistán capturaron Kabul con las promesas de orden y justicia.

¿Pero…de dónde salieron los talibanes? Sus integrantes formaron parte de los grupos islámicos y nacionalistas que habían combatido a las tropas soviéticas con el apoyo armamentístico de EE.UU. El mulá Mohammad Omar, de la ciudad de Kandahar, ubicada al sur del país, fue quien fundó a este grupo armado. Fue ganando palmo a palmo el apoyo del pueblo convenciendo primero en las zonas rurales y luego los centros urbanos.

Durante 20 años las tropas estadounidenses pelearon en territorio afgano una guerra que al final no ganaron.

A partir de 1.996 los talibanes en el poder comenzaron a ejecutar su ley islámica basada en la Sharia. Su interpretación de este estamento les permitía practicar ejecuciones públicas, flagelaciones y la supresión de la mayoría de los derechos civiles a las mujeres. A las féminas se les prohibió trabajar o estudiar y se les obligaba a usar una vestimenta que las cubría en su totalidad, el burka.

También prohibieron a la población consumir libros o películas ‘occidentales’ y eliminaron expresiones culturales ajenas al islam. Uno de los ejemplos más dolorosos es que destruyeron estatuas de Buda, ubicadas en el valle de Bamiyán, que tenían más de 1.500 años de antigüedad.

La ruptura con Estados Unidos

Los talibanes en Afganistán gobernaron con mano de hierro durante el resto de la década de 1.990. En esos años permitieron que el terrorista Osama Bin Laden, antiguo agente de la CIA, y su grupo Al-Qaeda abrieran campos de entrenamiento en territorio afgano. Fue allí donde entrenaron los suicidas que secuestraron los aviones del ataque el 11 de septiembre de 2001.

A raíz de esos hechos, a finales de octubre de ese año Estados Unidos junto a sus aliados invadió Afganistán y derrocó al régimen talibán. Desde ese año comenzó a trabajar para establecer un gobierno ‘democrático’, según los términos norteamericanos.

Los norteamericanos gastaron más de 20 mil millones de dólares en la guerra de Afganistán.

A partir de entonces los grupos talibanes se atrincheraron en amplias zonas rurales del sur y el este de Afganistán o cruzaron la frontera hacia Pakistán. Iniciaron una guerra de guerrillas contra la presencia estadounidense que se extendió por dos décadas. Durante ese tiempo utilizaron la estrategia del desgaste con bombas improvisadas y ataques suicidas.

El conflicto le significó a Estados Unidos cuantiosas pérdidas humanas y materiales, incluyendo más de 20.000 millones de dólares en gastos de guerra. Una guerra en la que mientras Estados Unidos permanecía en los centros urbanos, los talibanes seguían ganando adeptos entre los afganos del campo. El desgaste y la pérdida de apoyo interno y externo orilló a EE.UU. a negociar una retirada de las tropas con los talibanes en 2020.

En condiciones desfavorables, EE.UU. no pudo imponer sus pretensiones iniciales de que los talibanes pusieran fin a los ataques contra los estadounidenses. Tampoco los pudieron obligar a entablar conversaciones con el ‘gobierno’ afgano que había sido impuesto por Washington 20 años atrás. Lo que sí se cumplió fue el calendario de la retirada de las tropas estadounidenses de la nación centroasiática.

Ese calendario y el acuerdo había sido negociado por el gobierno de Donald Trump y refrendado por Joe Biden, quien lo ejecutó este agosto. La retirada de las tropas norteamericanas precipitó el avance de los talibanes sobre las principales ciudades.

Afganistán es hoy un país sin infraestructura y sin una economía que pueda reconstruirla.

La última en caer fue Kabul, la capital, donde la retirada del apoyo gringo desató el terror entre sus colaboradores afganos. Ellos ahora temen represalias por parte de los talibanes, quienes los han señalado de traidores, pro occidentales y anti islámicos.

Las amenazas en el horizonte

Históricamente los talibanes surgieron de los grupos islámicos que combiatieron a los militares soviéticos en territorio afgano. Pero 20 años de presencia norteamericana parece haber cambiado las simpatías…y las antipatías. Esta semana Rusia dijo que no evacuará su embajada en la capital.   También anunció que su representante diplomático se reunió con miembros del Talibán en lo que describió como charlas “constructivas”.

La verdad es que después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y la invasión estadounidense a Afganistán, Wladimir Putin inició contactos progresivos. Aunque Moscú ha tratado de venderse como mediador en el conflicto interno afgano, la evidencia apunta a otra cosa. Han llamado la atención los pertrechos y armas rusas que han exhibido los talibanes en su ingreso a Kabul.

Rusia, que desde 2003 declaró los talibanes como ‘grupo terrorista’, los acaba de describir en la voz de su embajador Dmitry Zhinov, como “tipos razonables”. El portavoz del Talibán, Mohammad Sohail también tuvo palabras de elogio para los rusos en julio pasado. “Tenemos muy buenas relaciones con Rusia”, declaró entonces.

El desespero sigue en el aeropuerto de Kabul mientras se descubren nuevas amenazas terroristas.

Los chinos, también quieren sacar provecho del pastel. Aunque en los 80 China se opuso a la invasión rusa a Afganistán, hoy trata de hacer equipo con ellos para anular la influencia de EE.UU. Desde el punto de vista geopolítico, para China es más fácil lidiar con Rusia que con Norteamérica por la influencia en Asia Central.

A Beijing le conviene negociar directamente con los talibanes en Afganistán las posibilidades de explotación de los grandes recursos naturales de ese país. Con los norteamericanos allí, sus principales rivales comerciales, eso era imposible. Entra además en la tendencia de la creciente influencia de los chinos sobre Asia Central, África y América Latina.

El mayor temor es que las consecuencias de los talibanes en Afganistán no solo pueden afectar a lo interno del país. Ya han hecho reuniones con representantes de los regímenes de Irán y Pakistán, que son confesos enemigos de Occidente. Rusia ha advertido sobre “un enorme arsenal” que los gringos dejaron a merced de los talibanes tras su salida del territorio.

Sobre el autor

Es comunicador social con especialización en el área audiovisual egresado de la Universidad del Zulia (Venezuela). De amplia trayectoria, ha tutelado equipos de periodismo en medios impresos, radiales y televisivos. También ha trabajado para instituciones públicas y privadas ejerciendo periodismo institucional facilitando los flujos de comunicación a nivel interno y con el entorno. A nivel de Periodismo Digital ha ganado valiosa experiencia como generador de contenidos para diversos portales y como Copy Producer para promociones televisivas y usuarios de redes sociales en calidad de Community Manager.
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