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Cartel del Coronavirus, ¿realidad o ficción?

Iniciemos este debate bajo la premisa con la que Freud y Lacan analizaban la experiencia psicoanalítica: “la verdad misma tiene estructura de ficción”.

Por: Katty K. Alzamora S.

Los Carteles forman parte de la historia del sistema de salud de nuestro país. Su modo de operar está basado en el mal manejo de recursos que inicialmente deberían ser para el tratamiento de enfermedades, según lo estipulado en el Sistema General de Seguridad Social en Salud. Este mal manejo se refiere específicamente a la manipulación y ajuste inescrupuloso de los servicios, procedimientos y medicamentos, para obtener ingresos adicionales por parte del Estado. Entre los casos de carteles —hemofilia, VIH, enfermedades mentales—, una de las causas más renombradas es la creación de falsos pacientes y alteración de historias clínicas.

Teniendo en cuenta esto, ¿será posible que en Colombia se esté gestando un nuevo Cartel en el interior del sistema de salud, con el objetivo de beneficiar los bolsillos de unos cuantos a expensas de la vida y el dolor de cientos, quizás miles de personas?

Hasta ahora lo único que se ha podido escuchar es acerca de una serie de casos, denunciados por ciudadanos y ciudadanas de clase media-baja y baja, que relatan historias similares sobre pacientes que ingresan con un cuadro de salud que nada tiene que ver con los síntomas asociados a la Covid-19, y sus familias recibiendo la noticia que todos tememos cuando nos encontramos en la sala de espera de un hospital: su pareja, madre/padre, hijo/a ha fallecido; y, en este caso, como el protocolo lo contempla, su cuerpo no podrá ser entregado a sus familiares porque será cremado.

Algunos dirán que este es un cuento de ficción, un chisme de pasillo o un Meme que verán en alguna red social. Para otros serán fábulas que se inventan para desprestigiar instituciones que, por cierto, han perdido por su propia cuenta el prestigio, pues ya se han visto involucradas en turbios casos sobre el manejo y cuidado de quienes han sido atendidos en ellas. Dirán asimismo que es una estrategia más en el objetivo de debilitar el poder político nacional o local; o que es un vil engaño por parte de los afectados para que les paguen una indemnización con la cual salir de su situación económica actual. Pero, más allá de eso, para muchos esto será una realidad.

En estos momentos, numerosas familias ya están sufriendo la pérdida de alguno de sus miembros. En unos meses serán cientos de familias las que estarán pasando por esto. Como ya lo predijo la Universidad de Harvard, el porcentaje de contagio de la Covid-19 será alrededor del 70% de la población mundial, y según la Organización Mundial de la Salud su tasa de mortalidad es diez veces superior a la de una gripe. Estas cifras muestran el hecho de que actualmente un alto porcentaje de quienes entran a las clínicas lo hacen a causa de esta enfermedad y probablemente la razón de su muerte sea esto mismo. Sin embargo, genera un ruido enorme la cantidad de personas que relatan que la causa de muerte de su familiar es diferente a Covid-19, pero que las clínicas lo han reportado como si hubiera muerto por esta enfermedad.

Dado el caso que esto sea cierto ¿cuáles son los asuntos de fondo tras esos reportes? Las entidades prestadoras del servicio de salud le estarían cobrando al Estado un dinero relacionado a estancia en UCI (Unidad de cuidados intensivos), medicación e interconsulta no correspondiente al servicio que debieron prestar. Eso sin mencionar que una nueva muerte se suma al registro que seguimos día a día, y que ha creado un miedo incesante –y muchas veces insensato— a la vida tal como la conocíamos antes. Asimismo, le quitan a la familia la posibilidad de iniciar un duelo con una representación simbólica que hasta el día de hoy para todos y todas es muy importante: ver a su ser querido por última vez. En consecuencia, esta manipulación estaría generando una mayor desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones dedicadas al servicio de la salud, y por lo tanto mayor nivel de pánico frente a la situación desarrollada por el coronavirus.

Hoy, estos reportes nos muestran las grietas de nuestro sistema de salud, destacando los potenciales riesgos y las oportunidades de corrupción que pueden socavar la respuesta a esta enfermedad.

Transparency International en marzo de 2019 publicó un informe titulado “La pandemia ignorada”, en el que se deja expuesta con claridad la corrupción en la prestación de servicios de salud, destacando la manipulación de datos que no es más que la facturación fraudulenta de bienes o servicios no proporcionados, y la creación de un penoso escenario en el que se filtra y manipula, por beneficios monetarios, quiénes viven, quiénes no y la causa de su muerte. Entonces, quizás sea este el momento para abrir espacios de debate sobre las vulnerabilidades de nuestro sistema de salud, que va más allá del resultado de una prueba y afecta directamente la vida, la salud física, mental y psicológica de los individuos.

Como respuesta al título de este artículo, hasta el momento no hay datos precisos que permitan afirmar que el Cartel del COVID sea una realidad. No sabemos si en unos meses lo pueda llegar a ser. Esperamos que no. El interrogante que se encuentra al inicio no es más que un llamado. Así como prestamos atención día a día a las predicciones que nos brindan disciplinas como la economía sobre el alza y baja de las monedas y la situación en la bolsa, deberíamos asimismo prestar atención a los ruidos —gritos desesperados— que oímos sobre falsos diagnósticos por coronavirus.

El Cartel del COVID, por lo pronto, parece una ficción que se ha filtrado en el imaginario colectivo a base de realidades que han ocurrido en nuestra ciudad y en nuestro país cientos de veces. Recordemos que Freud y Lacan desarrollaban en sus teorías la idea sobre cómo la experiencia psicoanalítica demuestra que la verdad misma tiene estructura de ficción.

*Psicóloga y candidata a Magíster en Desarrollo Social.
alzamorakatty@gmail.com

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