El sentimiento de culpa nos impide ver las cosas con claridad.
Por Jorge Guebely
Culpar a los otros constituye una estrategia para cubrir incompetencias morales y sociales. Se hace para evadir responsabilidades o para destruir enemigos. Enfermedad bíblica: Adán culpó a Eva para eludir responsabilidades ante su Dios; Eva culpó a la serpiente porque no asumió la desobediencia de comer el fruto prohibido.
Personajes mitológicos menores, querían deshacerse de la culpa. Tan minúsculos nuestros primeros padres bíblicos como la inmensa mayoría de nuestros padres de la patria. Ineptos para hallar soluciones grandes, y grandes para encontrar culpables de sus ineptitudes. Diferentes a Adán y Eva, nuestros políticos tradicionales culpan para triturar enemigos, para ocultar incapacidades. Verdaderos cínicos, malosos y dolosos. Saben que en política culpar es eficaz estrategia para triunfar.
Culpable una mujer violada; por vestirse atractivamente, no por la inseguridad social.
Culpable un estudiante asesinado por el ESMAD; culpable por protestar, no por la represión estatal.
Culpable cualquier ciudadano atracado en la calle; culpable por no protegerse, no por el desamparo del Estado.
Culpable todo aquel que trueca su voto por un precio abominable o un puesto execrable, no el político delincuente.
Culpables son los ciudadanos de la corrupción nacional por votar a favor de los corruptos, no los políticos corrompidos.
Culpable la madre guajira que ve morir de hambre a su hijo; culpable por tener hijos, no los clanes mafiosos que predan el Estado.
Culpable el pobre que nunca superó la pobreza por no seguir el ejemplo de James Rodríguez, no los políticos que abanderan la desigualdad y la miseria.
Sufrimos una pavorosa sinfonía de culpabilidades cínicas. La del Ejército Nacional que culpó a Dilmar Torres de su propia muerte por forcejear con un soldado de la Patria. Y Duque que culpa al ELN de no querer la paz. Y Uribe que culpó a los niños asesinados en el pasado bombardeo por estar en el lugar equivocado. Y la extrema derecha que culpa a la extrema izquierda de la guerra por alzarse en armas. Y Colombia que culpa a Venezuela de libretear a Aída Merlano. Y el gobierno actual que culpa al gobierno anterior por el incumplimiento de los acuerdos de paz. Y mayúsculo cinismo del general Montoya quien culpa a los soldados de perpetrar los falsos positivos por ser analfabetos y pobres.
Culpar, destruir, para consolidar el poder de los ineptos y dolosos. Pilatos modernos sin la inocencia de Pilatos. Saben que: “El sentimiento de culpa nos impide ver las cosas con claridad”, como lo afirmaba la escritora británica Doris Lessing. Infame estrategia para prolongar el malsano poder político colombiano.











