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480 millones de razones para que la paz marche herida

Mientras los dos presidentes de Colombia en la última década, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe Vélez, se siguen destruyendo mutuamente, muchos de sus escuderos se caen como naipes. Y el país también se cae.

Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general

Antanas Mockus.

Antanas Mockus.

Han pasado casi dos décadas desde cuando Antans Mockus ocupó por primera vez el Palacio Liévano, como Alcalde de Bogotá. Venía de ser Rector de la Universidad Nacional y era considerado uno de los grandes intelectuales de Colombia. Su trayectoria política fue desde ese momento un espejo de su capacidad para poner a pensar a la sociedad y por esas cualidades llegó a ser candidato presidencial.

Hoy, después de tanta agua que ha corrido, esa reputación de un hombre de su talla depende de si la opinión proviene del lado de los santistas o de los uribistas.

Los adeptos al Presidente Santos lo siguen viendo como ese prohombre y por eso están de acuerdo con que el Gobierno financiara a la Fundación Corpovisionarios, creada por Mockus, para que diseñe y ejecute estrategias civiles para «invitar a una movilización ciudadana que promueva el respaldo social ante las conversaciones que adelantan el Gobierno y las Farc en La Habana». Los adeptos a Uribe, en cambio, lo ven como un hombre inteligente pero de doble moral que se dejó comprar por Santos para aparecer liderando una marcha por la paz que sin embargo consideran propagandística e ilegítima. «Doctor Mockus, no nos invite a marchas por cuya promoción Santos le paga a usted», trinó el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe.

Santos, Mockus y Uribe.

Santos, Mockus y Uribe.

Todo este choque de opiniones sucedió esta semana por cuenta de la filtración de unos informes financieros que el Gobierno mantenía en secreto y que por caminos non sanctos llegó a los medios de comunicación. En dichos informes se registró un pago del Gobierno Nacional por 480 millones de pesos a Corpovisionarios. Obvio, esos caminos conducen a Uribe. Y la información filtrada, a Santos.

Santos y Uribe, los beneficiados de la guerra en más de una década.

Santos y Uribe, los beneficiados de la guerra en más de una década.

Más allá de que Antanas Mockus siga siendo un líder respetado, o no, lo que sigue revelando la lucha por el poder entre Santos y Uribe es un trasfondo que a Colombia debería de preocuparle mucho: Al país lo han dividido y la sociedad ha terminado resquebrajada. Hoy no hay más colores que blanco y negro, no hay más moral que buenos y malos, violentos y pacifistas, brutos e inteligentes, ricos y pobres, sanos y corruptos. No hay término medio, no hay alternativa, no hay más que espada y pared. No importa si alguien aporta algo a la sociedad, si se es campesino, indígena, costeño, cachaco, paisa, llanero, liberal, conservador. Primero hay que mostrar el carnet: o con Santos o con Uribe.

El colmo de la pelea entre los dos es que los trapos que se sacan al aire deberían sonrojar a la opinión pública, a la sociedad entera. Pero eso no sucede porque ambos han logrado, como si trabajaran en equipo (¿no lo hacen?), crear en el país un clímax de disputa callejera, de guerra de pandillas, en el que nadie parece tener derecho a mirar más allá del odio y la venganza. Ayer cayeron María del Pilar Hurtado y salieron huyendo Oscar Iván Zuluaga y su hijo, enseguida Uribe le sacó el informe financiero a Santos. Y casi al mismo tiempo los más poderosos medios de comunicación -algunos pagados por Santos, otros por Uribe- salieron con sus espadas a luchar para medir cuál es el que más verdades y trapos nuevos saca de los enemigos de sus patrocinadores.

Y mientras tanto, la paz

Ilustración por Yoryo

Ilustración por Yoryo

El grueso de la sociedad colombiana le apuesta a que la palabra «paz» esté relacionada con el proceso de negociación en La Habana, o con una aniquilación de la guerrilla. Pero ni la mitad del país que piensa de una forma, ni la otra mitad que piensa lo contrario, parecen darse cuenta, o no quieren darse cuenta, que ni Santos ni Uribe están luchando en realidad por ver quién tiene razón en la manera de alcanzar esa paz.

Lo que está en juego entre estos dos señores, y todo su séquito de escuderos, es la conquista del poder. Que haya paz o haya guerra les tiene sin cuidado a ellos y a todos los políticos.

Quizás es mucha utopía pretender que no olvidemos estas razones por las que Uribe y Santos pelean. Pero sería al menos sano recordar que al final somos todos los colombianos quienes pagamos estas peleas de los poderosos, con nuestra propia paz.

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Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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