Este 11 de junio se conmemora un año más de la trágica muerte del afamado cantante cofundador del Binomio de Oro.
Por Rafael Sarmiento Coley
Los seres queridos que se anticipan en el viaje eterno, dejan un recuerdo perenne en quienes disfrutaron de sus afectos, de sus virtudes y de sus defectos, de sus risas y sus rabias, de su sentido del humor y de sus ratos de amargura.

Este sábado se cumplen 24 años del homicidio del consagrado cantante vallenato Rafael Orozco. Pasa el tiempo, pero sus fieles seguidores en cada aniversario visitan su tumba al lado de la familia del malogrado cantante.
La vida es así. Y así lo acepta Clara Cabello viuda de Orozco.
–Me conocí con Rafa cuando éramos ambos muy pelaos. Yo tendría unos trece o catorce años. Es que, en la familia, antes del noviazgo y matrimonio de Rafa y yo, hubo otra boda entre hermanos. Mi hermano Rafael Cabello se casó con la hermana de Rafa, Geni Orozco, y el segundo enlace en nuestro grupo familiar fue el de Nehemías Orozco, el hermano mayor de Rafa, con mi hermana Betty.
No fue casual, entonces, que los dos ‘pelaos’ -Rafael Orozco y Clara Cabello- se vieran de reojo durante la misa por el primer año de fallecido del hermano mayor de los Orozco, Enrique.
Ahí quedó la energía positiva entre dos seres que, poco a poco, empezaron a verse con más frecuencia, porque Nehemías (fallecido en noviembre de 2015 víctima de una enfermedad terminal) y Betty, se trasladaron a vivir a Valledupar. Rafael Orozco empezó sus estudios de bachillerato en el Loperena, y así tenía más oportunidad de ver a Clara, cuando venía de Urumita a visitar a su hermana.
–Pero no eran unos amores así, digamos que en firme. Éramos amigos, hablábamos mucho, porque Rafa tenía un sentido del humor que a mí me encantaba. Me hacía reír muchísimo. Luego a él lo expulsan del Loperena por revoltoso, y se va a terminar el bachillerato al colegio Ciro Pupo, de La Paz, Cesar. Ya estaba más cerca de mi casa. Y entonces sí nos ennoviamos en serio. Yo seguía mis estudios, y Rafa combinaba los suyos con la música. Porque desde muy joven se dio a conocer como cantante, con esa maravillosa voz que Dios le dio.
Un familia de ensueño

De izquierda a derecha: Wendy Giolanny y Kelly Johanna Orozco Cabello, Clara Cabello viuda de Orozco y Lorraine Orozco Cabello, esposa e hijas del finado cofundador y voz líder del Binomio de Oro.
La cosa fue rápida. Rafael estaba muy enamorado de Clara y de la música. Sabía que el arte musical da enormes éxitos y los cobra caro, porque a cada rato le vive poniendo trampas al artista triunfador. La fama. La fortuna. Los amigos. Todo ello induce al artista por malos caminos, si no tiene disciplina y se aferra con fuerza al mástil de su nave para impedir dejarse atraer por el canto de las sirenas traicioneras.
–La verdad es que Rafa se casó muy, pero muy enamorado. Yo me sentía la esposa más consentida. Porque a cada regreso me sorprendía con algún detalle. Me besaba y me decía: ‘mi amada Caya, aquí le traigo mi corazón y este regalito’. Después llegó al hogar esa alegría enorme con la primera hija, Kelly Johanna. Toda la familia se alegró mucho. Mis hermanos Rosita y Alfonso, que ya vivían en Barranquilla y fue en su casa en donde yo me vine a vivir cuando empecé mis estudios superiores, no hallaban qué hacer con su sobrinita. Mi tío Leandro Cabello y sus hijas Margarita Cabello (hoy presidenta de la Corte Suprema de Justicia), y María Elvira Cabello (exconsul de Colombia en Caracas); mi tío Chicho y su hijo el hoy cirujano plástico Darío Cabello. Bueno, todos adoraron a esa primera hija nuestra, así como también festejaron el nacimiento de mis otras dos hijas: Wendy Giolanny y Lorraine.
“Yo quería un varoncito”
Clara recuerda que, cuando dio a luz a Wendy Giolanny, le dijo a Rafael, “yo ahora quiero que busquemos el varoncito, yo quiero un varón”. Y Rafa siempre le respondía: “Los Orozco somos hembreros…no ves que Nehemías y Betty tienen es puras mujeres”.
Clara insistía en el hijo varón y, en busca de él, quedó embarazada por tercera vez. Ella estaba convencida que tendría suerte. No sucedió así. Dios la premió con una bella niña a quien bautizaron como Lorraine.
Hoy todas profesionales, con especializaciones en diversas carreras, ocupan altos cargos en importantes empresas en Bogotá y Estados Unidos. Allá está Clara, pero ya tiene un pie en el avión para venirse a la misa y a la peregrinación de este sábado, cuando se cumplen 24 años del homicidio de uno de los mejores cantantes que ha dado el vallenato, Rafael Orozco, cofundador del Binomio de Oro, al lado del acreditado acordeonero villanuevero Israel Romero.
Fue un conjunto que marcó la diferencia, con su estilo propio, mucha disciplina, perfecta presentación en los espectáculos y ni qué decir de sus presentaciones en televisión y en sus giras internacionales.
Clara ya no llora tanto a su Rafa del alma, pero cuando se acerca esta fecha, el corazón se le arruga y regresa ese mar de lágrimas. “No puedo evitarlo, yo todavía siento la voz de Rafa en mis oídos, diciéndome esas palabras bonitas que solía decirme”.











