Este 11 de septiembre las alamedas de Chile han sido ocupadas por los ciudadanos para llenarlas de actos conmemorativos recordando los 40 años del Golpe.
Escrito por: Esperanza Fernández Nieto
Periodista española, en intercambio universitario en Chile
Como no podría ser de otra forma, el broche de inicio lo han puesto los estudiantes, que han tomado 8 colegios como símbolo de protesta y conmemoración por el 40 aniversario del golpe.
La mayoría de ellos no vivieron ese trágico septiembre del 73, ni tampoco la dictadura. Nacieron en democracia, sin embargo tienen duras críticas en cuanto a su educación, como así declaró una dirigente estudiantil: «nos hemos visto afectados por el sistema educativo que heredamos de la dictadura y que la Concertación y la Alianza perfeccionaron en los últimos años”.
Lo cierto es que esta queja generalizada entre los estudiantes no está tan lejos de la realidad, pues en Chile se mantiene la Constitución elaborada bajo la dictadura aunque con algunas modificaciones.
Este particular hecho es reflejo de un Chile al que todavía le falta un largo camino hasta llegar a condenar la dictadura en todos sus ámbitos. En este sentido, una de las reivindicaciones que más ha sonado a lo largo de la jornada ha sido la petición de justicia. Existen generales del ejército que siguieron manteniendo sus cargos, que nunca perdieron los privilegios que ganaron en la dictadura y que ni mucho menos fueron llevados ante los tribunales. Ni siquiera el propio General Augusto Pinochet cumplió condena en la cárcel.
Estos hechos aumentan la crispación en un país fragmentado entre los que quieren olvidar y los que necesitan justicia para perdonar, o al menos para continuar.
Durante el día, fueron las conmemoraciones artísticas las que se apoderaron de las calles. El arte, utilizado como una herramienta atractiva de protesta, consiguió llamar la atención de los viandantes despistados, de los que acudían al trabajo o de aquellos curiosos que pasearon para deleitarse con la explosión cultural.
A lo largo de la mítica Alameda un grupo de artistas y voluntarios organizaron una cadena humana de 1.200 cuerpos tumbados, como símbolo de todos los desaparecidos y asesinados. Algo parecido hicieron los estudiantes del Liceo Nacional, que cortaron una de las calles de la zona céntrica creando una fila de inmóviles arrodillados simulando también a los desaparecidos y los fusilados durante la dictadura.
Teatros callejeros simulando las desapariciones forzosas, murales de Allende que iban adquiriendo color gracias a la colaboración de los niños que se acercaban, frases de protesta en las paredes… Realmente en cada punto de Santiago se podía encontrar un guiño a la memoria colectiva que se han encargado de construir en conjunto los chilenos.
Las velas y las flores se convirtieron en dos elementos indispensables durante la jornada. No faltaron los que fueron a llevar flores a la tumba de Allende, o su monumento en La Moneda.
La propia sede de gobierno estuvo rodeada de las velas y flores de los que guardan en su memoria la imagen del palacio bombardeado. Las velas sirvieron para poner un poco de luz en todos esos sitios donde durante 17 años reinó la oscuridad de ver violados sistemáticamente los derechos humanos como los centros de tortura de Villa Grimaldi, Londres 38 o el Estadio Víctor Jara.
Era imposible estar en todos los sitios a la vez, pero uno de los que acogió a más personas fue el emblemático Estadio Nacional, el primer centro de detención por el que se estima que pasaron 40.000 detenidos. Los alrededores del estadio volvieron a llenarse de caras de desaparecidos, esta vez fotografías llevadas por los familiares para ofrecerles velas.
Tristemente es el único homenaje que muchos familiares pueden hacer, pues aún hay quienes no han encontrado a un padre o a un hermano. En la masa homogénea se esconden cientos de historias espeluznantes pero que 40 años después son capaces de seguir en pie porque saben que la historia necesita beber de sus experiencias para que no se vuelva a repetir.
Marta sigue luchando. Pertenecía a las juventudes comunistas cuando fue el Golpe de Estado, años después fue detenida y cuando consiguió salir no tuvo más remedio que exiliarse a Alemania. Con la vuelta a la democracia volvió a Chile, pero para ella se acabó el silencio y desde entonces sigue teniendo mucho que contar. En medio de la multitud del Estadio, estaba vendiendo ejemplares del programa político de Allende, a los estudiantes se los dejaba más barato. «Es importante seguir construyendo la historia y transmitírsela a los jóvenes para que no muera con nosotros» Explicaba la superviviente.
Camilo por el contrario es demasiado joven para haber vivido la dictadura, pero creció escuchando las historias de sus abuelos del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que en la clandestinidad ayudaban como podían escondiendo a comunistas y miristas, ofreciéndoles trabajo y, al fin y al cabo, resistiendo en la disidencia.
Todas las generaciones unidas por una misma causa anochecieron en el Estadio. Las velas mantuvieron iluminadas las caras de los desaparecidos, los murales que gritaban frases como «a 40 años del golpe, la rebeldía se justifica» o «adelante con todas las fuerzas de la historia».
Un escenario puso la banda sonora a la noche, donde se intercalaron historias de desaparecidos y detenidos con canciones de protesta en las que no faltaron los invitados de honor Víctor Jara ni Violeta Parra.
Muchos rostros y muchas historias finalizaron juntos un 11 de septiembre más, compartiendo el dolor y sobre todo la esperanza de que tanta lucha no fue en vano; pues continúan orgullosos los guardianes de una memoria viva.
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