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Wilman Quiroz Díaz: el filósofo que nació entre la incredulidad y la esperanza

Por. Francisco Figueroa Turcios

La frase de Miguel Ángel Quiroz Herazo cayó como una lápida prematura sobre el destino de aquel niño que apenas comenzaba a mirar el mundo. “Wilman no será capaz de aprenderse las letras de la cartilla del abecedario”, sentenció con la resignación de quien veía imposible vencer las limitaciones que la vida parecía haberle impuesto a su hijo.

Pero mientras muchos hubiesen aceptado aquella sentencia como definitiva, Liduvina Rosa Díaz, progenitora de Wilman, decidió convertirla en combustible para la lucha. No lloró, no discutió, no se quedó inmóvil. Salió con la determinación de una madre que entendía que el amor también se demuestra desafiando los pronósticos.

Con el corazón lleno de esperanza caminó hasta el Liceo Carmelo Percy Vergara, en el centro de Corozal, Sucre, donde pidió hablar con el rector Oscarito Espinoza. No llevaba recomendaciones, ni dinero, ni influencias; llevaba algo mucho más poderoso: la convicción de que su hijo merecía una oportunidad.

Foto: Wilman y su madre Liduvina Rosa Dìaz

Frente al rector no presentó el caso de un niño condenado al fracaso, sino el de un ser humano que necesitaba que alguien creyera en él. Aquella conversación silenciosamente comenzó a derrumbar el muro de incredulidad que se había levantado alrededor de Wilman.

Y fue precisamente allí, entre pupitres, cuadernos y letras que muchos daban por imposibles para él, donde empezó a escribirse la historia extraordinaria de un hombre que años después se convertiría en licenciado en Filosofía.

La vida le demostraría a Miguel Ángel, y también a toda una sociedad acostumbrada a etiquetar y limitar, que hay niños que no necesitan sentencias anticipadas sino manos tendidas, paciencia y oportunidades. Porque a veces los seres humanos que parecen más frágiles terminan enseñándole al mundo las lecciones más profundas sobre perseverancia, dignidad y superación.

Docente un aterrizaje forzoso …

Sin resignarse, Liduvina Rosa Dìaz volvió a hacer lo que había hecho desde que Wilman era un jovencito: tocar puertas. Acudió entonces al dirigente político conservador Rafael Vivero, hombre de influencia y cercano a la familia, para exponerle la situación de su hijo. Rafael escuchó con atención y sin rodeos respondió con la sinceridad de quien conocía las limitaciones laborales de la época: “La única opción laboral es ser docente”. Aquellas palabras parecían alejar definitivamente el sueño de la ingeniería, pero terminarían acercando a Wilman a su verdadero destino.

Como no había estudiado en una Escuela Normal especializada en formación pedagógica, tuvo que iniciar el proceso de validación docente casi desde cero. Lo hizo sin protestar, con la humildad de quien entendía que la vida no siempre conduce por los caminos soñados sino por aquellos donde realmente florece el propósito.

Y fue precisamente entre cuadernos, pizarras y alumnos donde Wilman descubrió algo inesperado: enseñar no era una obligación pasajera, sino una pasión profunda. La docencia empezó a revelarse como un territorio donde podía transformar vidas, así como otros alguna vez transformaron la suya al darle una oportunidad.

» Fui docente durante 50 años: comencé en Institución Educativa Mariscal Sucre en Chalan donde estuve dos años, luego fui trasladado a Institución educativa San Francisco de Asís en Buenavista donde laboré durante 35 años y finalmente culminé mi labor como docente en Plan Parejo, corregimiento del municipio de Buenavista, Sucre donde permanecí durante 13 años donde salí pensionado «reseña Wilman Quiroz sobre su vida laboral.

Con el tiempo comprendió que no construiría edificios de cemento, pero sí ayudaría a levantar seres humanos desde el conocimiento, el pensamiento y la sensibilidad. Y quizás allí, en esa misión silenciosa de educar, encontró una obra mucho más grande y perdurable que cualquier estructura de concreto

Licenciado en Filosofía e Historia…

Foto: Wilman y Miguel Àngel `Pachin Quiroz Diaz

Miguel Àngel Quiroz y Ludivina Dìaz tuvieron seis hijos: Wilman, Jenny , Miguel Àngel (El Pachìn) ,María, Edgar y John Jario Quiroz Dìaz.

Wilman Quiroz, entendió muy temprano que no quería quedarse toda la vida con el rótulo de “docente bachiller”. Dentro de él seguía ardiendo aquella necesidad de superarse, de demostrar que los límites económicos podían retrasar los sueños, pero no enterrarlos.

Por eso tomó una decisión que marcaría definitivamente su destino: estudiar Filosofía e Historia a distancia en la universidad Santo Tomas de Aquino con sede en la Capital de la República . Mientras muchos descansaban después de la jornada laboral, Wilman se sumergía en libros, guías y reflexiones filosóficas, convencido de que el conocimiento era la herramienta más poderosa para transformar su vida.

Foto: Wilman Quiroz y Francisco Figueroa Turcios

No fue un camino fácil para Wilman. Estudiar a distancia significaba sacrificar tiempo, vencer el cansancio y enfrentarse a la soledad de largas noches de estudio. Pero cada página leída era también una victoria íntima contra aquellos pronósticos que un día dudaron de su capacidad intelectual. Poco a poco, la Filosofía e Historia no solo fortaleció su formación académica, sino también su manera de entender la existencia humana, el valor de la dignidad y la importancia de educar desde el pensamiento crítico.

Y entonces llegó el día que jamás olvidaría. Después de culminar con éxito sus estudios, Wilman emprendió el viernes 15 de noviembre de 1996 viaje hacia la capital de la República para recibir orgullosamente el título de licenciado en Filosofía e Historia.

Cuando Wilman Quiroz Díaz llegó a sustentar su tesis de grado como licenciado en Filosofía e Historia, el ambiente solemne del examen oral imponía respeto. Los tres jurados habían decidido repartirse las preguntas: el primero abordó la pedagogía, el segundo la historia y el tercero la filosofía. Wilman respondió cada intervención con serenidad y solvencia, pero fue en el terreno filosófico donde realmente brilló.

Allí habló con la naturalidad de quien se mueve en su propio universo, recordando cada pregunta y cada argumento como pez en el agua, porque la filosofía no solo era una asignatura en su carrera: era la pasión que le daba sentido a su pensamiento y a su manera de entender la vida.

Wilman recuerda las preguntas de que fue objeto por los tres jurados. » Los temas de las preguntas fueron de pedagogía, Historia y Filosofía. La primera pregunta fue .¿Estímulo y Respuesta es importante para el desarrollo del proceso enseñanza aprendizaje porque? Respondì: Permite el desarrollo del lenguaje y mayor conocimiento del entorno físico social».

La segunda pregunta sobre Historia. ¿ Que diferencia hay entre Historia tradicional y la Historia nueva? Respondí:» La Historia tradicional se enfoca en un hecho de resonancia, grandes acontecimiento y la Historia de ahora, se centra en varios aspectos política, social, ético y cultural». Y la tercera fue sobre filosofía. ¿El filósofo Latinoamericano Brasilero Paulo Freiré q similitud filosófico tiene con Santo Tomas de Aquino? Yo respondí: Ambos coinciden que para llegar a la verdad se necesitan dos elementos complementarios la RAZON Y LA FE es decir amor y diálogo» recuerda Wilman Quiroz sobre las preguntas y las respuestas.

Aquel trayecto entre Corozal y Bogotá para Wilman guardaba un doble significado emocional: no solo iba a recibir el diploma que simbolizaba años de sacrificio y perseverancia, sino que además viviría una experiencia que parecía imposible para aquel muchacho humilde de Corozal: viajar por primera vez en avión.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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