Con esta nota no quiero despertar controversias, pero sí exponer mi punto de vista al análisis, porque esta desafiante crisis nos obliga a escrutar salidas, otras estrategias.
Por: José Serrano – Periodismo con altura
Va a sonar cruel, va a parecer inhumano, desearán que José Serrano se queme en el fuego eterno del infierno, pero pienso que es hora de abrirle las puertas al coronavirus y aprender a convivir con él, esto es inevitable.
Salvaje y bárbaro son otros de los adjetivos que me endilgarán, pero sigo pensando por muy cruel que parezca que este autodestructivo ataque a que nos tiene sometido la COVID-19, plantea la estrategia de comenzar a verla de otra forma y convertirla en nuestra amiga, es que no podemos pelear contra lo que no conocemos.
El presidente Duque ya lo dijo, a partir del 11 de mayo se termina la cuarentena obligatoria y comienza la cuarentena inteligente, al buen entendedor entre lo que dice nos dice el presidente y la realidad hay un abismo gigante.
El alcalde, buscando lo mejor para los habitantes de Malambo, ha emitido una serie de medidas para tratar de forma inteligente ganarle tiempo al tiempo, entre esas el último decreto: el toque de queda, que es una facultad intervencionista que nos confina, que recorta nuestras libertades, nuestros derechos y nuestros principios como ciudadano.
El confinamiento total de la población viola el derecho a la libre circulación, a la libertad de culto, de reunión y otros; si bien es cierto que el toque de queda tiene una motivación como el aumento de contagiados, la desobediencia civil y que estamos en una situación atípica, este es un Estado que debe respetar los derechos ciudadanos y cuidar la salud de la democracia.
Estamos enfrentando la COVID-19 de una manera para mí errónea, creando miedo, pánico, y el pánico genera conductas irracionales como el ataque a los médicos y señalamiento y condena al vecino que resulte contagiado, no sabiendo que de cada 10 personas 7 estarán positivas para el coronavirus cuando se apliquen las pruebas con mayor regularidad.
Tenemos que implementar más bien políticas públicas de educación que nos enseñen a convivir con el virus, que nos enseñen desde la cultura a romper ese metro de distancia que nos separa y que esta indisciplina social nos deja como lección que hay que invertir mucho más en cultura ciudadana.
Somos un municipio con un 70% de pobreza y la gente debe salir a buscar su sustento; el desempleo subió a un 13%, la cifra más alta en los últimos años, que es mentira como son todos los datos del DANE, porque el porcentaje debe ser mucho mayor.
La COVID-19 no se ha podido detener, vamos aprendiendo de ella, nos ha ganado, va a unos pasos más adelante de nosotros y la cuarentena indefinida no parece ser la solución, por lo que debemos buscar otra salida que podría ser coexistir juntos.
Con esta nota no quiero despertar controversias, pero sí exponer mi punto de vista al análisis, porque esta desafiante crisis nos obliga a escrutar salidas, otras estrategias. Como periodista me corresponde desglosar y distinguir alternativas que en el corto plazo nos eviten un estallido social. No hay peor riesgo social y de salud pública que el desempleo y el hambre y de seguir como vamos va a resultar más cara la medicina que la enfermedad.











