La paz y la seguridad en Colombia no son parte de un cómic, pero el presidente y el expresidente se siguen enfrentando por el poder como si fueran superhéroes.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
Mientras en el cine se pelean Batman contra Superman, en la vida real de los colombianos el poder polariza a su sociedad con una pelea que ya lleva más de un lustro y que arrastra al país en un espiral de violencia impulsado por miedos y odios viscerales.
El presidente Juan Manuel Santos y el ex presidente Álvaro Uribe Vélez hace una década se consideraban aliados en la lucha contra el terrorismo, así algunas batallas las ganaran por los terroríficos falsos positivos. Sin embargo, estos dirigentes políticos hoy son los protagonistas de enfrentamientos que van más allá de las discrepancias personales, políticas o ideológicas.
Mientras el Presidente Santos tiene en Uribe a su máximo opositor, no solo de palabras sino de hechos, este último tiene en Santos al gran traidor y supuesto perseguidor de su familia (su hermano, sus hijos) y de su principal anillo político (de Oscar Iván Zuluaga hacia abajo). Por eso ya no solo es que Santos abandonó los «tres huevitos», sino que Colombia entera parece enfrascada en la actualidad en una pugnacidad entre quienes apoyan un bando o al otro, al punto que la paz o la continuidad del conflicto armado depende de cómo termine el pulso por el poder entre los dos líderes.
El más reciente episodio es la marcha convocada por el Centro Democrático para este sábado 2 de abril, de manera simultánea en varias ciudades de Colombia y del extranjero, para que la sociedad colombiana «diga No al gobierno del presidente Juan Manuel Santos». El Centro Democrático, creado y liderado por el senador Álvaro Uribe Vélez, está pidiendo la renuncia de Santos, ni más ni menos. Y para ello enumera argumentos (Ver abajo de esta nota la carta completa de la convocatoria).
Con mucho entusiasmo, las fichas políticas del Centro Democrático, entre ellas el joven concejal de Barranquilla, Carlos Meisel, convocan a la sociedad:
Pero no todo el mundo marcha
El entusiasmo de la convocatoria del Centro Democrático no es compartido por todos los colombianos, a juzgar por las expresiones en redes sociales. En un trino de este viernes 1 de abril, la dirigente política Clara López estableció una relación muy cercana entre las intenciones del partido político de Álvaro Uribe y el paro armado impuesto por el Clan Usuga (confeso grupo paramilitar) en varios departamentos. «Paro armado del Clan Úsuga es un atentado contra proceso de paz. Preocupante convocatoria a apoyar marcha anti paz del 2 de abril», reza el trino, que es seguido por otro que es acompañado de una supuesta carta del Clan Usuga:
Esta convocatoria del Clan Úsuga circula en Antioquia en la víspera de la marcha anti paz del 2 de abril pic.twitter.com/oYQTM35J5Q
— Clara López Obregón (@ClaraLopezObre) 1 de abril de 2016
Finalmente, actores de la sociedad muy distintos a las esferas de la política y de la violencia (paramilitares, guerrillas, bacrim) advierten que estos episodios de la larga pelea entre Santos y Uribe buscan engañar al país, o al menos distraerlo de la realidad a la que se enfrentan a diario millones de colombianos. Esa realidad tapada a sangre y fuego tiene su centro en la enorme desigualdad e inequidad que se vive en el país, y su estado de corrupción, en lo cual tienen sus manos metidas por completo los gobiernos de Santos, de Uribe, de Pastrana y de todos los presidentes enumerados en fila hasta llegar a la Patria Boba.
A continuación, el sociólogo Jair Vega nos comparte sus argumentos para explicar porqué considera que la marcha civil del Centro Democrático es aceptable, pero porqué él no marchará:
Solo queda reafirmar que Colombia se está jugando mucho más que la búsqueda de un final feliz en una película de aventuras, y que por mucho que Santos y Uribe se nos presenten como los superhéroes de la última generación, cada día ambos están más cerca de terminar autodestruidos como les suele ocurrir a los supervillanos. Los colombianos tenemos que decidir, en la vida real, si con ellos termina también el camino hacia la paz.













