Como nació en cuna de oro y en su juventud se dedicaba a estrenar carro cada año, jamás ha ido a comprar una bolsa de leche. No sabe cuánto cuesta un huevo.
Por Rafael Sarmiento Coley
Mauricio Cárdenas Santamaría, según sus biógrafos de cabecera, es miembro de dos rancias familias adineradas de la alta sociedad bogotana, cuyos miembros desfilan en los clubes sociales con el dedito parado y la cabeza bien en alto para no mirar a sus propios contertulios. ¡Es que son creiditos y algo más!
Por eso no es de extrañar que al Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas Santamaría, le importe un pito clavar a todo el mundo con más impuestos. Y sin sentir el menor remordimiento. Él dirá: “estos zánganos han aguantado hasta ahora todas las reformas tributarias, ¡qué carajos le incomodará una más!”. Con toda seguridad jamás ha pisado una tienda. Es claro que no sabe cuánto cuesta un plátano, una bolsa de leche o un huevo, por ejemplo. En su juventud cambiaba de carro cada año y jamás en su vida ha dejado sus tres golpes diarios y tres meriendas, lo que siempre le ha producido tendencia a la obesidad. Por eso la odia tanto, que le clavó impuestos a las bebidas azucaradas «porque producen muchos gordos en el país».
Es bueno advertirle que esta vez le metió la mano, no solo al bolsillo, sino al alma de los colombianos de la clase media, que son una mayoría silenciosa que quiere pertenecer a la clase alta y por eso no dice nada si le esquilman el bolsillo con impuestos hasta por el derecho de defecar.
Es tan indolente el Minhacienda, que en su reforma tributaria 2016 propone que sea gravado con un 5% el café en todas sus formas y etapas, un producto de las entrañas de los colombianos. Un grano noble que por muchos años fue el único producto colombiano de exportación. Un producto que defendió a capa y espada Jorge Cárdenas Gutiérrez, quien por muchos años fue el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, a los que ahora su hijo quiere clavarles las banderillas con una carga impositiva.
De tal manera que el cafecito que se toman los colombianos a primera hora, en adelante, si el Congreso de la República se come toda la mermelada que le enviará el Gobierno y aprueba el proyecto de ley presentado por Cárdenas Santamaría, será más caro.
Busquen la plata donde la hay
muy cierto que el Gobierno Nacional afronta una situación económica difícil. También es cierto que requiere con urgencia tapar la tronera de la deuda externa. Como del mismo modo hay que admitir que, si los colombianos quieren una paz estable y duradera, hay que contar con mucha plata contante y sonante para hacerle frente al posconflicto.
Todo eso es muy cierto. Como también es una verdad de a puño que hay sectores como el bancario, que ganan mucha plata a costilla del usuario del servicio financiero colombiano.
Cada grupo de este sector (porque ahora los jugadores no son más que dos o tres pulpos que abarcan toda la banca y en general el sector financiero), se ufana de ganarse en cada trimestre 14, 16 y hasta 22 billones de pesos. Pues si es verdad – como debe ser, porque de lo contrario no lo gritaran a voz en cuello—que ganan tanta plata, pues es a ellos a quienes el Minhacienda debe meterles la mano al bolsillo, no hasta al fondo (como lo propone con la clase media), sino hasta la mitad. Para que le quede aire y sigan generando más vigor al Producto Interno Bruto del país.
Es claro que un país que aspira a superar del todo la etapa del subdesarrollo requiere de una banca fuerte para que sirva de músculo financiero para el crecimiento de otros sectores de la economía. No está demás, por supuesto, que, por ser el sector que más ganancias obtiene, sea el que afronte la más alta contribución al fisco nacional. Es apenas lógico. Y justo. No por castigar a dicho sector. Sino porque gana más y disfruta de unas extraordinarias garantías que le ofrece el Estado para que funcione a sus anchas.
Es un sector que le cobra al usuario financiero hasta por el aire que respira dentro de una de sus oficinas. Se ahorra cuantiosos millones de pesos al reducir de manera drástica al personal de servicio al cliente. Antes en una sucursal bancaria había una docena de personas en las ventanillas de servicio al cliente. Hoy no hay más de tres, cuando mucho, cuatro. En cada sucursal había hasta diez cajeros. Hoy hay tres.
Para colmo de males, es el sector que peor paga a su recurso humano, trabajadores que, entre otras cosas, hace años les amordazaron el derecho al reclamo de mejores salarios mediante la acción sindical. Perdieron hasta el derecho a huelga.
Quiénes evaden y eluden
El otro puntico que es necesario recordarle al Minhacienda es que en Colombia hay miles de acaudalados que evaden o eluden – o ambas cosas- el pago de impuestos. Y todo el mundo lo sabe, menos los funcionarios de la Dian. Menos el Ministro de Hacienda.

Mauricio Cárdenas Santamaría, Ministro de Hacienda, quien el miércoles presentó la polémica reforma tributaria que, como siempre, el Congreso termina enmermelado y la aprueba.
Y son peces gordos de la economía nacional, que se cuelan en los cocteles de los altos niveles políticos y toman whisky con el Ministro de Hacienda. Y son uña y mugre de cierta clase política que financia sus campañas con dineros de esos peces gordos que disfrutan de la evasión de impuestos, o eluden su pago, en la mayoría de los casos con sobornos a funcionarios corruptos.
Claro, lo primero que dirá el Minhacienda, un hombre bien preparado y astuto, joven todavía (tiene 54 años, nació en Bogotá el 9 de junio), “¡Dónde están esos peces gordos? ¡Muéstrelos!”.
Sí señor, ¡cómo no! Quién se los va a mostrar, si en las altas esferas del país los conocen mejor que el común de los mortales.
Si se dieran esos dos milagros (hacer que el sector financiero pague un poquito más de impuestos y quitarles buena parte de sus fortunas mal habidas a los peces gordo de la evasión), Mauricio Cárdenas Gutiérrez borraría de su proyecto el castigo a la ya esmirriada clase media colombiana, a la que le dio como consuelo la noticia de que seguirán sin IVA los alimentos básicos y los medicamentos. Lo mismo que los celulares de menos de 650.000 pesos.
La cosa más extraña es que los libros, la ropa y televisión de operadores tendrán IVA del 19 por ciento. Clavarles el 19 por ciento de IVA a los libros en un país que casi no lee, es incrementar la tasa de poca lecturabilidad en Colombia. En cambio se estimula el uso del celular.- ¿No era más útil estimular la compra de libros? Quizás el Minhacienda piense que es suficiente con un Premio Nobel de Literatura.
Un senador que dijo la verdad
Fue muy grato leer en semana.com los puntos de vista del senador del Centro Democrático (uribismo), Iván Duque. Son muy coincidentes con la agenda de www.lachachara.co
Duque critica con dureza el incremento del IVA, que pasa del 16 al 19 %, además, un monotributo para pequeños comerciantes e impuestos a las bebidas azucaradas. Fue la voz más analítica de la reforma tributaria presentada el miércoles por Cárdenas Santamaría.
El senador considera que, como en todo, en el proyecto hay cosas buenas, malas y feas. Sin embargo, que en esta oportunidad eran más las malas y las feas. Aseguró que la reforma «es un golpe muy duro y regresivo para la economía», pues al final «van a salir clavados las clases menos favorecidas y la clase media».
Uno de los puntos que para él generan más controversia es el aumento del IVA. Explica que cuando la inflación es alta y, como en este caso ya se comió el aumento del salario mínimo, esa medida será «un golpe muy duro y regresivo para la economía». Agregó que esto va a traer consecuencias negativas como «generar incentivos para la informalidad».
Iván Duque explicó su desacuerdo con los puntos que más han generado polémica en la reforma. Agregó que no es cierto que ponerles impuesto a las bebidas azucaradas reduzca la obesidad, pues estas son apenas el 3 % de las calorías que consumen los colombianos. Dice que lo que sí va a pasar es que se afectará a 27.000 tenderos y que Colombia debería mirar el caso de México, en donde los gordos siguen siendo gordos y en cambio sí se afectó la economía de los pequeños empresarios, en especial, tenderos.
Sobre el impacto que tendrá en los asalariados dijo que los más perjudicados serán las personas de la clase media ‘emergente’, pues tendrán que comenzar a pagar impuestos quienes ganen salarios superiores a los 43 millones anuales. Otro punto con el cual señaló su molestia fue con el IVA para la medicina prepagada, del 19 %.
«Cuando usted pone impuesto para las empresas y también para los dividendos, lo que sucede es que se disminuye la inversión», agregó. Explicó que el sector empresarial perderá competitividad frente a otros países.
Dentro de los puntos que preocupan al senador uribista se encuentra el golpe tributario al sector tecnológico. «Está comprobado en muchos países que son más las actividades que se desarrollan a partir de acceso a la tecnología, que simplemente ponerles un IVA muy duro a los computadores o a los teléfonos inteligentes», explicó.
Por último, Duque lanzó una dura crítica a la propuesta del Gobierno que llevará a la cárcel a los que evadan más de 5.000 millones de pesos. «En eso hay populismo punitivo (…) ¿El Gobierno tiene la capacidad de llevar a la cárcel a todos los evasores? Prefiero que la Dian mejore los procesos de fiscalización».
Por supuesto que la Dian tiene que cambiar urgente su modelo de fiscalización. Se conoce de manera profusa en el país que en dicha entidad sigue campante la corrupción. Es un cáncer que hay que extirpar en casi todos los sectores del país, en especial en una entidad tan sensible. Otro sector en el cual hay que extirpar ese cáncer es en el bancario. En algunas de esas entidades le esquilman el dinero a los ahorradores y no hay ley posible que obligue a dichas oficinas a devolver el hurto, a pesar de que es palpable la complicidad interna. Y la Superintendencia Financiera lo conoce hasta la saciedad. Solo que no aplica con drasticidad los mecanismos legales para reducir los índices de corrupción en el sector bajo su lupa. Es que con requerimientos ‘decentes’ nadie le hace caso. Esos oficios que envía la Superfinanciera a las entidades del sector financiero en donde hay evidentes signos de malos hábitos son un saludo a la bandera.











