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Tres grandes de la música analizan la voz de Rafael Orozco

Alfredo Gutiérrez, Juan Piña e Israel Romero coinciden en que el desaparecido cantante de Becerril, con la textura de su voz y su dominio de escenario, se hizo irremplazable. 

Por Rafael Sarmiento Coley

“Mi compadre Rafael Orozco tenía una voz muy tierna que sabía llegarle a todos los públicos, en especial al género femenino, porque, además, fue el primer cantante vallenato que supo manejar la expresión corporal y el dominio de escenario, era toda una estrella internacional”. Es la definición del también cantante Juan Piña Valderrama, oriundo de San Marcos, cantante desde niño porque su padre era el dueño de la única orquesta de la Mojana. Juancho Piña, como se le conoce artísticamente, tuvo el privilegio de hacerse amigo de Rafael Orozco desde la primera vez que alternaron en una caseta el Binomio de Oro y Juan Piña y su Orquesta.

Durante el homenaje póstumo al cumplirse este 11 de junio los 25 años de su fallecimiento, tanto antes como después de la misa en la iglesia de la Torcoroma, como en el acto en el sepelio de Jardines del Recuerdo de Barranquilla, amigos de Rafael Orozco de toda la vida se dedicaron a una sana cháchara sobre la calidad artística del cantante que por 17 años fue figura estelar del Binomio de Oro, al lado del consagrado acordeonista y cofundador y codirector del grupo musical, Israel Romero.

Israel Romero, quien conformó el Binomio con Rafael Orozco hasta el día de su muerte, considera que “Rafa era el cantante vallenato más completo que había. Es cierto que Poncho Zuleta y Jorge Oñate, los cantantes de la época, tienen una voz más potente. Rafael, en cambio, tenía una voz más fina”.

En buenas escuelas

Rafael Orozco se trasladó de su Becerril natal a Valledupar a continuar sus estudios de bachillerato. En la capital cesanrese vivía su hermana Enith casada con ‘El Mono’ Cabello, hermano de Clara Elena Cabello, quien todavía vivía y estudiaba en Urumita, el terruño de los Cabello.

De estudiante del colegio Loperena Rafael Orozco compartió con acordeoneros como Luciano Poveda, Chiche Maestre, el rey vallenato de Chochó (Sucre), Julito De la Ossa, con quienes ocasionalmente animaba algunas parrandas. En esas buenas escuelas de intérpretes versados Orozco aprendió a darle color a su voz para irse abriendo paso.

Hasta cuando cayó en manos del veterano Emilio Oviedo, el llamado ‘Comandante’ de la música vallenata y quien en esos momentos era el encargado de escoger las nuevas voces para el sello Codiscos, de Medellín.

Tan pronto Oviedo escuchó la voz de Rafa en una parranda, dijo: “A este pollito me lo llevo yo para Medellín”. Así sucedió. Grabaron un trabajo musical que fue el éxito del momento. Marcó la pauta la canción ‘Cariñito de mi vida’, de la autoría de Diomedes Díaz, a quien Rafael Orozco popularizó en un saludo muy característico: “¡Y para el Cacique de la Junta, Diomedes Díaz!”. Y así se quedó para toda la vida. ‘El Cacique de la Junta”.

Era más versátil

Alfredo Gutiérrez reconoce que a Jorge Oñate se le reconoce el haber roto el esquema de hacer sobresalir al cantante por encima del acordeonista. Porque la tradición venia de los viejos juglares que eran compositores, cantantes y acordeonistas al mismo tiempo.

“Con Oñate cambia ese modelo. Además lo acompaña una portentosa voz. Lo de Rafael Orozco era distinto. No era esa voz potente, pero era cadenciosa, con mucho sentimiento y versatilidad. Era una voz que sabía interpretar lo puro de la música vallenata, y las nuevas tendencias. Le lucía cantar lo viejo y lo nuevo. Era mucho más versátil que todos los demás cantantes del momento”, dice Alfredo Gutiérrez.

“Sin entrar en polémicas con nadie, hay que reconocer que el Binomio de Oro de su momento cumbre impuso el estilo del grupo vallenato de corbata o corbatín, uniforme impecable y único para cada ocasión”, asegura Juancho Piña, quien pasó a la historia de la música vallenata al grabar un LP que catapultó a la fama al acordeonero Juancho Rois. Y quedó en los anales de los conjuntos vallenatos como el corista que subió la voz al punto más alto del pentagrama en el tema del Bimonio de Oro ‘Campana’. Pero lo que más recuerda con cariño fue “el bonito coro que logramos en ‘Qué será’ y el tema cumbre de la autoría del propia Rafael Orozco dedicado a su esposa Clara Cabello de Orozco ‘Solo para ti”.

Estos cuatro ‘tigres’ de la música costeña de siempre (Juan Piña, Alfredo Gutiérrez, Israel Orozco y Emilio Oviedo) nos dejan la enseñanza de lo que es un buen, regular o mal cantante vallenato.

Habla un experto

“He escuchado la música del Binomio en la era de Rafael Orozco. Un cantante de una afinación impecable. Muy pocos cantantes de esa música tienen la afinación perfecta que tenía Orozco”, el concepto es el del guitarrista, compositor, experto en musicalización de videos, documentales, películas, director de sus propio grupo musical y estudio de grabación y edición, Julián Andrés Sarmiento Figueroa.

A raíz de que en su familia hermanos, tíos y hasta el padre son aficionados a la música vallenata, él terminó por ponerle el oído al género musical, mientras estudiaba en la Uninorte Periodismo y Producción de Radio y Televisión, y con profesores privados, música, su gran pasión.

“Lo primero que yo analizo de un cantante es su afinación. Porque es que hay muchos cantantes desafinados y en el vallenato hay unos que son un desastre. Por ejemplo, pocos de ellos le prestan atención al texto. Que es el timbre o sea el color de la voz, es la propiedad que una voz sea única y reconocible”, sostiene Julián Andrés.

En cuanto a la tesitura, son pocos los cantantes que saben dominarla. Como se sabe, la tesitura es qué tan grave o qué tan agudo puede alcanzar la voz de vocalista.

Julián Andrés considera que los estudios de grabación no son muy exigentes a la hora de tener en cuenta todos estos aspectos, que le dan el éxito permanente o fugaz a un cantante. Y en, verdad, coincidiendo con la opinión de Julián Andrés, el maestro Alfredo Gutiérrez agrega que la “vocalización es la prueba reina para muchos cantantes. En ese sentido, Rafa Orozco tenía una vocalización perfecta”.

Julián Andrés se muestra de acuerdo con Alfredo. “Hay que oír la vocalización de Rafal Orozco con la cual el cantante interpreta las palabras. Otra de sus grandes virtudes era la afinación, que es la capacidad de interpretar bien nota a nota las melodías”.

Galería de fotos durante la misa en la Torcorona y en Jardines del Recuerdo

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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