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‘Todos al parque’ El Limoncito, sobre los escombros de un hogar

Hubieran podido contratarlos como guardaparques y ayudarlos a embellecer la casa como parte del entorno. Optaron por desalojarlos y destruir.

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Nota del Editor: Antes de leer esta crónica, le informamos que se le hicieron cambios a la versión original, ya que el domingo 23 tuvimos la oportunidad de presenciar la conversación entre Eduardo Gascón, hermano mayor de la familia desalojada del parque El Limoncito, y el párroco de la iglesia que está situada en el mismo parque. Esto generó información más actualizada que consideramos oportuna incluir.

El viernes 21 de agosto, a las ocho de la mañana, una catapila entró al parque El Limoncito, se puso enfrente de la casa ubicada dentro del predio y esperó, con su presencia amenazante, la orden de destrucción. Dentro de la vivienda estaban sus habitantes: dos hermanos varones, una hermana que es discapacitada mental, su hija -que estaba recién parida con un bebé de dos días- y el esposo.

Los delegados de la secretaría de Espacio Público y Control Urbano tocaron la puerta. Apenas alguien les abrió, una de las funcionarias desenfundó la orden: «Venimos a desalojar. Salgan, porque tenemos autorización para derribar la casa». Venían acompañados del delegado de la Personería y un equipo de policías y del Esmad. Y de la catapila. «Señora -le dijo uno de los hermanos-, pero cómo nos vamos a ir sino tenemos para dónde, aquí tenemos a nuestra hermana recién parida, su bebé todavía está en la clínica, no sea inhumana. Esto es demandable». La funcionaria, que comía una barra de chocolatina mientras oía las querellas, contestó: «demanden si quieren, pero se van». Acto seguido hizo entrar a su equipo, lo puso en fila india desde la sala hasta la terraza y dio una nueva orden: «O nos dejan ayudarlos a recoger las cosas o las sacamos nosotros».

Lo que los Gascón tenían adentro

Durante más de veinte años los vecinos de El Limoncito se preguntaron cómo podían vivir tantas personas en esa caseta de sesenta y nueve metros cuadrados. Los que tuvieron hígado para asomarse a ver el operativo de desalojo, ese día pudieron responderse. El Limoncito desalojoDe las entrañas del hogar de la familia Gascón salieron dos camas, tres colchones, una colchoneta, una nevera oxidada, un equipo de sonido y un televisor viejos, dos abanicos, enseres menores y ropa. Apenas lo suficiente para que quedara el espacio de vivir. «Pero era nuestra casa -dice Raúl Gascón, el menor de los hermanos-. Me sentía el hombre más rico del mundo poder despertar con el sonido de los pájaros y de la brisa, y sentarme en la banca a respirar mañanas que pocos han tenido».

Lo que El Limoncito tiene adentro

El Limoncito iglesiaEn el mismo parque, en su costado oriental, hay un terreno de dos mil metros cuadrados ocupados por una capilla, una iglesia y una imponente casa cural que tiene dos bloques y dos plantas. Los predios fueron cedidos por el Distrito en una maniobra del ex alcalde Guillermo Hoenigsberg. Cuando el sacerdote de la parroquia llegó este domingo a dar su sermón, se encontró en la puerta de la iglesia con Eduardo Gascón, el mayor de los hermanos. Eduardo llegó a pedirle ayudar, orientación. El padre lo escuchó atento y luego habló: «No sé si sabes, pero yo conversé con tus hermanos hace días. Les dije que la Iglesia jamás se prestaría para cometer un atropello». Eduardo le dijo entonces: «padre, nos derribaron la casa, no tenemos a dónde ir. No nos ayudaron, nos atropellaron». El padre se mostró sorprendido: «Me habían dicho que la Alcaldía les había dado una casa». Eduardo desmintió eso y le reveló la situación actual: El viernes, Raúl, el menor de los hermanos, durmió en un bordillo; Rafael, durmió en una colchoneta en el lugar donde trabaja; lo mismo hicieron sus hermanas. La bebé recién nacida todavía está en la clínica, cuando salga no tendrá dónde dormir. Los escombros de la casa de los Gascón ya fueron retirados y la familia pernocta donde puede.

Así como le ocurrió al sacerdote, la mayoría de los feligreses que religiosamente dan sus diezmos en El Limoncito solo se están enterando de la situación por los dimesydiretes entre los vecinos, que se tomaron las redes sociales, unos para protestar por lo que consideraron el desalojo como un acto inhumano, otros porque lo celebran como un logro propio. El caso extremo es el de una vecina que se ha convertido en candidata al Concejo por cuenta de demostrar su liderazgo para que el parque y la iglesia se construyeran. Ella afirma que la familia Gascón llegó a pedir cinco casas y dos mil millones de pesos a cambio de salir, y que ahora ella por decir estas cosas está amenazada de muerte.

«Esa versión de las cinco casas y los dos mil millones de pesos también llegó a mis oídos -le dijo el padre a Eduardo antes de entrar este domingo a la misa de diez de la mañana-, ahora que hablo contigo me doy cuenta de que hay muchos rumores. Pero es mejor no estar diciendo cosas de un lado y del otro, porque no es sano; mejor ven por favor mañana lunes, trabajemos juntos una solución para tu familia, que es lo importante. Y que haya concordia en la comunidad». Eduardo asintió agradecido y se despidió, el padre lo tomó de los brazos, lo miró a los ojos y le confesó: «Ayer viernes mientras derrumbaban tu casa, yo estaba aquí. Me arrodillé y le pedí sabiduría a Dios. También provengo de una familia que no tiene nada, ni un techo, y sé lo que se siente. Cuenta conmigo en lo que pueda ayudarles».

Y la casa cayó

La familia Gascón pudo demostrar ante las autoridades que habitaban esa casa desde hace más de dos décadas. Cuentan con documentos y testimonios de los mismos vecinos que lo ratifican, incluso los que pusieron todo su esfuerzo para que los desalojaran. Sin embargo, aunque la Secretaría de Espacio Público y Control Urbano afirmó públicamente que no los desalojarían ni destruirían su casa, lo contrario sucedió. En vano fueron las palabras de Karen Ricardo, abogada de esta Secretaría, quien en marzo de este año dijo que con esa casa «no nos meteremos».

Como lo demuestra la anterior grabación, la familia supuestamente invasora sí estaba en su derecho de posesión. Solo que no pudieron defenderse con una estrategia jurídica organizada. Porque son analfabetas y no tuvieron escriturada la casa nunca. Pero tampoco el Distrito ni la candidata al Concejo cuentan con un documento físico y/o digital que respalde su versión de que a la familia Gascón les ofrecieron una casa o alternativas para trasladarlos. Se sabe de otros parques en los que la presencia de un CAI o una estación de taxis no fue impedimento para que se hiciera el proyecto ‘Todos al parque’. Al contrario, al CAI y a la estación los embellecieron para ponerlos a tono con la nueva imagen de florecimiento. ¿Qué poder político o sobrenatural decidió que a los Gascón no los ayudaran?

En medio del operativo, cuando ya todo estaba dicho y la familia se había resignado, una de las funcionarias de Espacio Público les dijo: «Ustedes tenían ganado el caso, pero no se asesoraron bien». A lo que un vecino solidario le replicó: «¿Y entonces para que están ustedes como Estado, sino para ayudar a los que más lo necesitan?». El representante de la Personería intervino y se dirigió a uno de los hermanos para zanjar cualquier escaramuza: «Ya no es tiempo de reclamar. Usted y su familia ya no tienen nada y el Distrito ahora tiene el poder». Minutos después, la catapila empezó a tumbar la casa.

Hay algunos vecinos que se han preguntado qué pasará con la familia ahora que no tiene casa y cómo la pueden ayudar. A los interesados, pueden llamar a alguno de los hermanos: Raúl Gascón, al 3007027644; a Rafael Gascón, 3015137983; o Eduardo Gascón, al 3114688532. En efecto, ya hay vecinos organizando una campaña para apoyarlos.

A continuación reproducimos la escena de cómo el parque El Limoncito florecerá sobre los escombros de un hogar:

Reportajes anteriores de Lachachara.co sobre El Limoncito:

El Limoncito enreda a todos en el parque – primera entrega

El Limoncito enreda a todos en el parque – segunda entrega

Todos al parque en Villa Carolina y El Limoncito

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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