“Nací en San Bernardo del Viento, viví un tiempito en Bogotá, enraicé en Barranquilla y ahora estoy en Cartagena”.
Por Rafael Sarmiento Coley
Bueno, ¿y sobre qué era la conferencia de Juan Gossaín en La Cueva el viernes?
Nadie lo supo. Porque la joven colega Tatiana Azcárraga, designada por los directivos de La Cueva para presentarlo y formular las preguntas sobre una temática que quedó en el anonimato, pronto comprendió que con semejante toro miura del periodismo colombiano y escritor internacional y miembro de la Academia de la Lengua Española, no se podía otra cosa que dejar `que aquel astado hiciera lo que quisiera en un escenario que le aplaudía todo: hasta cuando se ponía de pie alzando el brazo con el vaso de whizky vacía y gritando que estaba seco y que así no podía seguir hablando.
Una verdadera puesta en escena de una charla periodística seria, con mucho humor y no menos historias y enseñanzas de este oficio. Su periplo vital en el oficio. ¡Fácil! Después de una juventud de pescador tirando canaleta y nada de pescados, se fue a Cartagena al Colegio la Esperanza. Envió una carta-crónica-solicitud de trabajo a El Espectador y a los tres días le enviaron tiquetes aéreos y viáticos para que se presentara ante don Guillermo Gano, director del diario capitalino. No echó raíces ahí porque al poco tiempo alguien de manera abusiva colocó su nombre ‘Juan Gossaìn Abdala’ con cédula y lugar de nacimiento, al lado de 300 comunistas redomados que respaldaban la revolución cubana. Y hasta ahí llegaron los amores con el diario de los Canos.
Sin trabajo, en una ciudad huraña para él, en donde no podía ver a lo lejos un sombrero vueltiao porque enseguida le gritaba: “¡De San Bernardo del Viento!”, con la esperanza de que fuera un paisano. Y el sujeto volteaba a verlo, lo saludaba y le gritaba “¡De San Jacinto”! y seguía su camino.
Las travesuras del destino
Hasta que una tarde, por esas travesuras del destino, en una de las esquinas de la Plaza de Bolívar se encontró cara a cara con Juan B. Fernández Renowitzky, director de El Heraldo.
“Ajà Juancho, ¿Cómo te va e n el diario de los Canos? Como por no pasar la mena dijo que estaba aburrido y quería regresar a la Costa. Juan B. le ripostó. “Mira como son las cosas, y yo que no quisiera venirme de mi región y ahora acaban de nombrarme ministro de Comunicaciones. ¿No te quieres ir a reemplazarme en El Heraldo?”.
Gossain dice que sintió un escalofrío tal, que no lo dejaba pronunciar palabra alguna. Hasta que, por fin, tartamudeando dijo: “¡Claro, maestro será un placer enorme”!
Una verdadera escuela de periodismo
Juan Gossain llegó a la jefatura de redacción de El Heraldo cuando Barranquilla atravesaba por el momento más vergonzante. Los concejales de entonces eran mucho más corruptos que los de ahora. A punta de presiones aburrieron al eficiente y pulcro gerente de las Empresas Públicas Municipales, mister Samuel Hollopeter, quien ocupaba el cargo en representación de la banca de Chicago que había prestado los dólares para hacer un moderno acueducto, extender las más confiables y adecuadas redes para llevar el servicio de agua potable a todos los barrios, simultáneamente con las redes de las aguas servidas y una moderna flota para la recolección de basura.
Los tiburones insaciables de la clase política barranquillera y sus serviles del Concejo y la Asamblea le ponían toda suerte de trabas a las EPM. Inventaban desvíos de recursos. Altas tarifas. Desperdicios de materiales. Hasta que el gringo no aguantó más y liò sus bártulos a Chicago. Ahí comenzó la peor desgracia de los servicios públicos de Barranquilla.
Todo eso lo destapó Gossain, en un periodismo pulcro, insistente e investigado a profundidad. Hasta viajó a Chicago a entrevistar al viejo Hollopeter.
El día de los 3 Papas muertos
Por Esa época Gossaìn era un referente para los jóvenes que empezaban en el oficio. Como todo un gurú, todas las noches, después del cierre de periódicos y noticieros, toda una cuadrilla de periodistas, fotógrafos y chismosos, nos reuníamos en ‘El Mediterráneo’, una excelente cafetería propiedad de unos empresarios griegos que raras veces se reían.
Gosain en esa época tenía el bendito vicio de tomarse una cocacola, uno que otro trago de aguardiente y el radiotransistor pegado a la oreja. De repente pegó un salto que derrumbò todo lo que estaba en la mesa, y varios de los contertulios cayeron patas pa’rriba.
“¿Qué pasó Juancho?’, gritaron en coro.
“Carajo acaba de morir otro Papa”. Casi todo en coro le gritamos, “Juancho, te estás volviendo loco, es el mismo Papa”. Sin decir una palabra, paró un taxi y se fue para El Heraldo. Varios de nosotros hicimos lo mismo en otro carro.
En efecto, había muerto otro Papa, envenenado con 6 pepas de cianuro disueltas en un té por la mafia de Chicago y Nueva York.
El primero en morir -de muerte natural- fue Juan Pablo I (Albino Luciani, quien fue entrevistado por la colega Zoraida Noriega, en el aposento del Santa Padre mientras se cambia de ropa porque estaba bañado en sudor, por lo cual la intrépida reportera barranquillero tuvo que ver de reojo algunas partes nobles de su Santidad). Luciani murió el 28 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de suceder a Pablo VI, el 29 de septiembre a los 65 años, fue hallado muerto en medio del más intrincado misterio. De inmediato el cónclave eligió al Cardenal polaco Karol Wojtyla como Juan Pablo II. Aquel drama se llamó el verano de los 3 Papas.
Y fue Juan Gossaìn, el único periodista en el mundo, que dio ‘la chiva sobre aquellos extraños acontecimientos papales.
Gossain y el vallenato
Cuando ya el público pensaba que Gossain había agotado sus municiones, sacó la artillería pesada de su infalible conocimiento sobre el vallenato. Citò el caso de que Rafael Escalona se anticipó a Gabo con el realismo mágico con su canción de cuna “Ada Luz”, su hija mayor. “Voy a hacerte una casa en el aire/solamente pa’ que vivas tú/ después le pongo un letrero bien grande/ con nubes blancas que diga Ada Luz
Porque cuando Ada Luz sea una señorita y alguno le quiera hablar de amor/el tipo tiene que ser aviador para que pueda hacerle una visita”.
De Escalona dijo que compuso la elegía más hermosa del vallenato, la dedicada a su difunto amigo pintor Jaime Molina.
Recuerdo que Jaime Molina cuando estaba borracho/ponía esta condición/que, si el moría primero él me hacia un retrato o, si él maría primero le sacaba un son”.
Para rematar con los versos sublimes del compositor que ve con los ojos del alma, Leandro Díaz y la histórica piquería inmortal del ‘Negro Chumeca’ Lorenzo Morales y el invencible Emiliano Zuleta Baquero, y su célebre gota fría. De todos esos consagrados personajes del mundo vallenato a quien más destacó fue a Rafael Escalona, quien es el único mortal mencionado con nombre propio en 48 de las obras de García Márquez.


















