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Sobre demo-delincuentes y demo-ignorantes

Por Jorge Guebely

No se pudren las democracias sino los demócratas. Los delincuentes que fingen democracia para usufructuarlas, los demo-delincuentes.

Se pudren por no haber superado al chimpancé: la fuerza bruta, el autoritarismo, la rapacidad, la egolatría, la mancha podrida. Por privilegiar el tener y menospreciar el ser. Por ponderar mejor la hipocresía, el artificio, el dinero, y menos al ser humano. Por convertir la democracia en artilugio político, emporio de fechorías oficiales. Para triunfar en el fango, los demo-delincuentes desconocen los derechos democráticos del otro, sus derechos humanos, regla suprema de la democracia.

Por su codicia, muchos demo-delincuentes capitalistas rechazan la democracia política. Prefieren triturar al otro con placer: al negro por su color, al indígena por su raza, a la mujer por su género, al pobre por su miseria… Trituran para acumular, festejar y mandar.

Muchos demo-delincuente capitalistas -financieros o industriales- rechazan la democracia, la voracidad se lo exige. Ni Georges Soros, ni Jeff Bezos, ni Luis Carlos Sarmiento Angulo, ni Carlos Ardila Lülle, se interesan por la democracia política, sólo por el ingreso económico, el dividendo.

Sus demo-delincuentes políticos operan la ruina; especialmente, los tradicionales. Contaminan el Estado, conforman el comité burocrático de los menores para garantizar el capital de los mayores. Igual Iván Duque, derecha, que Daniel Ortega, izquierda; Donald Trump, conservador, que Obama, liberal. Maquillajes distintos para idénticos desastres: defender capitales pudriendo democracias.

Por acumular riquezas, los demo-delincuentes, capitalistas y políticos, violentan la Naturaleza: suelos y subsuelos, ríos y mares, desiertos y montañas. Por atesorar más, se tornan criminales, construyen desigualdades, cultivan guerras, colonizan continentes, masacran naciones… Su inhumana codicia destruye democracias.

Tampoco erigen democracias muchos votos de los demo-ignorantes. Los de la clase media que, por trepar, eligen al mejor postor, al mejor impostor. Por subir, destruyen sensatez, debilitan dignidad, ferian consciencias, cultivan ignorancia. Ninguna ignorancia construye democracia real.

Al voto de muchos demo-miserables lo invalidan las úlceras estomacales, le empañan la consciencia. La miseria no piensa, solo es terreno fértil para el demo-delincuente, para astutos políticos que carcomen y arruinan democracias. Con hambre e ignorancia, cualquier democracia es otra prestidigitación de los demo-delincuentes.

Entre demo-delincuentes y demo-ignorantes se pudren las democracias y se fortifican las tiranías. ¡Mucho sistema para poco desarrollo humano! No sabiendo ser aún libre, impera la esclavitud a través de las mañas políticas. Obra de falsos demócratas, de demo-delincuentes, de peligrosos enanos mentales con funciones estatales y para-estatales. “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”, decía brillantemente Camus.

jguebelyo@gmail.com

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