«Si es triste la realidad actual del sector con los altos funcionarios circulando a diario por ahí, no es nada alentador el futuro cuando solo lo vean ‘de costado’».
Por Rainiero Patiño Martínez
Se podría usar este breve texto, como la mayoría, para ‘echar flores’ (algunas cayenas merecidas y otras lluvia de oro no tanto) a los maravillosos anuncios y al “buen balance de gestión de los primeros 100 días” de la Alcaldía de Alejandro Char en Barranquilla, pero sería necesario mucho espacio que ya sobra en otros lares.
Nadie puede negar que en materia de titulares la mayoría suenan bien: canalización de los arroyos de la Carrera 21, Felicidad, de las calles 76 y 75, Carrera 65, Hospital, calles 91 y 92, y de la 58; construcción de ocho centros de atención en salud; $235 mil millones para escenarios deportivos; dos malecones más sobre la margen del río Magdalena; 120 parques remodelados; entre otros.
Ya hay muchos encargándose de la difusión de esas iniciativas y otros, pocos, de la evaluación real de las mismas. Esta preocupación es más puntual, esa que muchos llaman «romántica» y «nostálgica» para desvalorarla. Ya que después de varios años que la Alcaldía de Barranquilla viniera anunciando, con gran entusiasmo y millonarias campañas, el traslado de su sede principal del Paseo Bolívar al sector de La Loma, hace unas horas el alcalde oficializó la decisión con el inicio de las obras.
“La nueva sede es un moderno edificio de 9 pisos y 47.000 metros cuadrados de construcción, 10 veces más que la actual sede del Paseo Bolívar”, trinó la cuenta oficial de Twitter de la Alcaldía.
¿Y qué será del Centro?, ¿Qué será de las edificaciones representativas que agonizan forradas en ‘chazas’ malcaradas?, ¿Qué será de los mil veces cacareados anuncios de reubicación de vendedores?, ¿Qué será de lo poco que queda allí de nuestra historia y referentes culturales sin el ‘ancla’ que, por lo menos en teoría, representa la Alcaldía?, se preguntan algunos que a los lejos escucharon el potente canto del virtual pájaro, en medio de los aplausos unánimes de la barra de concejales.
Capítulo aparte para aquellos “visionarios” que han visto en La Loma un polo de desarrollo económico y turístico, incluso sin tener muy en cuenta las recomendaciones de ambientalistas sobre el impacto que generará. Y felicitaciones para aquellos a quienes el negocio beneficiará si se concretan todas las obras proyectadas, desde la comunidad, la promotora, los comerciantes e inmobiliarias hasta el selecto grupo de contratistas. La dinámica natural de la relación de las ciudades con sus individuos es repensarse en armonía con sus espacios. Pero la preocupación por el Centro crece.
Más allá de los logros evidentes en algunas áreas, la era Char (incluidos los cuatro años de Elsa Noguera) sigue rajada en seguridad y movilidad. Y, además, ha demostrado una falta de políticas serias, constantes y eficaces en recuperación del espacio público y revitalización real del Centro Histórico. Para la muestra el evidente deterioro del Paseo Bolívar (en las narices de los funcionarios), el mal estado que ya presentan los jardines y mobiliarios de la Plaza de San Nicolás, las calles inundadas de vendedores y el deprimente estado de los mercados públicos, entre muchos otros.
Así que, si es triste la realidad del Centro con los altos funcionarios circulando a diario por ahí, no es nada alentador el futuro cuando solo lo vean ‘de costado’, al bajar de sus hogares por Olaya Herrera o la Vía 40.
“Se peatonalizarán 600 metros de vías del Centro de Barranquilla, se reubicarán 58 vendedores y se habilitarán 24 baños para esta zona”, anunció hace unos días la Alcaldía. La experiencia reciente indica que de nada han servido inversiones cuantiosas en puntos específicos sin una política integral de recuperación del espacio y otra social para los comerciantes. Tomitas de toronjil para un sistema nervioso central que sufre de deterioro crónico.
El Centro, a pesar de las obras en el denominado circuito de plazas y las intermitentes intervenciones del espacio público, cada día se convierte más en el ‘jardín marchito’ y moribundo de la ciudad, un jardín que en los últimos cuatro años poco floreció y que, con el nuevo traslado de la Alcaldía parece tener pocas esperanzas de ser un “espacio de vida”. Lo dijo Vallejo: las casas se nutren de los hombres que las habitan.













