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Quique Scopell había prometido festejar sus 100 años en La Cueva

“Si aquí era donde festejábamos lo más importante que nos ocurría en la vida, pues aquí será mi centenario”, le dijo esa vez a Juancho Jinete. El corazón no le resistió tanto. 

Por Rafael Sarmiento Coley, Director

Fue la última vez que los cuatro se pegaron, juntos, una pea como las de hacía 50 años no repetían: hasta las siete de la mañana, luego de haberla iniciado el día anterior, a las seis de la tarde, en La Cueva.

Quique Quique German Juancho Jinete

Scopell (izquierda) al lado de un retablo donde aparece con Germán Vargas.

Fue con ocasión de un homenaje, de esas tantas vainas que se inventa Heriberto Fiorillo, que le hizo La Cueva a Rafael Escalona Martínez. Lo primero que le exigió a Fiori es que asistieran todos los del viejo Grupo de Barranquilla. Bueno,  los que aún vivieran. De lo contrario, no vendría de Bogotá a dicho homenaje. Haciendo de tripas corazón Fiori, saltando motungos, se trajo a Quique Scopell desde Los Ángeles, a un cubano primo de Quique que vino de La Habana, y aquí en Barranquilla Juancho Jinete Avendaño y Estelio Racedo ayudaron a conseguir a los restantes que se encontraban por estos lares, que de verdad eran muy poquitos.

Una computadora musical humana

Segunda condición que puso el maestro para venir a su homenaje (porque era exigente como el que más), un buen conjunto de guitarras con un cantante que se supiera de memoria todas sus canciones, y que, además, el moderador de la charla-conferencia-musical fuera “mi tocayo Rafa Sarmiento Coley”. Así fue. Fiori, más recursivo que paisa vendiendo ropa usada, se fue a la 72 y contrató al mejor trío serenatero que subsiste en Barranquilla, el del Burri, “que es un trío de cinco” porque le mete dos guitarras punteras, bajo, caja y guacharaca. ¿Y el cantante que se sepa de memoria todas las canciones de Escalona? A alguien se le prendió el bombillo: “hombre, al cantante de cabecera de las parrandas de Eugenio Díaz Peris, el Tobi Tovar”. ¡Ese era el hombre!

Tobi Tovar es asombroso. Se sabe de memoria más de mil canciones de numerosos géneros musicales. Boleros, baladas, rancheras, porros, cumbia, chandés, raspacanillas, y, por supuesto, vallenato y música sabanera.

El evento comenzó a la hora en punto. Y todo avanzaba según lo convenido, hasta cuando Quique Scopell, aquel hombre acuerpado y bonachón que murió este jueves en Los Ángeles, California, a los 91 años de edad, se dio cuenta que a la mesa del homenajeado no llegaba whisky. Se paró y él mismo le llevó una copa de esas de cuatro dedos, llena hasta el tope. Escalona lo regañó. “Y qué, a mi tocayo no le vas a servir?” No. No podía porque era de mala presentación que el moderador se emborrachara ahí delante del público. Entonces Escalona le dijo a Quique que no trajera más pero que cuando viera la copa seca, que la llenara enseguida. Lo que hacia el  bandido era que se tomaba la mitad de la copa y la otra mitad se la pasaba al moderador y lo obligaba a tomársela.

El hombre que tomaba formal

No se sabe a qué horas terminó el homenaje. Lo cierto es que Escalona y Quique, que no se veían hacía años, decidieron que “esta parranda hay que seguirla, esto no puede quedar así…cuándo volveremos a juntarnos otra vez, si ya estamos con el golero en el hombro”, dijo Quique, quien de inmediato salió de primero, detrás siguieron Escalona, Racedo, Juancho Jinete y el moderador.

“Oye, Escalona, tu parece que no tomaras whisky sino formol, porque estás con la tez estiradita”, empezó Quique con su mamadera de gallo. “Lo que pasa es que yo no me hago cirugía plástica, como tú”, ripostó Escalona. “Oigan muchachos, les prometo que cuando vaya a cumplir mis cien mayos (Enrique Scopell nació en Barranquilla el 14 de mayo de 1923), los vengo a celebrar con ustedes aquí.Y en La Cueva. Eso sí, le decimos a Fiorillo que ese día cierre todas las puertas para que no entremos sino nosotros”.

¡Qué vainas! El corazón de Quique no alcanzó a llegar a los 100 mayos. Ya los otros compañeros de aquella noche memorable, Racedo, Juancho Jinete y Escalona, se le habían adelantado. Y hoy el moderador de aquella noche trata de recordar algunas de las tantas historias que contaron aquellas almas inmortales. Quique reconoció, ya embriagado, que había sido fotógrafo por accidente. Por haber nacido en una empresa fotográfica que fundó en Barranquilla su difunto padre don Jimmy Scopell, un cubano célebre por haber sido el reportero estrella de la revista Bohemia. Don Jimmy se vino de La Habana con su esposa Gabriela (´doña Gabe´) González de Scopell. Tuvieron un único hijo, Enrique Scopell González. Aquí don Jimmy fundó Foto Scopell y desde aquí despachaba fotos para las mejores publicaciones del país y el exterior. Una noche de los años 60, mientras tomaba las fotos de la visita del entonces presidente de la República Carlos Lleras Restrepo, sufrió un infarto cardíaco que le redujo su capacidad de fotógrafo.

La familia Gómez y Foto Scopell

Convenció a Enrique para que estudiara fotografía. Después de terminar el bachillerato Quique se fue en 1949 a estudiar a los Estados Unidos. Regreso y se casó en 1956 con Yolanda Field, con quien “he sido muy feliz” contaba aquella noche. Tuvieron una sola hija, Vivian Scopell Field, quien se quedó a vivir en Estados Unidos, casada y con tres hijos. Aquella noche de farra después del homenaje a Escalona Quique recordó de cómo convenció a don Jimmy que la mejor forma de ser un buen fotógrafo era estudiar en una escuela sobre la materia en los Estados Unidos. Ya previamente tenía todo planeado con Álvaro Cepeda Samudio, su amigo desde el colegio, para viajar juntos, vivir en un mismo apartamento y alternar los estudios con el goce de la vida.

Mientras Quique estudiaba en Los Ángeles y Nueva York, don Jimmy tenía al frente de Foto Scopell a quien había sido su mejor alumno, Saúl Gómez, hijo de otro consagrado fotógrafo barranquillero, Benjamín Gómez. Era el mejor momento de Foto Scopell. Era la época de oro de la fotografía. Matrimonios, bautizos, primera comunión, mosaicos escolares, cumpleaños, fiestas especiales, carnavales. Todo el mundo se tomaba foto y aquellos retratos grandotes enmarcados en madera adornaban todas las salas y oficinas. No había casa que no tuviera en la mesita de la sala el álbum familiar con miles de fotos.

Y Foto Scopell se convirtió en el epicentro de aquel imperio. Por allí pasaron Enrique y Carlos Gómez (hermanos de Saúl), Rafael Arrieta (el famoso “Gallina Sucia”), Copete Acuña, Tito Vega, Samuel Páez Ariza, Ariel Pardo, Rafaelito Páez Amarís (era el mensajero), Amira López (hermana de Gladys, la esposa de Saúl Gómez)…Amira era una morena hermosa, de unos ojos grandotes. Había enloquecido al pintor Edgardo Riaño y después sirvió de modelo a pintores que alcanzarían notoriedad. Viajó a Estados Unidos, todavía llena de encantos, porque Amira encantaba hasta en el hablar, y allí se casó, por esas casualidades de la vida, con un periodista. «Fuimos muy felices, tuve un hijo con él, más los tres que ya tenía con Riaño. Allá me veía mucho con Samuel Páez y otros barranquilleros. Hace poco mi esposo murió y me vine a vivir del todo a mi tierra. Ya tenía aquí en Los Nogales mi aoartamentico, y aquí estoy».

Don Jimmy, en vista de que su hijo cuando venía de vacaciones se dedicaba más al negocio de la exportación de pieles (“porque me deja más ganancias que la foto”, le decía), decidió venderle Foto Scopell a Saúl Gómez, que se convirtió en agencia fotográfica. Colaboraba con El Heraldo, (donde también estaba como agencia Álvaro Ojeda con Manuelito Guerrero), El Nacional, Diario del Caribe y en ocasiones para El Tiempo, cuando Gustavo Vásquez y Juancho Rojas estaban muy atareados o Miguel Villarreal (“Molongo”) estaba por las sabanas de Sucre.

“Eso era un gentío que se metía en esa sede de Foto Scopell (calle 36 número 44-12), porque era el sitio de encuentro de todos los fotógrafos de la ciudad. Era un tertuliadero en donde se enteraba uno de todos los chismes y noticias ciertas de la ciudad”, recuerda Jairo “El Gancho” Buitrago, quien comenzó como ayudante de laboratorio con Amira López, y terminó de magnífico reportero gráfico de grata recordación en el desaparecido Diario del Caribe, en El Espectador y en El Heraldo. Ahí, en esa escuela de fotógrafos, conoció a la que hoy es su esposa y madre de sus hijos, Juanita Bula Ariza, hermana de madre de Samuel  Páez Ariza, quien hoy vive en Miami alejado de la fotografía, lo mismo que el corozalero Alfredo Robles, quien se dedicó a empresario de boxeo. ¡Qué vaina que la gente tenga que morirse sin cumplir sus promesas! Quique ya no podrá festejar sus 100 mayos en La Cueva en noche exclusiva a sus servicios y al de sus invitados especiales.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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