Por: Francisco Figueroa Turcios
En el fútbol, las primeras páginas de un campeonato casi nunca revelan el desenlace de la historia.
Hay equipos que comienzan como un vendaval y terminan desvaneciéndose en el camino. Otros, en cambio, tropiezan desde el primer paso y, cuando llega la hora de levantar el trofeo, son ellos quienes ocupan el lugar más alto del podio….Junior parece pertenecer a esa segunda estirpe.

El 18 de enero de 2026, en el estadio Metropolitano `Roberto Meléndez^, el conjunto rojiblanco cayó 2-0 frente al Deportes Tolima en la primera fecha de la Liga BetPlay I. Muchos interpretaron aquella derrota como una señal de alarma. Sin embargo, mientras crecían las dudas, Alfredo Arias mantuvo intacta su convicción. El entrenador uruguayo sabía que los campeonatos no se definen en enero, sino en junio.
Cinco meses después, el 8 de junio 2026, Junior levantó el trofeo de campeón. Aquella derrota inicial quedó reducida a una simple anécdota en el camino hacia la duodécima estrella, una demostración de que el verdadero carácter de un campeón se construye superando los tropiezos.
Junior volvió a escribir un capítulo parecido...

La noche del 25 de julio de 2026, otra vez el Deportes Tolima apareció como el primer rival del semestre. Esta vez en el estadio Manuel Murillo Toro, de Ibagué. El resultado volvió a ser adverso: 2-1. Con goles de Jorge C. Hurtado y Kelvin Flores, Deportes Tolima le ganó a Junior. Los dos goles logrados en el primer tiempo. Guillermo Paiva descontó en la etapa complementaria
Mientras algunos observan el resultado con preocupación, otros recuerdan lo ocurrido apenas seis meses atrás. Porque, curiosamente, la derrota inaugural terminó siendo el prólogo de una temporada inolvidable.
En el universo futbolero abundan las supersticiones y los amuletos. Junior parece haber encontrado el suyo en un lugar inesperado: perder el primer partido para terminar celebrando el último.
Quizás esa sea también parte de la filosofía de Alfredo Arias. No importa cómo empieza el viaje, sino cómo concluye. Lo verdaderamente importante no es la fotografía de la primera fecha, sino la imagen imborrable de la vuelta olímpica.

Si la historia decide repetirse, la derrota en Ibagué no será recordada como un fracaso, sino como el primer peldaño hacia otra conquista. Sería el anuncio de una campaña destinada a entrar en la memoria del club, con Junior persiguiendo un logro extraordinario: conquistar un tercer título consecutivo bajo la conducción serena, paciente y ganadora del técnico uruguayo Alfredo Arias.
Porque el fútbol tiene esas paradojas que desafían toda lógica. A veces, el camino hacia la gloria comienza exactamente donde nadie quisiera empezar: en una derrota.











