En 1988, Ninfa Barros quería disfrazarse y salir en el Carnaval de Barranquilla. Como no tenía dinero para el disfraz, pensó en lucir de India Catalina, pero su madre no la dejó y le dijo que “esas eran vainas de loca”. Y ahí comenzó todo.
Agarró un pantalón de hombre prestado, una camisa de la hermana, un vestido viejo de la mamá, un palo y una piedra que encontró por ahí.
La primera vez que salió, a la gente le daba miedo y le cerraban las puertas, pero poco a poco fue encontrando aceptación y después ganó una gran popularidad en la ciudad. Fue portada de periódicos, personaje de documentales y de entrevistas de televisión.
De 1986 a 2004 duró su trayectoria carnavalera. Dieciocho años siendo parte del Carnaval.
Hasta que un día, a su hijo le apareció un lunar en el cuerpo. Un médico le mandó a hacer una biopsia y en ese momento Ninfa miró al cielo, fue a la iglesia de San Nicolás de Tolentino y le imploró a Dios prometiendo que si salía negativo el examen, ella no volvía a disfrazarse de La Loca.
Dicho y hecho, la biopsia salió negativa, y La Loca tuvo que morir y ser olvidada para nunca más volver a ser protagonista del Carnaval de Barranquilla.











