El adiós a un gran fotógrafo. Las peripecias para hacer unas fotos que le darían la vuelta al mundo.
Por Camilo Monroy Romero, Chacharero
“De la cintura para abajo no, porque me fulmina el Arzobispo”, exclamó el sacerdote ese amanecer, nadando “como vino al mundo” en la laguna de Luruaco, municipio en el que se desempeñaba como párroco.

Nereo López, fallecido esta semana en Nueva York, vivió emocionantes aventuras en el Atlántico como fot´grafo independiente.
La expresión fue lanzada al fotógrafo Nereo López y al que esto escribe, quienes la noche anterior habíamos estado departiendo con el sacerdote Sigifredo Agudelo en la Casa Cural de Luruaco. Charla durante la cual no se habló una sola palabra de la costumbre de este afable sacerdote, de bañarse desnudo bien temprano en la famosa laguna de ese Municipio atlanticense. (Aunque por el “correo de las brujas”, teníamos pleno conocimiento del suceso y así ocurrió, con éxito rotundo para la crónica en cuya búsqueda habíamos ido hasta ese lugar).
Las fotos ‘tapando’ aquí y allá
Por intermedio de Álvaro de la Roche, un periodista barranquillero radicado en el Brasil, habíamos ofrecido la crónica anteriormente citada, al semanario “O Cruzeiro” de donde nos llegó un pedido de envío inmediato. El relato lo titulamos “El alegre Cura del campo”, con descripción pormenorizada de las andanzas del sacerdote y con toda una serie de estupendas fotos de Nereo López: el cura siempre “evitando” esta pose o la otra, dejando a la imaginación lo que medio “tapaban” sus manos o una precaria toalla que a veces se le rodaba por el cuerpo.
No hablemos más: Calcúlese que el tiraje semanal de la revista brasileña era de 80 mil ejemplares y el propio jefe de redacción, Constantino Paléologo, nos llamó para decirnos que el “tiraje con el cura pasó de los 100 mil”.
Nereo y el suscrito, derivamos de ahí una estrecha relación con la famosa publicación brasileña.
El ‘cura rojo’
El padre Agudelo, un paisa que sin duda debía meterse sus buenos aguardienticos después de la primera misa, se hizo famoso en todo el cono sur del Atlántico, especialmente en Manatí, Repelón, Santa Lucía, Candelaria, Campo de la Cruz y Luruaco. Como a sus misas acudían los campesinos de camisas rotas y botas despedazadas, al lado de sus mujeres humildes vestidas con trajes de flores pasados de moda, el sacerdote se dedicaba a escuchar sus penas y sufrimientos por el abandono del Gobierno Central a sus problemas por la falta de mantenimiento de los distritos de riego y de los acueductos de la región.
De esa manera nació una identidad entre el cura y su feligresía desesperanzada. Entonces él cuando llegaba el Gobernador o los políticos a echar sus discursos, pedía un ‘baratico’ para decir unas cuantas cosas. Y soltaba su andanada de improperios contra “políticos corruptos e ineptos, tanto del Gobierno Nacional como los locales, que no hacen nada por estos pobres campesinos que se mueren de hambre y sus hijos mueren de parasitosis por las aguas sucias que tienen que beberse porque no hay acueducto. ¡Claro, si es que la plata se la roban esos bandidos politiqueros!”.
Como era de esperarse, los políticos de influencia nacional y regional lo tildaron de «cura rojo, comunista, incendiario”. Declararon que era un peligro para el Atlántico y públicamente pidieron a la curia de Barranquilla que lo mandara para alguna población en las profundidades de la selva amazónica para terminar de catequizar a los indígenas.
De manera sabia la curia atendió el reclamo de los políticos. Utilizó a otro sacerdote de esos remolones simpatizantes del laureanismo, que en una docena de sermones le dijo al cura Agudelo hasta rabo de mico. Pero Sigifredo Agudelo se mantuvo en su territorio, y luego fue de enorme utilidad para el Estado, cuando las revueltas campesinas ya no eran cositas del cura loco de Luruaco, sino un movimiento huelguístico sólido nacional. Agudelo se coló en una comisión que medió ante el campesinado para que las cosas no tomaran un rumbo más peligroso. De esa manera el cura Agudelo supo, con inteligencia y maestría, apagar la candela que lanzaban contra él. Terminó felizmente en una iglesia de Barranquilla.
‘Noticia Gráfica’
A raíz de la crónica del sacerdote, tuvo nacimiento una empresa de hecho: “Noticia Gráfica”, con los socios Nereo López y el suscrito, la cual nos sirvió para contactar importantes publicaciones mundiales, entre otras “París Match”, a la que nos correspondió “cubrirle” varios sucesos, entre otros el trágico incendio del “Almacén Vida” del centro de Bogotá (16/12/1.958), con 80 muertos. Las citadas son apenas una mínima expresión de la multitud de hazañas del eterno artista gráfico y gran compañero de trabajo, Nereo López. Paz en su tumba.











