A pesar de la nula o poca colaboración de la Delegación de la Registraduría en el Atlántico, los medios han podido obtener información oportuna. Delegados departamentales prohibieron suministrar información.
Por Rafael Sarmiento Coley
Para este debate electoral de 2018 en el Atlántico la Delegación Departamental estuvo manga por hombro por el poco tiempo que los dos delegados, William Malpica y Óscar Fredy Paz, pudieron trabajar juntos para organizar el debate con eficiencia y prestando un mejor servicio a los candidatos, al periodismo, a la democracia.
En ello tuvo algo de culpa la Registraduría Nacional del Estado Civil, por cuanto en los últimos meses puso a rodar por las distintas delegaciones costeñas a Óscar Fredy Paz, dejando a su coequipero William Malpica con los calzones a bajo, pues se le recargaban las tareas habituales, por lo cual el pobre hombre vivía con un genio de los mil demonios, se encerró en una especie de urna de cristal, no quería hablar con la prensa y, para colmo de todos los males, prohibió a todos sus subalternos conceder informaciones a la prensa. Tomarse un tinto con el señor Malpica era como ser invitado a la última cena.
La Delegación del Atlántico y las distintas registradurías especiales distritales y municipales, que siempre fueron oficinas de puertas abiertas de par en par tanto para el público como para los reporteros, se convirtieron en un bunker peor que el de la Fiscalía.
El exceso de trabajo convirtió a Malpica en un funcionario antipático, desatento y poco amable para el público. Claro, con tantas funciones bajo su responsabilidad, de vainas el pobre hombre no terminó en un centro de reposo como el Cari.
Este lunes se confirmó el traslado de Óscar Fredy Paz a la delegación del Magdalena y de allá enviaron a Jorge Eider Molina a apoyar a Malpica, antes de que el pobre hombre termine en un manicomio.
Pero ya el daño está hecho. A estas alturas del partido la prensa no tuvo a tiempo la información básica como el movimiento de la inscripción de cédula en municipios y corregimientos del Atlántico, ni en los puestos de zonificación del Distrito de Barranquilla. Esta información es de vital importancia para cotejarla con el censo electoral, para establecer si hubo o no trasteo o trashumancia.
Es lo que se ha llevado a cabo en debates anteriores, cuando la Organización Nacional Electoral prestó mayor atención a las provincias. En esta ocasión todo se concentró en Bogotá, como si la periferia fuera hija de menor madre.
Y las pocas veces que funcionarios del nivel central vinieron a esta seccional no entregaban ninguna información a la prensa. Lo que incrementaba el ego de Malpica, a quien el despotismo le fue subiendo piernas arriba.
Atlántico en cifras
Para el debate de este 11 de marzo para la elección de Senadores y Representantes a la Cámara en todo el territorio atlanticense funcionarán 5.324 mesas de votación en 270 puestos.
El potencial electoral en el Atlántico es uno de los más altos de la Costa Caribe Colombiana con un millón 864.483 ciudadanos aptos para votar. De ellos 972.273 son mujeres y 892.210 son hombres.
Atlántico tiene derecho a 7 curules de Cámara por circunscripción general, más las de minorías étnicas y sociales. En total 10 agrupaciones políticas participan en la contienda política en el Atlántico.
Las 7 curules de Cámara en Atlántico se las disputan un total de 64 candidatos, 36 hombres y 28 mujeres.
Como siempre ha ocurrido, debido a la intensa actividad de los políticos atlanticenses que recorren la Seca y la Meca en toda la geografía nacional pescando voticos hasta en las selvas del Amazonas (se asegura que un candidato al que de manera cariñosa denominan el ‘Gato volador’, se trae dos mil voticos de la tribu wainana de Leticia selva adentro en la frontera brasilera), Atlántico es el departamento costeño con mayor número de curules de Senado.
Se robaron la ‘tertulia’ de Benedetti
Por ello no es de extrañar que, como siempre, Atlántico logre acumular hasta 11 curules, incluida la de Armandito Benedetti que casi no se ve, peor aún ahora que se llevaron sus planillas de votos que él guardaba como su mayor tesoro en la casa en donde su querido padre realiza unas amenas tertulias en donde existe como regla que el único que habla es él. Y punto. Hay una versión, no confirmada por el profundo investigador y fogoso narrador Armando Benedetti padre, en el sentido de que los ladrones también habrían entrado por los valiosísimos borradores de la primera novela en la cual la realidad supera la ficción.
Palabras más palabras menos, es una novela histórica, que son las que suele leer Armando viejo. El personaje central sería un expresidente de una potencia extranjera que, ya muy viejo, por encima del mal y del bien, decide contarle a un amigo entrañable barranquillero (un narrador invisible, que a veces se hace presente y en otras se ausenta como un fantasma para aparecer más adelante como cualquier cicuta repartiendo mandobles a diestra y siniestra contra personajes de la parroquia), todas las intimidades de los pocos deleites que un presidente poderoso puede disfrutar en un cargo que lo atenaza, lo esclaviza y para terminar de fregar, lo somete a él y a toda su parentela, en primer orden a su amada esposa, al escarnio público. Por eso se cree que se trata de unos rateros intelectuales que han querido leer la obra de Armando mucho antes de que la principal editorial mundial la meta a imprenta y la distribuya en cuestión de segundos por el espacio sideral, vía redes sociales.











